Sergi Doria - Un libro para Elsa Artadi

Sombras de la impostura

«Además de conocer la mejor novela barcelonesa del siglo XX, la candidata municipal de Junts per Catalunya podría hacer examen de conciencia»

Sergi Doria
Sergi Doria
BarcelonaActualizado:

Desconocemos si Elsa Artadi frecuentaba el antiaéreo del Carmelo, con sus vestigios de barraquismo e inmigración, antes de que se convirtiera en pasto de turistas. No parece probable. Abrigada con plumón Moncler de 1.300 euros y ese currículum con estudios en Harvard del que blasona, la número 2 de Junts per Catalunya abandonó a Torra con sus quimeras y desgobierno por la seguridad de ser la verdadera candidata municipal: Joaquim Forn, el número 1, está en la cárcel.

La impostura de Junts per Catalunya, que es la vieja y corrupta Convergència ataviada con el disfraz seudorevolucionario del independentismo, trae a colación «Últimas tardes con Teresa» de Juan Marsé, premio Biblioteca Breve de 1965.

Como también es probable que Artadi no la haya leído, «fem cinc cèntims» del argumento: Manolo, el Pijoaparte, es un barraquista del Carmelo que sobrevive de la delincuencia; una noche de San Juan se acerca a las torres de la Barcelona alta -la de Artadi- y se cuela en la Villa de los Serrat: allí conoce a Maruja, que resulta ser la criada de Teresa Serrat. Manolo se enrollará con la criada para llegar a la señora. En busca de méritos, se hace pasar por antifranquista y se une a la pijo-progresía universitaria que conspira contra el Régimen: la efectividad de aquella «oposición» fue tal, que el dictador murió en la cama. El Pijoaparte se gana a Teresa imprimiendo octavillas con la misma multicopista que falsificaba billetes de banco.

Además de conocer la mejor novela barcelonesa del siglo XX, la candidata municipal de Junts per Catalunya podría hacer examen de conciencia. ¿Realmente se cree todo lo que dice cuando llama a ser combativos y desobedecer al Estado? También le iría de perilla para reconocer que Barcelona no es del nacionalismo, sino de todos los que la han construido a lo largo de siglos. Es la Barcelona de los murcianos, andaluces, extremeños, aragoneses que su partido -o lo que sea- ignora o pretende «integrar» -como sea- siguiendo el modelo Rufián.

Sirva de colofón y aperitivo de la memorable novela de Marsé el Pijoaparte divisando Barcelona desde el Carmelo: «Abajo, al fondo, la ciudad se estira hacia las inmensidades cerúleas del Mediterráneo bajo brumas y rumores de industrial fatiga, asoman las botellas grises de la Sagrada Familia, las torres del Hospital de San Pablo y, más lejos, las negras agujas de la Catedral, el casco antiguo: un coágulo de sombras».’

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