Fernando Llopis - El último liberal

El crePPúsculo de los dioses

«Hasta hace poco, los populares solo tenían que esperar las habituales torpezas de gestión de los socialistas para que el poder volviera a ellos»

Fernando Llopis
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La historia de una diosa del cine mudo que descubrió que no era inmortal contada por un cadáver que flotaba en la piscina de una mansión congelada en los años 20. Esta podría ser la sinopsis de una de las mejores películas de la historia del cine, “El crepúsculo de los dioses”. En un mundo de cambio, con la aparición del cine sonoro, las estrellas del cine mudo pasaron de brillar fulgurantemente a prácticamente caer en el olvido. No todas ellas lo asumieron bien y se quejaban amargamente del abandono por parte de los mismos estudios y “fans” que poco antes les idolatraban. El crepúsculo de los dioses contaba esta historia dibujando a una actriz, maravillosa Gloria Swanson, que trataba de recuperar como fuera el brillo de las cámaras sobre su rostro.

El que parece camino de convertirse en una estrella de cine mudo olvidada es el Partido Popular, donde los buenos momentos van dejando cada vez más paso a escándalos de corrupción, académicos y de gestión ineficiente de la crisis. La reciente sentencia del caso Gurtel y la detención del otrora poderoso Eduardo Zaplana han vuelto a poner en evidencia que los brillos de una época feliz estaban llenos de zonas oscuras.

Como a Gloria Swanson, al PP le van desapareciendo los defensores por momentos, ya que cada vez aparecen más motivos para el abandono. No sólo son las viejas glorias las que van cayendo irremisiblemente una tras otra asoladas por la corrupción, es que la renovación de sus líderes parece que se está llevando más con acuchillamientos por fuego amigo que con una estrategia razonada. Parece evidente que Mariano Rajoy no es un líder que despierte excesiva emoción entre la mayoría de simpatizantes y votantes del Partido Popular, tampoco la posible sucesora, Soraya Saenz de Santamaría, por su mala gestión de la crisis catalana. Para empeorar la situación, los cada vez más escasos fieles, hablaban con mucho orgullo de Cristina Cifuentes y de Pablo Casado como las nuevas promesas del partido. Tras el crepúsculo de su imagen por los escándalos académicos, no parece haber ninguna esperanza blanca. Al igual que Gloria Swanson depositaba todas sus esperanzas en el mediocre guionista interpretado por William Holden para que le escribiera una historia para relanzar su carrera, los cargos del Partido Popular están intentando que alguien les escriba un relato con final feliz.

Eduardo Zaplana, en su chalé de Benidorm durante el registro tras su detención
Eduardo Zaplana, en su chalé de Benidorm durante el registro tras su detención - JUAN CARLOS SOLER

Y es que hasta hace poco, los populares, sin esforzarse demasiado, solo tenían que esperar las habituales torpezas de gestión de los socialistas, para que, inevitablemente el poder volviera a ellos como si fueran los tiempos de Cánovas y Sagasta. Pero, la aparición de Ciudadanos por el centro, sobre todo, e incluso la de Vox por su derecha les están dejando un futuro peor que a las estrellas del cine mudo. Y es que muchas de estas seguían pensando que con una mirada o un movimiento de las manos podrían transmitir al espectador lo que este ya esperaba escuchar de sus labios. Y así siguen muchos de los dirigentes populares, aferrándose al sillón de su mansión de los años veinte, sin afrontar la imprescindible renovación de su partido, ya que ésta puede acabar con su carrera. Sin cambio, sin renovación, pero con la eterna esperanza como le ocurre a Gloria Swanson en la película, de volver a escuchar la famosa frase “Luces, cámara, acción” mientras bajan por la escalera hacia la fama otra vez. Desgraciadamente a muchos de sus dirigentes las luces de las cámaras los apuntan ahora, pero mientras se dirigen a la prisión.

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