Campos de trabajo en el municipio lucense de Sarria
Campos de trabajo en el municipio lucense de Sarria - MIGUEL MUÑIZ
Agro

El campo se concentra contra el abandono

La Consellería de Medio Rural trabaja para poner a producir cientos de hectáreas de terrenos abandonados. El Observatorio de Mobilidade aprecia un ligero repunte en las operaciones de compraventa de fincas

SantiagoActualizado:

La escasa base territorial de las explotaciones lácteas ha sido uno de los lastres que arrastra desde hace años el campo gallego. En la tierra del minifundio, encontrar fincas agrupadas con una superficie adecuada para cultivar el maíz que dé de comer a las vacas no es tarea sencilla. En el municipio lucense de Bóveda, Pablo Rodríguez labra 32 hectáreas de terreno, que se le quedan cortas para alimentar a las cien cabezas de leche con las que cuenta su explotación. El resto del forraje tiene que adquirirlo en el mercado y los costes se disparan. «Cultivar una hectárea de maíz me cuesta unos mil euros, si tengo que comprar la misma cantidad pago casi 3.000», ejemplifica. El precio que la industria paga por la leche hace esencial el ahorro para que la tierra del millón de vacas —952.656 cabezas bovinas, según el último censo— pueda mantenerse como una de las diez mayores productoras de Europa.

Pablo Rodríguez espera en breve solucionar sus problemas. Él es uno de los ganaderos que se beneficiarán de un proyecto puesto en marcha por la Consellería de Medio Rural en colaboración con la Universidade de Santiago de Compostela y la Fundación Juana de Vega para recuperar tierras improductivas en el Val de Lemos. La iniciativa empezó a forjase en 2016, el mismo año en el que nacía el Observatorio de Mobilidade de Terras que suma entre sus integrantes, además de los tres antes mencionados, a la Agencia Gallega de Desarrollo Rural, el Fondo Gallego de Garantía Agraria (FOGGA), la Agencia Tributaria de Galicia y el Instituto de Estudios del Territorio. El primer paso, ya finalizado, ha sido identificar a los propietarios de 300 hectáreas de terreno en diferentes puntos de los ayuntamientos de Monforte de Lemos, Pobra do Brollón, Sober, Pantón y Bóveda. La tarea no es sencilla. En Galicia las fincas suelen ser de pequeño tamaño y a menudo se desconoce quién es su propietario. El del Val de Lemos es uno de los seis proyectos que ya han sido puestos en marcha para frenar el abandono en el rural y que movilizarán cientos de hectáreas.

En la zona de As Chas (Bóveda), José Vázquez cuenta con cinco parcelas que oscilan entre los 600 y 800 metros cada una. Cubiertas de matorral y de pequeño tamaño nadie habría querido alquilárselas. Pero Vázquez espera ahora poder arrendarlas en el futuro. A través de unos carteles en el Ayuntamiento de Bóveda se enteró de la iniciativa de Medio Rural. Acudió a las reuniones y decidió sumarse al proyecto. «La idea es agruparlas con las de otros propietarios y hacer fincas que sean rentables», explica. Los terrenos de José Vázquez llevan ya más de 40 años sin cultivar. Cuando se termine de poner de acuerdo a todos los dueños de las fincas colindantes podrían integrarse en el Banco de Terras y a través de este instrumento arrendárselas a los campesinos que las necesiten.

Durante tres años, los propietarios no recibirán ningún pago porque en ese tiempo se compensarán los gastos de los arrendatarios para desbrozar y volver a preparar la tierra para el cultivo. Después, podrían recibir unos 100 o 120 euros por hectárea anual en concepto de alquiler. «Los precios compensan, en algunas zonas donde hay competencia las fincas pueden costar hasta 400-600 euros la hectárea por año. Además, al sumar más superficie de cultivo se pueden incrementar las ayudas de la Política Agraria Común que paga la UE», explica el ganadero Pablo Rodríguez.

La iniciativa para movilizar tierras gusta tanto a los productores como a los propietarios. «Hay mucha tierra abandonada y mucha gente intentando cultivarla», subraya Vázquez, quien cree que también servirá para que los terrenos tengan más valor. La prevención de incendios forestales es otro de los motivos por los que tanto Vázquez como el ganadero Pablo Rodríguez defienden el proyecto. «Es una zona que está abandonada y arde muy a menudo», indica el propietario. «Creo que habría que aplicarlo a nivel de toda Galicia y no sólo a Bóveda», subraya Rodríguez.

Aumenta la demanda

Desde la Consellería de Medio Rural explican que uno de sus objetivos es reducir el «número de terrenos abandonados en la Comunidad». En Galicia, apuntan, hay actualmente unas 114.000 hectáreas de tierra con buena aptitud agraria para ser puestas en producción. De ellas, unas 46.000 son da la mejor calidad. En los últimos tiempos, el Observatorio de Mobilidade de Terras percibe un ligero repunte de las operaciones de compraventa de parcelas. De las 3.900 hectáreas objeto de compraventa en el año 2015 se pasó a unas 5.000 hectáreas en 2017. El número de operaciones creció también desde las 18.446 de 2015 a las 18.670 de 2016 (último dato disponible). Para recuperar la actividad agraria, apunta Medio Rural, «es crucial la implicación de los titulares de las fincas». Por este motivo se lleva a cabo una «importante labor de búsqueda y concienciación» de los titulares de los terrenos. Después se trabaja para movilizar a los agentes del territorio (productores individuales, empresas, cooperativas, etc.) para que apuesten por el cultivo de las fincas. Las distintas iniciativas buscan no sólo que las explotaciones ganaderas actuales ganen base territorial, sino también que nuevos productores se incorporen al sector. Recuperación de sotos de castaños o el cultivo del pimiento de Arnoia son buena muestra de ello.