Núñez Feijóo, ayer, en su escaño, antes de iniciar su intervención
Núñez Feijóo, ayer, en su escaño, antes de iniciar su intervención - MIGUEL MUÑIZ
Debate del estado de la autonomía

Feijóo llama al diálogo con Cataluña sin sumisión a los independentistas

Respalda aplicar «todas las medidas necesarias» frente al secesionismo pero apela también a la política. Tiende la mano de Galicia para que los catalanes «encuentren acomodo en España» pero exige volver a la ley

SantiagoActualizado:

Cataluña al principio, Cataluña al final, y sobre el resto de su discurso, la larga sombra de Cataluña. Alberto Núñez Feijóo aprovechó su intervención en el debate sobre el estado de la autonomía para fijar la posición de Galicia, desde su condición de nacionalidad histórica, dentro del desafío al Estado planteado por el independentismo catalán. Lo hizo preocupado por la ruptura de la convivencia en esa comunidad, pero también por las consecuencias que tendría para el conjunto de España: «Me duele Cataluña».

En sus palabras hubo palo, seco y contundente, contra los instigadores de la sedición, secundando «cada una de las palabras del Rey»; pero también zanahoria, una puerta abierta al diálogo, pero sin que este sea entendido como la sumisión a las demandas soberanistas y, por supuesto, siempre que se retorne previamente al marco constitucional. Mano tendida para «facilitar que el conjunto de los catalanes se sientan cómodos en España» pero exigiendo como condición previa «su retorno a la cordura y la legalidad». Fue el suyo un discurso para Galicia, pero con una buscada repercusión estatal.

No se anduvo con rodeos. «De consumarse una ruptura mediante procedimientos antidemocráticos y golpistas, el Estado quedaría dañado, la estabilidad alterada, la convivencia viciada, la economía afectada» y Galicia «no estaría al margen de la consecuencias».

Por eso, y sin referirse directamente al artículo 155 de la Constitución, defendió «todas las medidas que sean necesarias para garantizar» que la independencia de Cataluña no se produce. «El Estado de las Autonomías también es nuestro», protestó, y más adelante reiteró que, si se desea un referéndum, que sea uno «en el que votemos todos».

Justicia y política

La solución a corto plazo, advirtió, es conjugar justicia y política. «Respeto el trabajo judicial para castigar los delitos evidentes que se están cometiendo bajo la excusa del independentismo», afirmó, pero también incidió en el «necesario y urgente» trabajo de la política, sin que eso signifique «decir amén a todas las reclamaciones soberanistas». «No hay equidistancia posible entre defender el Estado de Derecho e incumplir la ley», añadió.

En ese papel de la política, no obstante, Feijóo dibujó algunas líneas rojas. «Ni acepto que se aproveche la crisis generada por los independentistas como pretexto para desmantelar la descentralización del Estado» ni «tampoco que se deje caer la idea de entregarnos a los postulados soberanistas». ¿Dialogar en qué? «Lo que se está proponiendo es ceder algo a los que incumplen las normas y señalan a todo aquel que no piensa como ellos», sin saber «hasta dónde se podría llegar ni cuánto costaría». «Ya les digo que a espaldas de Galicia no se hará», lanzó como advertencia.

Para el presidente de la Xunta, la gravedad añadida de la situación actual deriva de «algo tan lamentable como que los golpistas sean políticos», al tiempo que reprochó al resto de partidos su ambigüedad para afrontar el desafío secesionista. «Defender la convivencia es imprescindible», dijo, asegurando sentir «vergüenza» ante el cuestionamiento de las decisiones judiciales, el señalamiento «de alcaldes, concejales y diputados por su ideología», las intimidaciones a periodistas, «que se predique el supremacismo de la mitad de un pueblo sobre la otra» o los ataques a Policía y Guardia Civil.

«Esto, o se avala o se condena», y esa disyuntiva se la planteará a la oposición a través de las propuestas de resolución de este debate de la autonomía. El desencuentro con nacionalismo y populismo está servido. La duda será la posición socialista.

Reforma electoral

A juicio de Núñez Feijóo, otra de las claves del avispero catalán es la condición de «marioneta» del Govern «en manos de partidos abiertamente radicales y antisistema que decidieron el quién, el cómo y el cuándo de todo lo que acontece». Es una «tiranía de las minorías» que explica «muchos de los problemas de desgobierno que vivimos en el conjunto de España», derivados «del abuso que ejercen algunas fuerzas políticas que no son capaces de ganar en las elecciones legales y democráticas». De nuevo, volvió a plantear la necesidad de una reforma electoral «para blindar a las administraciones frente al chantaje de aquellos partidos que no aceptan el papel que les otorga la democracia», y lo hizo «desde la legitimidad que me da ser el único presidente autonómico» con mayoría absoluta.

Negocio nacionalista

En su turno de réplica por la tarde endureció —si es que eso era posible— el fondo y la forma de su estocada al proceso soberanista catalán, calificándolo de maniobra de «vips independentistas» que «no quieren una nación, sino mantener el negocio, seguir mandando en Cataluña como cortijo de los independentistas, y la independencia es una coartada para seguir en el poder». Feijóo se fue encendiendo a medida que hablaba y lanzó otra pulla a Carles Puigdemont por ausentar a Cataluña de las negociaciones con el Estado en materias como la financiación autonómica «porque se creen superiores y nos consideran de segunda».

En respuesta al socialista Xoaquín Fernández Leiceaga, descartó de plano abordar en este momento una reforma del Estatuto mientras no se recomponga la unidad constitucional de los partidos, reproche evidente al papel del PSOE en el tema catalán.

Medidas sociales y fiscales

Y en el resto de su discurso, pues hubo lo previsible en un debate de la autonomía: diagnóstico, balance de gestión y una batería de anuncios que verán la luz al detalle en los próximos presupuestos de 2018, que contarán —según anticipó Feijóo— con 500 millones de euros más derivados de la mejora de la recaudación. Habrá una nueva tanda de rebajas fiscales vinculadas a la actividad en el rural y la rehabilitación de cascos históricos.

En el ámbito social, avanzó la extensión a tres años de la «Tarxeta Benvida» y alcanzar los 60.000 dependientes atendidos en 2018, dos años antes de lo previsto; los opositores tendrán una oferta de empleo público de 14.000 plazas, y en educación, seguirá habiendo tasas universitarias bajas y se creará un nuevo campus exclusivo para la Formación Profesional. Pero todo quedó en un segundo plano con Cataluña, principio y fin de un presidente preocupado. Y Galicia haría bien en estarlo igualmente.