Francisco Oya - Tribuna abierta

Sindicalismo separatista en la educación

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En Cataluña se ha fomentado desde el poder un sindicalismo servil e ideologizado, por medio de subvenciones y favores. Se ha privado a los claustros de la facultad de elegir al director, quedando su nombramiento, en la práctica, en poder de la administración. Así mismo, los inspectores son básicamente un cuerpo de interinos, absolutamente dependientes del poder político. Inspectores y directores han devenido comisarios políticos a los que se otorgan facultades irrestrictas para abrir e instruir expedientes arbitrarios, con clamorosas prevaricaciones en su resolución, en los cuales se deja a los funcionarios desafectos –no digamos a los interinos– en la más absoluta indefensión, ante el silencio sepulcral de los sindicatos representativos, y de la Alta Inspección del Estado.

El panorama se completa con una brutal abstención: casi un 60 por ciento (57’20 por ciento) de los profesores catalanes no acude a votar, en muchos casos por contemplar la enseñanza pública como un reducto separatista que no va con él. Lo mismo que sucedía habitualmente en las elecciones políticas autonómicas hasta hace pocos años, cuando el proceso separatista comenzó a disparar la participación.

A pesar de todo, el actual 39 por ciento de profesores no separatistas es una base amplia para sindicatos independientes, que no conciban su labor como mera correa de transmisión del régimen nacionalista. Por ello acordamos presentar en Barcelona una candidatura conjunta de CSIF con el pequeño y combativo sindicato de profesores AMES, apoyada por la Asociación de Profesores por el Bilingüismo. Era una ocasión histórica para romper el monopolio separatista a pesar de las dificultades, pues el sistema está concebido para poner trabas a las candidaturas nuevas, exigiendo un número considerable de avales en cada Servicio Territorial, firmados por profesores con plaza. Obtuvimos ayuda, en este sentido, de varias asociaciones. Y esperábamos que los partidos constitucionalistas fueran conscientes de la importancia del envite, pues son habituales las situaciones de acoso en los centros a sus afiliados y simpatizantes, obligados a un permanente disimulo mientras los separatistas exponen abiertamente su militancia, incluso en el interior del aula.

Hicimos gestiones con diputados y responsables de enseñanza de partidos constitucionalistas con representación parlamentaria, tanto en Barcelona como en Madrid, sin ningún resultado práctico. Y sólo pedíamos ayuda para podernos presentar, no que nos votaran. Esta desidia contrasta con el apoyo de los partidos separatistas a sus sindicatos. Hubo profesores que, después de firmarnos el aval, se echaron atrás por miedo a las represalias. Por otro lado, los eventuales delegados obtenidos por la candidatura no se habrían contabilizado oficialmente como delegados de CSIF. Fuera por estas cuestiones o por otros motivos, lo cierto es que CSIF no concedió la liberación sindical prevista para trabajar en la obtención de avales y, finalmente, se retiró de la candidatura.

AMES decidió posteriormente no presentarse en solitario a las elecciones debido al control ideológico de los centros por parte de la consejería y para no poner en peligro la estabilidad laboral de nuestros afiliados y simpatizantes.

Queda pendiente, pues, la eclosión en la enseñanza catalana de un sindicalismo independiente, respetuoso de la legalidad, que se ocupe de mejorar las condiciones laborales de los profesores en lugar de ejercer de cancerbero del separatismo. En ello seguiremos trabajando, aun siendo conscientes de que dicho objetivo no se podrá consumar si no va acompañado de un cambio político. Hay alternativa, pero para materializarla habrá que trabajar sin desmayo sobre un terreno que ha sido coto privado separatista durante demasiado tiempo.

FRANCISCO OYA

ES PRESIDENTE DE PROFESORES POR EL BILINGÜISMO