Máquinas trabajando en el recrecimiento del embalse de Yesa
Máquinas trabajando en el recrecimiento del embalse de Yesa - Fabián Simón
Embalses

El Estado dejó sin ejecutar en 2017 el 40% de la inversión prevista para Yesa

De los 25,85 millones que prometió para el recrecimiento de este embalse, gastó 15 millones de euros

ZaragozaActualizado:

El Estado dejó sin ejecutar el 40% de la inversión prometida en 2017 para avanzar en el recrecimiento del embalse de Yesa, la más emblemática obra del aragonés Pacto del Agua de 1992. De los 25,85 millones de euros que presupuestó el Gobierno central, la cantidad realmente gastada ascendió a apenas 15,23 millones de euros. Los restantes 10,3 millones no se gastaron.

Así lo reconoce el Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente en una respuesta parlamentaria con la que recientemente contestó una pregunta por escrito presentada en el Congreso por el diputado aragonés Gonzaló Palacín, del PSOE.

El recrecimiento del embalse de Yesa es fundamental para apuntalar la consolidación y expansión de los regadíos en las Cinco Villas. Desde hace decenios, acumula continuos retrasos e incumplimientos de los calendarios que se han ido anunciando con el paso de los años.

El primer problema surgió cuando se dinamitó lo pactado en 1992 respecto a Yesa: los partidos de izquierdas -con el concurso del PSOE- recortaron sustancialmente el proyecto. El pantano original tiene capacidad para un máximo de 447 hectómetros cúbicos de agua; el recrecimiento pactado en 1992 acordó triplicar esa capacidad, elevar la presa para que pudiera recoger hasta 1.525 hectómetros cúbicos de agua. Pero, a vueltas con las estrategias de las izquierdas contra el trasvase del Ebro que proyectó el PP de Aznar, la «nueva cultura del agua» que abanderaron acabó achicando el propio Pacto de 1992. Y Yesa fue uno de los proyectos damnificados: batallas políticas y legales contra la obra, polémicas, movilizaciones contra ese recrecimiento... Al final, además de retrasos, supuso rebajar el recrecimiento: la nueva presa tendría una capacidad máxima de 1.079 hectómetros cúbicos, casi 500 menos que lo acordado en el Pacto del Agua de 1992.

Durante la etapa de gobiernos de Rodríguez Zapatero, las obras de Yesa se vieron salpicadas por demoras e incumplimientos de los plazos que se iban anunciando. Ahora, el recrecimiento de este embalse está encarando su recta final, pero en los últimos años tampoco ha quedado ajeno a los incumplimientos. El porcentaje de ejecución presupuestaria de 2017 da fe de ello. El calendario, también: en 2011 el Gobierno afirmó que el recrecimiento de Yesa estaría terminado en septiembre de 2016, pero las obras no han acabado y estamos ya en marzo de 2018.

No es el único embalse del Pacto del Agua de 1992 que sigue esperando turno más de 25 años después de aquel histórico acuerdo que alcanzaron las Cortes de Aragón por unanimidad -en aquel momento no tenía representación parlamentaria la Chunta-.

Biscarrués-Almudévar

En la misma contestación parlamentaria que ha recibido hace unos días el diputado aragonés Gonzalo Palacín, el Gobierno reconoce que también dejó sin ejecutar el 35% de las inversionesque había presupuestado para otro emblemático proyecto del Pacto del Agua de 1992, el del sistema de regulación Biscarrués-Almudévar, largamente demandado por Riegos del Alto Aragón.

En este caso, de los 26,6 millones de euros que el Estado presupuestó para el ejercicio 2017, la cantidad realmente gastada ascendió a 17,19 millones de euros. Correspondieron a trabajos y trámites relacionados con la primera fase de este proyecto -tales como las expropiaciones y ocupación de terrenos-. Fue a primeros de año cuando el Ministerio adjudicó definitivamente las obras de construcción de la presa de Almudévar, que se prolongarán durante cuatro años, costarán 102 millones de euros y dotarán a Riegos del Alto Aragón de un embalse con capacidad para un máximo de 169 hectómetros cúbicos de agua.

Tanto el recrecimiento de Yesa como el sistema de regulación Biscarrués-Almudévar acumulan décadas de retraso. Hace muchos años que debían haber estado terminadas esas obras, si se hubiera cumplido el calendario que las Cortes de Aragón -con el beneplácito del Estado- fijaron en el histórico Pacto del Agua de 1992.