Fabrizio Joao, en uno de sus traslados - ABC
GALICIA

El preso más peligroso de España anuncia que ya no acata la autoridad de los funcionarios

Fabrizio João Silva presentó una instancia a la dirección del centro en la que se declaraba en una suerte de rebeldía contra los trabajadores de la prisión pontevedresa

SantiagoActualizado:

Apenas dos meses después de su traslado a la cárcel pontevedresa de A Lama, el Hannibal Lecter de los presos españoles se ha declarado en una suerte de rebeldía por la que deja de obedecer las órdenes de la prisión. En una instancia dirigida a la dirección del penal, Fabrizio João Silva ha comunicado que ya no reconoce la autoridad por parte de la plantilla de funcionarios del centro alegando que «ya está cansado». Según fuentes penitenciarias confirmaron a ABC, el comunicado por parte del reo más peligroso de España no ha tenido, por el momento, consecuencias prácticas en cuanto al funcionamiento interno. Es decir, se mantienen las medidas de seguridad que controlaban los impulsos violentos del preso y que limitan su vida entre rejas a una celda en la que no tiene contacto físico ni con los funcionarios ni con ningún otro recluso.

Estas extremas medidas de seguridad se mantienen desde que estando ingresado en un penal gaditano el guineano, que cumple condena por haber asesinado a su novia y a un compañero de celda, agredió a ocho funcionarios y mandó a dos de ellos heridos de gravedad al hospital. Su agresividad y la brutalidad con la que actúa llevó a las direcciones de las cárceles en la que ha estado desde entonces a diseñar un cuidado plan de control en el que no se admiten despistes por parte de los trabajadores, los más expuestos a sus arrebatos. Así por ejemplo, la puerta de su celda se abre de forma automática, nunca se cruza con ninguna persona y la comida se le pasa a través de una puerta metálica. «Desde que llegó aquí tras al altercado en Cádiz no ha habido ningún problema, pero porque las medidas de seguridad son extremas, no porque él no los haya buscado», afirmó una fuente acerca del día a día con un condenado por asesinato que «hace la vida normal de otro reo, solo que siempre solo».

Sin nuevas instrucciones

Sin embargo, y pese a la estrictas medidas de control, los funcionarios de A Lama se enfrentan ahora a una situación desconocida que deben manejar con una plantilla mermada y envejecida. Según critican, la capacidad de este penal es de 1.008 reos, pero acoge a 1.782. A ellos se enfrentan «solo con un bolígrafo» y «sin apenas instrucciones de cómo gestionar una situación de peligro», lo que genera situaciones de riesgo que llegan a ser diarias. Por el momento, y ante esta notificación por parte de Fabrizio, «no se han dado nuevas instrucciones a seguir, por lo que suponemos que pensarán que con los medios y los protocolos que tenemos es suficiente», asumen las fuentes consultadas.