Los mossos contienen a manifestantes independentistas
Los mossos contienen a manifestantes independentistas - AFP

Torra actúa para controlar a los Mossos

Necesita una cúpula policial más «amable» para gestionar la sentencia del 1-O

Barcelona / MadridActualizado:

La herida del 1-O en el seno de los Mossos d’Esquadra sigue abierta y está lejos de cicatrizar. Más allá del juicio del Supremo -en el que la Fiscalía concluyó que la Policía catalana colaboró con el desafío independentista- quedan pendientes de desenlace la causa que en la Audiencia Nacional sentará en el banquillo al mayor Josep Lluís Trapero y varias investigaciones que colean en juzgados por actuaciones de los Mossos el 1-O. La desconfianza de buena parte de los mandos hacia el Govern de Quim Torra por sus veleidades separatistas -en buena parte por la herencia envenenada de Puigdemont y su exconsejero de Interior, Quim Forn- es una de las piedras que más pesa en la mochila de Miquel Buch, un declarado independentista que lleva poco más de un año al frente de la Consejería de Interior. El propio Buch está imputado por desobediencia en una pieza del 1-O.

La Generalitat sabe que dentro de pocos meses -en la segunda quincena de septiembre con toda probabilidad-, se conocerá la sentencia. Para ese momento, si es que hay condenas por rebelión, se espera una fuerte convulsión social y Quim Torra no quería afrontar ese momento con una cúpula de los Mossos que había dado muestras claras de independencia. Si hay incidentes -y es muy posible que los haya- la Generalitat necesita una cúpula policial más «amable», y se ha puesto manos a la obra.

Los estertores del 1-O son, de alguna manera, una carga heredada por Buch, pero no lo han sido otras polémicas en las que el consejero de Interior se ha visto involucrado, o directamente ha sido protagonista. Una de ellas fue a raíz de unas cargas de los Mossos en Terrassa (Barcelona) y Gerona en diciembre del año pasado contra grupos próximos a la CUP que querían reventar sendas concentraciones de ultraderecha. La CUP pidió al «president» Torra la cabeza del consejero, y éste, condicionado por las críticas, dijo que no le «temblaría el pulso» para depurar responsabilidades en la Policía autonómica. Estas declaraciones indignaron a los mandos policiales.

Políticamente, Buch también se vio envuelto en otra polémica por la creciente inseguridad en las calles de Barcelona. En plena campaña de las municipales, la alcaldesa, Ada Colau, acusó al consejero de abandonar la capital en materia de seguridad y dijo que no descartaba que lo hiciera con «fines electorales». Desde la consejería negaron entonces la mayor, aunque sí se reconocía un déficit de agentes en Barcelona, como en otras zonas.

La decisión del Govern de crear una especie de guardia pretoriana de protección para Quim Torra, dependiente de la Consejería de Presidencia, y al margen de la dirección de los Mossos, también indignó a la cúpula policial. «Hacemos ese trabajo desde hace más de 130 años: no se sabe a qué viene esto», aseguran fuentes de la cúpula del Cuerpo catalán, que alertan de que esa unidad pueda ser confundida con una especie de «policía política».

La distancia entre los mandos policiales y sus jefes políticos se fue haciendo cada vez más grande en los últimos meses, aspecto a tener en cuenta para entender la destitución de Miquel Esquius como comisario jefe. La relación de la cúpula política con el ya exjefe policial era pésima. Las declaraciones de Trapero y su sucesor, Ferran López, como testigos en el Supremo y que se han convertido en pruebas claves para una condena, aumentaron la desconfianza.

Buch ha puesto en el lugar de Esquius a Eduard Sallent, de corte independentista aunque respetado en los Mossos y calificado de astuto y buen profesional pese a su poca ascendencia de momento sobre el Cuerpo, según fuentes consultadas. A su vez, los cambios que Sallent ha emprendido ahora en la cúpula policial son una especie de «cal y otra de arena», en cuanto a su relación con el desafío secesionista. El nombramiento más destacado es el de Cristina Manresa como jefa de la comisaría superior de coordinación central que, pese a estar imputada por su papel el 1-O, tiene buena aceptación entre las bases policiales.