Atilano Soto, este pasado jueves en la comisión de investigación de las Cajas
Atilano Soto, este pasado jueves en la comisión de investigación de las Cajas - F. HERAS

Atilano Soto dice que los viajes al exterior de Caja Segovia buscaban un ambiente «apacible y familiar»

Defiende que el plan con millonarias prejubilaciones en la entidad segoviana era «ejemplar y riguroso»

VALLADOLIDActualizado:

Cargado de la experiencia y la veteranía de un hombre que va a «hacer 82 años muy prontito» -como se encargó de dejar claro nada más abrir el micrófono- y que fue cocinero antes que fraile, pues un día ocupó uno de los escaños de sus señorías en las Cortes, el que fuera presidente de extinta Caja Segovia entre 1997 y 2002, Atilano Soto, lidió este pasado jueves con una soltura en la que nada se apreció esa falta de memoria que ya dijo va sufriendo su comparecencia ante la comisión de investigación sobre las Cajas abierta en las Cortes. Con una rica dialéctica despachó las preguntas y eludió cualquier tipo de responsabilidad merced a un cargo que, reiteró, era «honorífico, gratuito y representativo». Ni siquiera el cuestionamiento sufrido por decisiones del Consejo de Administración que presidía en asuntos como las millonarias prejubilaciones de directivos, la emisión de preferentes o la hipoteca sobre el Torreón de Lozoya sirvieron para que entonara el mea culpa.

Tampoco por los viajes del Consejo de Administración en teoría formativos en los que iban acompañados de «un experto», que incluyeron estancias en Venecia o la Patagonia Argentina. Aunque dijo que también los hubo en lugares más cercanos, Soto justificó que se elegía sitios lejanos por dotar al encuentro de un ambiente «apacible y más familiar» que propiciaba la concentración e hacía que «al final éramos más amigos». «Pasaba en casi todas las cajas», apostilló Soto, quien justificó que estaban «sensiblemente ajustados en función de los resultados» de la entidad y que en 2008 se suspendieron «por ética» y porque «nos pareció prudente», cuando se advirtió la crisis general, pero «no» afectaba la Caja, recalcó. Eran viajes también de corte «gratificante», pues los consejeros no tenían sueldo, entonces «no había crítica» e, incluso, algunos rechazaban ir «porque en su sector no estaba bien visto».

En cuanto a las prejubilaciones, que repartieron 17 millones de euros entre ocho de sus directivos justo antes de su integración en Bankia y por las que el juez ha ordenado la apertura de juicio oral, Atilano Soto incidió en que se enmarcaban dentro de un plan estratégico que arrancó en 2006 que buscaba una salida «pausada» de sus directivos y que «no solamente fue bueno, sino comprometido y generoso», además de «ejemplar» y «unánimemente» aprobado por el Consejo de Administración y con precios «análogos» a los empleados (el 74,7% del sueldo). La diferencia de nómina -las «que se llevaban» en aquella época- marcó las cuantías. «Fue un magnífico acuerdo», una «estrategia fundada y fecunda» que «se hizo sin dinero público», reiteró. El Consejo de Administración, afirmó, «nunca observó la menor tilde de haberse pasado ni una milla ni un kilómetro ni un centímetro cuadrado de la legalidad», aseguró Soto, quien recordó que, además, ese plan de prejubilaciones fue aprobado por otras instituciones como la Junta «sin la menor tacha», el Banco de España o la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). También, por la Comisión de Control, que «funcionaba», defendió frente al cuestionamiento de estos órganos en otras entidades. «Es lo específico de las Cajas», afirmó.

Torreón, «evitar otro mal»

Soto también aseguró que en la hipoteca sobre el Torreón de Lozoya «éramos rehenes» de lo dicho por Bankia una vez integrados y que fue «el mal menor» para «evitar otros mayores». Aseguró que la emisión de preferentes «no fue invasiva ni agresiva» y fueron «empujados» por el Banco de España a hacerlo. Organismo que, apuntó, también bendijo la unión con Caja Madrid y otras entidades que dio lugar a Bankia, un proyecto con el que «pasó lo que pasó. Primero muy bien y luego muy mal». De esta fusión estimó la valoración «cuatro veces superior» que se dio a Caja Segovia, frente a la apuesta de un gran caja con el resto de Castilla y León «donde no nos miraron con ojos brillantes». Un proyecto que estimó hubiera sido «muy positivo», pero que no fraguó, dijo, por la «endogamia» de algunos. «Caja Segovia apostó por esa unidad», incidió Soto. Aseguró que «a quien benefició» el fin de las cajas «fue a los bancos», a la vez que criticó que no se valoró su labor social. Y afirmó que la entidad hubiera podido seguir en solitario, aunque «jibarizada», pues presentó siempre «buenos resultados», marcados por un «halo ejemplar de legalidad y transparencia» y gracias al «trabajo talentoso» de sus directivos y empleados.

También pasó ayer por la comisión de investigación Jesús Encabo, expresidente de la Comisión de Control de Caja Duero, quien aseguró que su función no era de «fiscalización».