Ángel Mejía Asensio, maestro jubilado
Ángel Mejía Asensio, maestro jubilado - ABC
DÍA DE LA ENSEÑANZA

Ángel Mejía Asensio: «Con las clases los niños enfermos están motivados»

Ángel será premiado por el Gobierno regional por su labor como coordinador del Aula de Atención Domiciliaria y Hospitalaria de Guadalajara

ToledoActualizado:

La vida de Ángel Mejía Asensio (Vellisca, Cuenca, 1957) es sinónimo de vocación. «Había un chaval de 3º de la ESO con graves problemas y yo iba a su casa a darle clases -recuerda-. Al siguiente curso no me dejaron ir a atenderle y me supo muy mal porque, mientras trabajas con los chicos, tienen una motivación, se agarran a la vida, pero cuando están solos en casa, pobres… Esa sensación de impotencia de no poder enseñar al chaval me marcó bastante y fue la gota que colmó el vaso. ‘Esto hay que cambiarlo’, pensé».

Ese fue para Ángel el momento de dar un golpe en la mesa. Y lo dio con ayuda de Ricardo y Ana, dos compañeros de profesión. Los tres inconformistas buscaron nuevas alternativas. «Los niños tenían derecho a recibir clases no solo en el hospital, sino también en sus casas mientras continuaban con la recuperación».

En 2002, y tras varias reuniones con la Consejería de Educación, se crearon los Equipos de Atención Domiciliaria y Hospitalaria (EAEHD). Ángel comenzó a coordinar el aula de Guadalajara, formado por dos maestros y dos profesores de Secundaria, que atendían a alumnos en edad escolar, tanto en el centro hospitalario como en sus domicilios.

Continuar con la educación en esta etapa de sus vidas, según Ángel, es primordial para la recuperación de los niños enfermos. «Que esté enfermo no quiere decir que no pueda seguir estudiando. Al contrario, debe seguir estudiando porque así normaliza la situación y se recupera más rápidamente, ya que, psicológicamente, tiene la mente ocupada: hace deberes, actividades extraescolares, aprende la lección…. Todo lo que sea eliminar obstáculos es útil para el niño».

En unos tiempos en los que la palabra maestro parece estar denigrada, a este conquense le gusta que le llamen así. «Es una palabra muy bonita». Jubilado hace un año, empezó a impartir clases en el hospital y se presentaba en las habitaciones como «soy el maestro». Muchos chicos le «miraban raro» y no querían recibir la clase. Sin embargo, después de varios días con ellos, algunos incluso lloraban cuando se terminaba.

El uniforme de trabajo de Ángel ha sido durante años una bata blanca, que «debería de haber sido de colores». Tal vez para aportar ese toque de optimismo que en ocasiones se necesita para afrontar situaciones duras y seguir adelante con la mejor sonrisa. «He vivido momentos muy duros. Chicos con los que he trabajado y al día siguiente ya no estaban… te quedas sin palabras de consuelo». En la mayor parte de los casos, los alumnos se recuperan y llega la recompensa: «No hay nada más bonito que sigan viniendo a verte».