Daniel Tercero - Dazibao

Meritxell Budó y el español

«La portavoz de Torra (¡ay, Elsa!) sabe perfectamente que no hay ninguna norma (¡escrita, escrita, la queremos escrita!) que regule el uso de las lenguas en las ruedas de prensa de la Generalitat»

BarcelonaActualizado:

A estas alturas de la democracia de 1978 nadie niega que en Cataluña se discrimina a los ciudadanos que quieren relacionarse en español con la administración pública autonómica. A lo más, se defiende que la discriminación es justa y necesaria, pese a que en la región hay tres idiomas oficiales y reconocidos legalmente: español y catalán, en todo el territorio y como lenguas comunes, y el aranés, oficial en el Valle de Arán (Lérida). Hay multitud de sentencias judiciales que advierten, una vez tras otra, de que la administración pública debe tratar por igual a los ciudadanos en cuestiones lingüísticas, pero estas decisiones judiciales no se cumplen.

Ni tan solo en el ámbito local, en el que, por ejemplo, en Barcelona, los representados que quieran recibir la información municipal en español han de solicitarlo expresamente (pues por defecto solo se usa el catalán) e incluso así tampoco lo consiguen. Más. Las indicaciones viales en Cataluña no cumplen con las normativas lingüísticas (las multas de tráfico que se recurren alegando este punto las pierde la administración). Más. En las escuelas públicas, la lengua española es tratada en un rango inferior al catalán (como acredita el último informe de la Asamblea por una Escuela Bilingüe) y en una parte de los centros escolares incluso es considerada peor que el francés (lengua que la Consejería de Educación considera que sí es digna para compartir vehicularidad con el catalán).

Más. Solo hay que comparar el idioma que aparece en los carnets que cada catalán tiene en su cartera de mano: CatSalut, solo en catalán. DNI, bilingüe (español-catalán). Bibliotecas de Barcelona (Diputación y Ayuntamiento), solo en catalán. Permiso de conducción, bilingüe (español-catalán). Universidad de Barcelona, bilingüe… catalán e inglés. Más. La web de la Generalitat (govern.cat) está solo en catalán y acompañada de una versión quirúrgica en inglés. El espacio de prensa del sitio web del gobierno catalán tiene habilitadas las pestañas de español e inglés, pero la primera no se actualiza desde el 9 de abril. Más. La página en internet del Parlamento de Cataluña es monolingüe en catalán con el servicio de traducción automática de Google.

Todos los gobiernos catalanes desde Jordi Pujol a Quim Torra, pasando por Pasqual Maragall, José Montilla y Artur Mas, han considerado el español como un idioma externo a Cataluña y cuyo uso debe ser restringido, cuando no erradicado. No les ha importado que el español sea la lengua propia más numerosa de los catalanes (55,1 por ciento, según el último informe quinquenal de usos lingüísticos del Idescat, 2013). No les ha importado, entre otras cosas, porque no ha supuesto un coste electoral para ellos. Ventajas de que catalán y español sean la misma lengua. Por eso, la doctrina pujolista se ha impuesto en todos los ámbitos públicos de Cataluña y la politización de la lengua catalana es, ahora, en las postrimerías de la segunda década del siglo XXI, como la que durante cuatro décadas del siglo XX se hizo del español en las zonas del país en las que sus ciudadanos hablaban otra lengua: «¡Háblame en cristiano!».

Eso es lo que el nacionalismo tiene interiorizado y lo que transmitió Meritxell Budó, portavoz y consejera de la Presidencia de la Generalitat, la semana pasada. El martes, después de la reunión semanal del gobierno catalán, en la rueda de prensa, a una pregunta en español de una periodista de La Sexta, Budó dijo: «Mire, yo, aquí, en la rueda de prensa, en el turno de las preguntas en castellano, lo que se hace habitualmente en esta sala es explicar y repetir lo que se ha preguntado en catalán y no hacer dos ruedas de prensa paralelas. Lo que les pediría es que en el turno de preguntas en castellano se limiten a todo aquello que se ha preguntado en catalán, y en todo caso si quieren hacer otro tipo de cuestiones las hacen primero en catalán y después las repetimos en castellano. Esto ha sido siempre una norma. Ustedes las conocen perfectamente y, por lo tanto, les pido que nos ciñamos a estas normas que ya existían en esta sala». Es decir: «¡En cristiano!». Tras la sorpresa de los periodistas presentes y la réplica de varios (La Sexta, Antena 3 y Ara), Budó acabó respondiendo en español esa y unas cuantas cuestiones más. Al final, mostró la patita autoritaria... para nada. Desde entonces, corre por internet su sectarismo que ya empezó en su etapa de alcaldesa de La Garriga (Barcelona), cuando reprochó a un concejal de Cs que hablase en español (2018) para felicitar el Día de Andalucía.

La portavoz de Torra (¡ay, Elsa!) sabe perfectamente que no hay ninguna norma (¡escrita, escrita, la queremos escrita!) que regule el uso de las lenguas en las ruedas de prensa de la Generalitat. En un territorio bilingüe como Cataluña, lo normal sería que los portavoces de las administraciones públicas respondieran en el mismo idioma en el que se les efectúa las preguntas. Pero el nacionalismo renunció a la normalidad lingüística hace décadas. Así, las respuestas de los portavoces de la Generalitat son siempre en catalán, aunque las preguntas se hagan en español. De esta manera, el nacionalismo rancio crea un problema donde no lo hay y distingue a los medios que usan uno u otro idioma, al remitir a los que necesitan cortes de voz en español a «una repetición», en palabras de Budó, de lo expresado previamente en catalán. Sin embargo, en «el turno de preguntas en castellano» el periodista sigue siendo periodista (¿o aquí ya hay que dejar de serlo para volver a ser servil?) y, lógicamente, pregunta lo que le da la gana y no lo que quiere la Generalitat. Las preguntas a los gobiernos y el periodismo en general no son concesiones ni cortesías, son un derecho.

Dos semanas antes, Budó defendió que en Barcelona el independentismo ganó las elecciones municipales pese a tener 15 de los 41 concejales, y perder tres respecto a 2015. El nacionalismo es básicamente una gran mentira. «Un mal día lo puede tener cualquiera», dijeron a ABC desde el equipo de Budó tras la polémica lingüística. La portavoz del gobierno catalán solo lleva tres meses en el cargo. Los martes, Budó.

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