Patricia González (izquierda) y María Sevilla (derecha), imputadas por el secuestro de sus hijos
Patricia González (izquierda) y María Sevilla (derecha), imputadas por el secuestro de sus hijos

Los policías que «aman» a los jueces

Así trabaja la Unidad Adscrita a los Juzgados de Madrid, que en un mes ha detenido a dos madres secuestradoras

MadridActualizado:

¿Qué tienen en común un asesino que tiró el cadáver de su mujer al río Sena, el actor Willy Toledo, los responsables de la estafa de Idental y la asesora de Podemos María Sevilla que secuestró a su hijo? No es un acertijo. Lo que aúna todos estos casos y la abigarrada lista que se puede sumar es que todos los protagonistas han sido detenidos por los mismos agentes: los miembros de la Unidad Adscrita a los Juzgados de Madrid (UAJ), los policías que «aman» a los jueces (o al menos los que más conviven con ellos).

«La relación es muy estrecha, de tú a tú. Evidentemente no igual con todos, pero en general es buena porque el espíritu con el que funciona esta unidad es de absoluta colaboración y lealtad con jueces y fiscales. Vamos de la mano». Son palabras de Pedro Agudo, el inspector jefe de Policía Nacional que está al mando de esta unidad y que ejerce de orgulloso padre de ceremonias. Esa colaboración no podía ser de otro modo por la propia definición del servicio y porque son una unidad de Policía Judicial. Hace dos años se decidió reforzarla y apostar por ella hasta el punto de triplicar el número de integrantes y su especialización. Las miles de investigaciones y diligencias que entran cada día en los juzgados madrileños necesitaban una respuesta directa y eficaz.

En un mes han detenido a María Sevilla y a Patricia González, dos madres que habían secuestrado a sus hijos y de los que sus padres ni siquiera sabían si estaban vivos. Ambas habían denunciado a sus exparejas por abusos sexuales a los pequeños, hechos falsos según la Justicia, y ambas estaban reclamadas por sendos juzgados de Plaza de Castilla. «Hicimos un análisis muy exhaustivo de los ambientes y perfiles de los objetivos, así trabajamos siempre. Lo más difícil es sistematizar el propio medio ambiente de la persona que buscamos, es decir, sus rutinas», explica Agudo.

La unidad ha cumplido ya 32 años, pero fue en 2017 cuando la Jefatura Superior de Policía de Madrid optó por ese empuje dotándola de personal: de 16 a 48 agentes, aunque a día de hoy están en números rojos por los ascensos de trece de sus miembros. Agudo, que se incorporó entonces, pudo seleccionar a quienes le iban a acompañar en esa «minicomisaría» y eligió a policías con experiencia en investigación de todas las especialidades que pudo: desde un experto en informática, a un geo, pasando por especialistas de Policía Científica, en Judicial, en Extranjería o en vigilancias.

Tanto Sevilla como González, vinculadas a la asociación «Infancia Libre», habían adoptado medidas de seguridad propias de experimentados delincuentes: ni teléfonos a su nombre, ni cuentas corrientes ni direcciones postales ni siquiera colegio para sus hijos. Una infancia más que libre, caótica, y que miraba de perfil a la justicia. La pista del entorno cercano a esas mujeres les llevó hasta sus escondites en Villar de Cañas y La Cabrera. La Unidad está trabajando ya en un informe que aglutine los casos, convencidos de que actuaban como una organización de la mano de los mismos profesionales (abogados, psiquiatras, psicólogos, etc.), que les asesoraban de forma directa, y de que van a encontrar más hechos similares. De hecho ya han recibido alguna denuncia que apunta a secuestro de otra madre.

La Unidad Adscrita a los juzgados, dividida en cuatro grupos (tres de apoyo a los jueces y uno a la Fiscalía), se reinventó con estrella. En sus primeras semanas tras reforzarse detuvieron a Valentín Tejero, el asesino de la pequeña Olga Sangrador a la que violó y mató en 1992. Había sido excarcelado tras la anulación de la doctrina Parot y abusó de la nieta de unos conocidos. También en esas fechas (noviembre de 2017) arrestaron a un individuo al que buscaba Francia como sospechoso de haber asesinado, descuartizado y arrojado al río Sena a su exmujer en 1995. Las indagaciones les llevaron hasta Utrera (Sevilla) donde el prófugo vivía como un eremita ayudado desde el exterior.

Indicativo España

Pero no todo es relumbrón. El día que menos reciben 47 asuntos; el que más hasta 120; una barbaridad. Hay investigaciones puras y duras de delitos, detalla Agudo, averiguaciones de domicilio y paradero; buscas y capturas, órdenes de detención e ingreso en prisión, peticiones de gestiones bancarias, averiguaciones de otros datos que requiera un juez. «Lo que nosotros podemos hacer, lo hacemos. Lo que no, se lo pasamos a otras unidades. Por ejemplo si tenemos a un pederasta por Telegram lo mandamos a los compañeros de la Unidad de Investigación Tecnológica». Ellos se encargaron de la detención del actor Willy Toledo, de la del acosador en redes de Albert Rivera, de gestionar las primeras denuncias de los perjudicados de Idental. Pusieron las esposas el año pasado al conocido como «rey de la burundanga» que drogaba y robaba a sus víctimas y capturaron a Helmut Maurer, un estafador buscado por varios países que se había refugiado en una casa de campo de Valencia tras conseguir un botín de 16 millones de euros.

Son los encargados de abrir las puertas de los juzgados madrileños a otros policías que necesiten alguna gestión, por la ya citada cercanía, y los acompañantes de las comisiones judiciales en un zeta: Indicativo España. Ese es su nombre. Policías sin uniforme al calor de las togas.