Herrera y Mañueco, en el mitin de Palencia
Herrera y Mañueco, en el mitin de Palencia - F. HERAS

Suprimir las sucesiones

«Se le podía haber ocurrido a Herrera que podía haber hecho a Mañueco presidente de la Junta por un rato, nada más. Podía haberle dejado jugar el descuento de esta última legislatura»

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Lo peor de una campaña electoral son los mítines. Los candidatos deberían ahorrárselo cuando el sol es de justicia y el público amenaza con la deshidratación. A las señoras, lo que les gusta es hacerse fotos con Herrera y con Mañueco, no escucharles la homilía. Porque los que van a un mitin un sábado por la tarde, sabe el lector, que casi siempre tienen decidido el voto. Los mítines son más para evangelizar que para convencer. Para que el personal se haga fotos como se hacían ayer por la tarde con el candidato del PP antes de que subiera al escenario y luego enseñárselas a sus amigos y a sus nietos y decirles que hay que votarle, que es «muy majo». Esto me dijo una señora cuando me vio escribiendo. «Es que eso no lo decís en los periódicos nunca…» Porque en Castilla y León al personal, que Mañueco sea un «valor seguro», como repitió y repetirá Herrera estos días, le da más igual. Lo importante, se ve, es que es «muy majo».

Palencia ayer, a las siete de la tarde en la Plaza de San Francisco, sumó algo más para su historia. Es la ciudad donde casaron el Cid y doña Jimena, la provincia donde fue coronado Alfonso III, el Santo. Y desde ayer el lugar donde Herrera, al revés que los Reyes Católicos, vino a decir que ya no hay «tanto monta, monta tanto» en el PP y que nunca lo hubo. Que aquí ya sólo monta Mañueco, que él no es que esté de despedida, sino que ya se ha ido. Aunque nunca se irá del PP «porque es mi casa». Y de eso se daban cuenta todos los asistentes porque escuchar un mitin de Herrera ya es como un retiro espiritual en Silos. Un sosegar el alma entre tanta incertidumbre, un espacio en el que los novios piensan en sus novias y los votantes en si Herrera deja algo atado. Pero él hizo un llamamiento «al optimismo».

En su partido lo tienen claro. Comentaba un candidato del PP de un pueblo que Mañueco le viene muy bien al partido porque es un hombre que no tiene prisa. «Prisas son lo que quiere Pedro Sánchez. Toma prisas… Desenterrar a Franco y enterrar al PP», sentenció.

Más que un mitin parecía una fiesta sorpresa para recargarle la moral al salmantino después del último CIS. Allí todo eran elogios. Se deshizo el presidente en palabras bellas hacia Mañueco. «Alfonso es el mejor» y así. Más que un acto político, por momentos parecía una conversación de enamorados cuando el candidato salmantino le devolvía los piropos: «Gracias a ti y a tus políticas somos los mejores», le replicó a Herrera. De sus palabras, los asistentes con buen oído, creían escuchar: «¡Cuelga tú! ¡No, cuelga tú!» Y tanta supuesta complicidad podía haber surgido un poco antes en el PP. Se le podía haber ocurrido antes a Herrera que pasados los Toros de Guisando y la bicefalia, podía haber hecho a Mañueco presidente de la Junta por un rato, nada más. Podía haberle dejado jugar el descuento de esta última legislatura, que es más fácil que el votante le tenga en el imaginario como presidenciable si antes ha ejercido de presidente. Cosas obvias. Sobre todo como acercamiento, para intentar, que lo único desconocido en esta campaña, fuera la catedral de Palencia.

Dijo Mañueco que había que confiar en el PP porque tienen experiencia, porque tienen un programa de gobierno. Habló de mil medidas. Enumeró alguna y fue cuando vi caras de alarma por si le daba por explicar el millar entero. Y es que los mítines son para hacer promesas. Promesas incluso por encima de las posibilidades. Proceder de cualquier otra forma en un mitin sería una horterada. Y Mañueco contó entre ellas la supresión del impuesto de sucesiones. A ver si ahora que le dejan a él de sucesor, encima le toca pagar…

A Juan Vicente Herrera, como a los reyes y los papas, le ocurre que quiso agotar el cargo. Unos hasta la muerte y otros hasta el último día de la última legislatura. Y ahora que ya sólo es presidente un rato más quiere que en el PP aprendan a decir eso de: «¡El rey ha muerto, larga vida al rey!» Porque todo lo que es nuevo, ya se sabe, hay que practicarlo. Y el PP empezó ayer por la tarde en Palencia y le quedan catorce días para creérselo.