San Juan de la Peña, panteón real ligado íntimamente a los orígenes de la Corona de Aragón
San Juan de la Peña, panteón real ligado íntimamente a los orígenes de la Corona de Aragón - Fabián Simón
Cultura

Los curiosos cementerios elegidos por los reyes de Aragón para su descanso eterno

Una exposición recorre los panteones reales de una dinastía que se convirtió en potencia del Mediterráneo

ZaragozaActualizado:

Del abrigo rocoso de San Juan de la Peña, en el corazón del Pirineo aragonés, a la catedral de Barcelona que mira hacia el Mediterráneo, pasando por el rigor de los Monegros o el cenobio oscense de San Victorián, en el Sobrarbe aragonés. Son algunos de los rincones elegidos por los sucesivos reyes de Aragón para su descanso eterno. Enclaves llenos de significado histórico, a menudo poco conocidos, y que ahora son objeto de una exposición centrada exclusivamente en lo que son y lo que fueron estos panteones reales.

La muestra recorre la historia del Reino y la Corona de Aragón de la mano de los lugares en los que decidieron ser enterrados sus reyes. La ubicación, en gran parte, está condicionada a la propia evolución geográfica del Reino, desde que nació en unos pequeños condados del Pirineo central, hasta que se convirtió en potencia internacional tras siglos de expansión peninsular, de incorporación de los condados catalanes y de ocupación de múltiples territorios bañados por el Mediterráneo.

El Monasterio de San Juan de la Peña es el primer enclave convertido en panteón de reyes. Un rincón labrado en las entrañas del Pirineo, en un abrigo rocoso cargado de simbolismo. El recorrido sigue por el cenobio de San Victorián, en la también pirenaica comarca del Sobrarbe. De ahí pasa a Santa Cruz de la Serós, cerca de la localidad altoaragonesa de Jaca; continúa por el castillo de Montearagón (Huesca), lugar en el que fue enterrado Alfonso I El Batallador, cuyos restos se trasladaron luego a la iglesia medieval de San Pedro el Viejo, en Huesca capital, que también fue panteón real.

La lista de cementerios reales de la Corona de Aragón incluye también, entre sus puntos destacados, al Monasterio de Santa María de Sigena, en la también oscense localidad de Villanueva de Sijena, en la comarca de los Monegros. En ese cenobio fueron enterrados la reina Doña Sancha, que además fue fundadora del monasterio, y el rey Pedro II.

En los dominios catalanes de la Corona de Aragón, los reyes también eligieron enclaves para su descanso eterno. Es el caso de los centros monásticos franciscanos de Barcelona y de Lérida, donde fueron enterrados los reyes aragoneses Alfonso III y Alfonso IV, respectivamente. Y los dos grandes panteones reales de esencia mediterránea e inspiración gótica ubicados en la provincia de Tarragona: los monasterios cistercienses de Santes Creus y de Poblet.

La exposición dedicada a los panteones reales del Reino y la Corona de Aragón puede verse hasta el 17 de marzo en la Sala de la Corona del Edificio Pignatelli, la sede central del Gobierno aragonés en Zaragoza. Organizada por el Ejecutivo autonómico en colaboración con la Fundación Ibercaja, la muestra exhibe 144 piezas que abordan el simbolismo religioso, el contexto histórico y el valor artístico ligado a estos panteones reales.

Entre los aspectos que aborda la exposición se incluye un espacio específicamente dedicado a las ceremonias fúnebres, a la muerte del rey, «que siempre era un momento crítico para el reino, aunqu eestuviera asegurada su sucesión», explican los organizadores de esta muestra. La exposición también recuerda a los miembros de la Casa Real aragonesa que, por razones de estrategia política o de alianzas con otras potencias del momento, fueron sepultados fura de los dominios de la Corona de Aragón. Fue el caso de varias infantas aragonesas que se casaron con monarcas europeos; o el del rey Fernando II de Aragón (El Católico), cuyos restos están sepultados junto a los de la reina Isabel en la Capilla Real de Granada, el lugar que ambos eligieron envida para su descanso eterno.