Ramon Espadaler - Tribuna Abierta

Contra la equidistancia

«No soy equidistante porque si debo escoger entre acatar la legalidad vigente o vulnerarla elijo lo primero»

Ramon Espadaler
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No soy equidistante. No lo soy porque si debo escoger entre acatar la legalidad vigente o vulnerarla elijo lo primero. No lo soy porque entre respetar las instituciones o utilizarlas en beneficio de parte prefiero el respeto. Ello no significa que piense que la legalidad vigente –empezando por la Constitución– sea algo inamovible o que las instituciones –comenzando por el Parlament– deban ser refractarias a la realidad social y política del país expresada en las urnas.

No soy equidistante, aunque me acusen de ello tanto el independentismo como el inmovilismo. Los primeros, me critican por la aceptación del marco legal vigente como condición sine qua non para hacer política. Los segundos, por censurar un inmovilismo que fía la solución de un problema básicamente (que no exclusivamente) político a la Justicia. Quizás por ello, he asumido la sentencia del nada sospechoso doctor Xavier Arbós, catedrático de Derecho Constitucional, según la cual ni el Govern de la Generalitat podía actuar como si no existiera la ley, ni el de España como si sólo existiera la ley. Era necesario cumplir la ley –y lo es–, pero también lo es hacer política, por difícil que sea.

«Era necesario cumplir la ley –y lo es–, pero también lo es hacer política, por difícil que sea»

Para mi y para Units per Avançar, partido al que represento en el Parlament, hacer política no equivale a buscar una media aritmética entre dos polos tan contrapuestos como irreconciliables. Significa asumir la realidad de un país internamente fracturado y, desde el diálogo y el acuerdo, buscar la vía que permita cambiar el marco de relaciones entre Cataluña y España, desde la legalidad y desde las instituciones, partiendo del respeto y del reconocimiento mutuo.

Por ello, desde una posición catalanista, centrada y no rupturista, rechazamos las acusaciones de equidistancia que nos lanzan tanto el independentismo como el inmovilismo. Hace demasiado tiempo que ambos han visto en el frentismo un sistema cómodo para captar y retener votos, más que para aportar soluciones. Estas no vendrán de los extremos, sino de posiciones centradas, que no equidistantes.

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