Daniel Tercero - Dazibao

Asociación por la Tolerancia

«Tras Barcelona'92 un grupo de personas decidió dar un paso al frente y fundar la entidad al considerar que el nacionalismo gobernante en Cataluña lesionaba los derechos de los ciudadanos»

BarcelonaActualizado:

A última hora de la tarde de ayer, domingo, los responsables de la Asociación por la Tolerancia no sabían, aún, si su campaña «No ho tornareu a fer» se verá próximamente en los espacios publicitarios del metro y los autobuses de Barcelona. La entidad, que preside Eduardo López-Dóriga, no recibió la autorización de Transportes Metropolitanos de Barcelona (TMB) hasta el viernes, después de días de espera, por lo que con el fin de semana por medio y los días que falten por ajustar los plazos con la agencia de publicidad, la campaña «No ho tornareu a fer» perderá todo el efecto que se proponía.

La Asociación por la Tolerancia nació en 1992 y su razón de ser tiene tres patas: la defensa y la reivindicación de una sociedad catalana bilingüe, con su reflejo institucional; el apoyo a las víctimas del terrorismo y la concienciación de la lucha contra esta lacra; y (la consecuencia de las dos anteriores) «una apuesta por la libertad», tal y como figura en sus escritos de presentación. Pasados los Juegos Olímpicos de Barcelona (1992), un grupo de personas decidió dar un paso al frente y fundar la entidad al considerar que el nacionalismo gobernante en Cataluña, entonces como ahora, lesionaba los derechos de los ciudadanos.

Aunque a finales de la primera década del siglo XXI la política española esté algo desorbitada y solo siga la corriente de la Europa que no aprende, ¡hasta el griego Alexis Tsipras parece antiguo!, no sería justo olvidar que el embrión de Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía, ahora Cs, está en aquella decena de atrevidos que apostaron por la democracia y el progresismo a la hora de reivindicar unos derechos constitucionales que en Cataluña escaseaban. A su vez, los primeros de la Asociación por la Tolerancia se valieron de los que una década antes habían fundado Acción Cultural Miguel de Cervantes. Pero esto es otra historia, que, por cierto, explica Antonio Robles en su obra ya clásica Historia de la Resistencia al nacionalismo en Cataluña (1979-2006) (Editorial Biblioteca Crónica Global, 2013).

Así, la Asociación por la Tolerancia es, en cierta medida, el primer think tank del que surgió un partido político con incidencia a nivel nacional. Y encima en Barcelona. No habrá película ni libro de historia que puedan escribirse de la formación naranja que no recuerden, al menos, aquel otoño de 1992 y a aquellos desencantados con el PSC: el citado Robles, Félix Pérez Romeva, Carlos Carceller, José Miguel Velasco, Rafael Ávila, Pedro Vázquez, Eduardo Baroja, Francisco Bravo y Eduardo Jodra. Reflexión y acción fueron las bases que pusieron en marcha desde bien pronto, y en 1994 consiguieron 14.000 firmas con el manifiesto «En castellano también, por favor», que defendía la tolerancia lingüística y criticaba la inmersión lingüística escolar, que ya se aplicaba con obligatoriedad. Un año después, ya tenían 50.000 firmas. ¡En la era preinternet!

Más allá de la política partidista y su nacimiento, la entidad tiene consolidados tres foros. Cada año concede el Premio Tolerancia. El último premiado, este 2019, en su edición XXV es Teresa Freixes, catedrática de Derecho Constitucional de la Universidad Autónoma de Barcelona y activista en defensa de los derechos fundamentales. A lo largo de los veinticinco años del Premio -que no tiene dotación económica- quedan para la memoria Maite Pagazaurtundúa, Iván Tubau, Fernando Savater, Francesc de Carreras, Gregorio Peces Barba, Agustín Ibarrola, Félix de Azúa, Albert Boadella, Baltasar Garzón, Antonio Muñoz Molina, Arcadi Espada, Rosa Díez, Mario Vargas Llosa, Carlos Herrera, Antonio Mingote, Xavier Pericay, Regina Otaola, Félix Ovejero, Victoria Prego. Inger Enkvist y, entre otros, José Luis Bonet.

Otra cita ineludible anual es el Ciclo de Cine para la Tolerancia. La dirección de la entidad hace coincidir este foro, que combina cine y conferencias, con el Día Internacional de la Tolerancia de la Unesco (16 de noviembre). Para ello, la Tolerancia cuenta con el apoyo de la Fundación de Víctimas del Terrorismo, pues entre los méritos de la entidad figura el de exprimir al máximo un presupuesto que brilla por su precariedad. ¡Y desde la Generalitat algunos y algunas hablan de operaciones de Estado en Cataluña!

El tercer foro consolidado (Jornadas por la Lengua Materna y el Bilingüismo) es el que se lleva a cabo en invierno y tiene como objetivo conmemorar el Día Internacional de la Lengua Materna (21 de febrero), una fecha que, sobre todo en Cataluña, pasa con más pena que gloria, pues no parece que las instituciones autonómicas estén por la labor de respetar la lengua materna de la mayoría de los catalanes.

Por el camino quedaron otros proyectos e iniciativas. En 1997, por ejemplo, salió el primer número de una revista que el mundo digital dejó en el olvido. Y cofundando o impulsando el nacimiento de otras asociaciones, la Tolerancia estuvo (y está) en la primera línea de la defensa cívica, democrática y radical de los valores constitucionales no solo en Cataluña, sino también en otros puntos de España, como en Navarra, País Vasco, Galicia y la Comunidad Valenciana, por ejemplo.

Los citados Robles y López-Dóriga, con Marita Rodríguez y Elvira Fuentes, se repartieron la presidencia de la asociación en los veintisiete años de historia. Y los cuatro «ho tornarien a fer», porque como explican desde la entidad cuando se les pregunta por su símbolo (un cubo parcialmente sobre un círculo): «Somos una metáfora de las dificultades que padece el ser humano en su intento por alcanzar la paz y el respeto entre todos los hombres, a la vez que un rechazo de todo integrismo».

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