Imagen de Samuel tras alistarse en el bando kurdo
Imagen de Samuel tras alistarse en el bando kurdo - ABC

Incógnitas sobre la muerte del primer español caído con las milicias kurdas

Samuel Prada falleció el pasado febrero. Su familia espera que su cuerpo sea repatriado, pero dos compañeros aseguran que han visto una tumba con su nombre

Santiago/BeirutActualizado:

El pasado 1o de febrero Samuel Prada, un joven orensano de 25 años, perdió la vida en el campo de batalla. Luchaba en el bando kurdo y en contra de los yihadistas que se atrincheran en la frontera siria desde el pasado verano, cuando decidió que tenía que viajar al Kurdistán para ayudar a los niños que están sufriendo la guerra y los continuos bombardeos. Convertido en miliciano pese a carecer de formación militar, el orensano pronto se hizo un hueco en los campamentos móviles desde los que el frente kurdo lucha. Tanto, que le dieron un nombre de guerra muy acorde con su origen: «Baran Galicia», o lo que es lo mismo, «Lluvia Galicia».

Samuel cayó en pleno combate junto a otros dos compañeros (uno holandés y uno francés) que, como él, se habían enrolado en una guerra que no es la suya. Tres semanas después de la tragedia, que activó el contador de los milicianos españoles fallecidos mientras luchaban con los kurdos, los únicos españoles que quedan en el enclave kurdosirio de Afrín preparan sus bártulos para marcharse de Siria con incógnitas aún sobre lo ocurrido a su amigo.

«La última vez que vimos a Baran (apodo de Samuel) fue el día que falleció, se marchó a la 1 de la madrugada con un comandante que necesitaba a gente y se separó de nosotros», recuerda Sidar en declaraciones a EFE, un hispanoalemán que hace ocho meses se unió a las milicias kurdas para luchar contra el grupo Estado Islámico (EI) en Siria e Irak. Tanto Sidar, que ha vivido ocho años en las islas Canarias, como Baran se disponían a regresar a casa tras participar en la derrota de los yihadistas en su feudo principal en Siria, Al Raqa, cuando Turquía inició en enero una ofensiva contra las milicias kurdas en Afrín, en el noroeste del país árabe.

En aquel momento, decidieron cambiar de rumbo y unirse a las brigadas de internacionales que colaboran con los guerrilleros kurdos en Afrín. Estuvieron juntos en todo momento hasta aquella fatídica noche en que los dividieron, cuando se encontraban en el frente de Yindiris, en el suroeste de Afrín. «Hemos preguntado a gente y cada cual cuenta una historia diferente, algunos refieren que su cuerpo todavía está en Yindiris y que no ha podido ser recuperado por los choques, mientras que otros dicen que está en el cementerio», indicó a Efe por teléfono este joven de veintiún años.

Sidar y el otro combatiente español que sigue en Afrín, Kemal, (ambos responden a apodos por motivos de seguridad) aseguran que han visto una tumba con el nombre de Baran en el cementerio. «Pero claro, el cadáver no lo hemos llegado a ver», puntualiza Kemal, de unos 40 años, que destaca que se enteraron del fallecimiento del gallego días después.

«Nos llegaron rumores, esto es una guerra y todo es un poco caótico», matiza Kemal, que precisa que, tras su separación en Yindiris, Baran fue enviado a unas colinas del área. Kemal, antiguo cocinero de profesión, y Sidar han preguntado en el hospital militar de Afrín para ver si hay algún registro o fechas, pero reconocen que les está resultando complicado obtener más información. «Cuando un internacional fallece, a menos que dé instrucciones de lo contrario, lo normal es que lo repatríen, pero ahora hay una situación de emergencia en Afrín y es complicado», reflexiona Kamal.

Según la información proporcionada por la milicia kurdosiria, Unidades de Protección del Pueblo (YG), Samuel Prada León, alias Baran, perdió la vida cuando luchaba «en primera línea de la histórica resistencia en contra de los ataques fascistas del Ejército turco invasor y las bandas aliadas en el cantón de Afrín». En su día, una fuente kurda de las YPG y amigo de Baran, que pidió el anonimato, reveló que el español murió por un disparo durante los enfrentamientos con las fuerzas turcas que habían atacado el pueblo de Haj Eskandar.

«La peor experiencia de mi vida»

Tras el fallecimiento de su amigo, Sidar resultó herido en el frente de batalla, lo que ha desencadenado la decisión de marcharse. «Es la peor experiencia que he vivido, un dron nos descubrió y vi que el hombre que lanzaba los cohetes sabía perfectamente donde estaba y me cayó un proyectil de mortero», rememora este joven, que sufrió heridas por la metralla en el glúteo.

Después de recibir tratamiento en Afrín, Sidar se va a trasladar a Alemania para completarlo ya que una de las heridas es profunda. Su compañero, Kemal, también ha optado por marcharse cuando está a punto de cumplir un año luchando junto a las milicias kurdas en el norte de Alepo, Al Raqa y Deir al Zur. Él ha tenido la suerte de no resultar herido en ninguna ocasión, aunque reconoce que tiene problemas de espalda. «Cuando hay bombardeos y no tienes donde refugiarte, hay que tumbarse en el suelo en posición fetal. Yo he estado días así y he acabado con dolores de espalda».

En cuanto al futuro, ambos todavía no saben qué harán cuando regresen a Alemania y España, respectivamente. «Tengo familia, los echo de menos y simplemente quiero verlos», resume Kemal.