Toni Subiela - Peus de Plom

Apología del sinsentido

«Algunos partidos políticos hacen lo que sea por aparentar normalidad y consideran un lunático a todo aquel que desafía el orden establecido»

Toni Subiela
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Entablo discusiones en tertulias radiofónicas y televisivas que me provocan la sensación de encontrarme en un manicomio. Cualquiera que nos escuche o nos vea debe llegar a la conclusión de que sufrimos una epidemia esquizofrénica. Pero resulta una gran paradoja que justo aquellos que me parecen más dementes, son los que se esfuerzan por parecer moderados, sensatos y hasta cuerdos. Quiero pensar que es este entorno caótico e irracional que sufrimos el que les crea esta aversión desmesurada a cualquier indicio de cambio, intentado hacer que parezca una locura.

Algunos partidos políticos hacen lo que sea por aparentar normalidad y consideran un lunático a todo aquel que desafía el orden establecido, a aquel que se atreva a pensar que las cosas se pueden hacer de otra manera y nos llaman incitadores de odio justo a quienes intentamos luchar contra los gérmenes de la violencia. Pero esa obsesión por la defensa de su normalidad, ese fanatismo por convencernos que son los únicos provistos de cordura, se ha vuelto una enfermedad que provoca que se den enormes aberraciones y que después intenten simular que no haya pasado nada y que todo siga igual.

El enfrentamiento encarnizado entre dos bandos ha dejado el país en manos de un puñado de rapiñas sectarios con la inaceptable idea de acabar con todo. Y cuando parece que nos enfrentamos a un callejón institucional sin salida y la democracia española sufre el ataque más grave de su pequeña historia, a alguno de estos locos se le mete en la cabeza que la voluntad popular de aquellos que más gritan puede sustituir la Constitución que nos acoge a todos. Peligrosa idea en momentos en los que el gobierno de este país está sin rumbo ni capitán capacitado para corregir la deriva.

Estamos viviendo una de esas situaciones históricas en que se considera normal y tolerable una situación que sólo un trastornado o trastornada puede observar sin exaltarse. Es tan grave lo que se está viviendo en la política española que quien insista en seguir tomando las mismas medicinas, quien crea que la solución se encuentra al final del mismo camino que otras veces, lo deberían apartar de inmediato, porque demuestra no tener la cordura necesaria para enfrentarse a tanta demencia.

Ha llegado la hora de que se imponga la lucidez, que la ilusión derrote esa falsa normalidad que nos está partiendo por la mitad como sociedad. La esperanza de una solución ya no puede pasar por seguir ofreciendo la otra mejilla.

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