Funcionarios en los juzgados de Fontiñas, en Santiago de Compostela
Funcionarios en los juzgados de Fontiñas, en Santiago de Compostela - MIGUEL MUÑIZ
CONFLICTO EN LA JUSTICIA

«Nos tememos la ‘vuelta al cole’»

En los juzgados de Fontiñas, en Santiago, no se mueve un papel. Solo hay indignación entre los huelguistas y desesperación entre los ciudadanos

SantiagoActualizado:

«Mira para arriba, ¿ves que se esté celebrando algún juicio?». La pregunta de una funcionaria de los juzgados de Fontiñas, en Compostela, lleva aparejada su propia respuesta. En la parte superior del edificio, las salas donde se celebran las vistas tienen todas las luces apagadas, a excepción de una: es el único síntoma de normalidad en un edificio empapelado por los pasquines y las consignas furiosas de los huelguistas: «Contra la prepotencia, ¡resistencia!», «Rueda, cobarde, la Justicia está que arde», y demás apelaciones a seguir azuzando las pasiones del conflicto.

En los vestíbulos solo se escucha el bisbiseo de un grupo de trabajadores convocados a servicios mínimos. Se les distingue por la indumentaria oficial de la protesta—la camiseta azul salpicada con las palabras «Dignidad» y «Justicia»— y por la sensación de haber entrado en un agobiante vacío. «Es un día y otro día que no te llaman para negociar, y cuando te llaman es para una subida de 30 euros. Para mí eso es tratarte como un mendigo», relata una de las administrativas, que prefiere no revelar su nombre. Otro funcionario confiesa que con una subida salarial de 140 euros ya se daba por satisfecho. Los servicios mínimos, dicen, se están cumpliendo a rajatabla.

Ayer fue un buen día para notificar la muerte de un familiar. Los trabajadores del registro civil estaban todos operativos. Mañana quién sabe. En la cola de defunciones, Amalia Varela, saca un expediente recién tramitado para demostrar que las inscripciones de los fallecimientos «están al día», gracias a que ella los recupera cuando regresa de los días de paro. «Si por algún motivo hay algún certificado urgente, y se acredita la urgencia, ése se da sin ningún problema. Ningún ciudadano va a perder ninguna ayuda por eso», afirma. Al final de la conversación, su preocupación desborda: «Lo que intentan es agobiarnos».

Pero el agobio de quienes manejan los papeles es directamente proporcional al de quienes esperan por los suyos. Allí, Francisco Javier Fernández, gerente de Pompas Fúnebres Noia, denuncia que la huelga disturbia a las familias que «quieren hacer sus pensiones o firmar las últimas voluntades». «Entiendo a todos, pero no podemos pagarlo nosotros. Llevamos mes y medio así y la cosa es de pena».

También espera Cristina. Se acaba de casar pero a nadie le consta. Su expediente matrimonial corre a cargo de un funcionario cuya asistencia a Fontiñas es un intermitente. «Hoy está, dijo que trabajaba, pero que no sabía cuándo iba a volver. Así que llamé a mi pareja que tuvo que venir a propósito desde Arteixo».

Los clientes de María Jesús Fernández, abogada, también reconocen no entender nada. Y a los letrados les angustia saber que lo peor de cada exceso viene, como siempre, cuando atiza la resaca: «Si los expedientes están parados se van a juntar plazos. Nos tememos la ‘vuelta al cole’»