Juan Soto - El Garabato del torreón

Gondomar, al compás de Germán Lago

Lo que sitúa al maestro Lago entre las figuras de la música española de la primera mitad de siglo XX es la creación de la Orquesta Ibérica

Juan Soto
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Que don Abel Caballero me corrija, pero me parece que en Vigo no hay una calle dedicada a Germán Lago. Y quien dice calle, dice centro cultural o escuela de música. Si así fuere, a ver si el señor alcalde enmienda la omisión y hace justicia a uno de los gallegos más merecedores de homenaje epigráfico.

Germán Lago, vigués de 1883, nos dejó hace ahora medio siglo. Aunque su nombre quedó ligado a la modernización y dignificación de los instrumentos de pulso y púa, fue también violinista más que notable, con plaza ganada como profesor de ese instrumento en el conservatorio de Madrid (director, el ourensano Fernández Bordas, otro nombre que también pide rescate). Pero lo que sitúa al maestro Lago entre las figuras de la música española de la primera mitad de siglo XX es la creación, en los años aurorales de la República, de la Orquesta Ibérica, primera (y tal vez única, al menos por ahora) agrupación de pulso y púa que abordó, con auténtica profesionalidad y con alta calidad interpretativa, el repertorio hasta entonces reservado a las orquestas sinfónicas.

Para su Orquesta, Lago transcribió y adaptó muchas de las grandes obras hasta entonces reservadas, con cierta exclusividad elitista, a los catálogos de la «música culta», un campo que, para el autor gallego, se extendía desde los clásicos universales a los neoclasicistas españoles del 27, tal como recientemente recordaba el también gallego, de Tui, Samuel Diz, un nombre mayúsculo de la guitarrística española actual. La Ibérica representa un paso gigantesco: el que va de la rondalla al sinfonismo, desde «La tuna pasa» (dicho sea con el mayor respeto para Luis Araque) a Schubert, Mozart o Ernesto Halffter, por citar tres compositores presentes en la escasa (aunque no tanto) discografía de la Orquesta.

La enorme dimensión del Lago arreglista y transcriptor tal vez empequeñezca la talla del Lago compositor. Pero no es insignificante, ni mucho menos. Su pasodoble «Gondomar· todavía se escucha con gusto. Lo estrenó la banda sinfónica de Madrid en 1936. Para la ocasión, el maestro Martín Domingo cedió la batura al maestro Lago. Los aplausos del público obligaron a bisar la pieza.

Desde hace un par de meses, el archivo de Germán Lago está depositado en la Cidade da Cultura. Ojalá que la incuria y la polilla no acaben con él.

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