Ines Granollers (ERC), diputada en el Congreso - IGNACIO GIL / Vïdeo: Junqueras jura la Constitución en el Congreso el pasado 21 de mayo

El juramento a la Constitución, un trámite reglado en Europa

En ningún país se aceptaría el uso arbitrario de fórmulas imaginativas o dudosas

BruselasActualizado:

En todos los grandes países europeos, democracias consolidadas sin excepción, el ritual del juramento de fidelidad a la Constitución es uno de los elementos esenciales del engranaje institucional. No se aceptan excepciones ni interpretaciones excéntricas. Esta semana ha sucedido en Bélgica, un pequeño país donde las tensiones lingüístico-nacionalistas pesan mucho más que en España, pero que sobrevive todavía precisamente porque hasta ahora a nadie se le ha pasado por la cabeza rebasar las líneas de la legalidad. A muchos les provocará cierta envidia comparar los usos de un país que no ha cumplido ni siquiera doscientos años de existencia con el espectáculo teatral en que se ha convertido este trámite en uno tan viejo como España.

En la ceremonia de juramentación de la Constitución de los 150 diputados de la Cámara del Parlamento Federal no faltaron algunos incidentes, pero no tienen nada que ver con lo que se ha visto en el Congreso de los Diputados, que a juzgar por la tradición belga, aquí habrían sido considerados como excentricidades inadmisibles. La frase que los diputados belgas deben pronunciar es muy sencilla y solo tiene cuatro palabras: «Juro observar la Constitución». No debe eludir ninguna de estas palabras ni puede añadir otras.

Según el uso histórico del legislativo belga, el diputado puede elegir la lengua en la que hace este juramento, ya sea en francés, en neerlandés (flamenco) o en alemán, puesto que existe una pequeña comunidad de habla alemana reconocida constitucionalmente. Y según la lengua que elija para pronunciar la fórmula, el diputado quedará adscrito a una sección lingüística, ya que en los complejos equilibrios comunitarios esto tendrá después una importancia política relevante para intentar establecer siempre equilibrios entre unos y otros a la hora de los votos en las principales decisiones .

Los miembros de esta legislatura que fue elegida el 26 de mayo -y que, por cierto, es tan compleja que todavía no se vislumbra ninguna opción para formar una mayoría- incluían por primera vez a diputados surgidos del gran debate sobre la escisión de dos distritos flamencos de la circunscripción de Bruselas. Una diputada de origen flamenco pero que representa a uno de estos distritos habitados mayoritariamente por francófonos y que había sido elegida en una lista en la que se alternaban candidatos de las dos lenguas, la comunista Maria Vindevoghel, intentó pronunciar la frase alternando una palabra en cada lengua, algo que ella interpretaba como un gesto de flexibilidad. Pero el presidente de la Cámara, en el momento de su constitución el diputado de más edad, Patrick Dewael, le llamó al orden de forma contundente y ahí terminó la discusión. Los 150 diputados prestaron juramento a la Constitución «del pueblo belga» como se enuncia oficialmente, haciendo honor al estribillo del himno nacional que describe los tres pilares de su sistema político: «¡El Rey, la Ley, la Libertad!».

En otros países donde no hay una constitución escrita, como es el caso del Reino Unido, desde 1886 los miembros de la Cámara de los Comunes juran fidelidad a la Reina Isabel II como fórmula equivalente. Los parlamentarios deben declamar una frase cerrada en la que ha de mencionar su nombre para comprometer su «fidelidad y lealtad a Su Majestad la Reina Isabel II, sus herederos y sucesores según la ley. Que Dios me ayude». En Londres ha habido a lo largo del tiempo alguna discusión sobre la fórmula que tradicionalmente incluía desde la edad media la invocación «juro por Dios» y que desde 1978 puede ser sustituido por la versión «laica» en la que el diputado dicie: «Declaro y afirmo solemnemente y verdaderamente que seré fiel y leal a Su Majestad la Reina Isabel II y sus sucesores, según la ley». Algunos «speakers» han aceptado el uso de lenguas minoritarias, como el galés u otros dialectos, siempre que no se cambie el contenido del juramento, e incluso está previsto que se utilice un libro sagrado diferente a la Biblia según las creencias del representante. Lo que no cambia es el hecho de que hasta que un diputado electo no ha hecho esta manifestación, no percibe su salario ni puede participar en las votaciones y sus escaños pueden ser declarados vacantes, legalmente es «como si hubiera muerto».

El parlamento autonómico de la provincia británica de Irlanda del Norte es el único en el que sus miembros no han de prestar juramento alguno, aunque si firman un pliego de compromisos estrictos que deben observar durante el ejercicio de sus funciones. Los diputados del Sinn-Fein, el considerado brazo político de los terroristas del IRA, pueden ser elegidos como representantes de este territorio en el parlamento de Londres, pero hasta ahora se han negado a prestar juramento de fidelidad a la Reina y, en consecuencia, no perciben salario ni participan en las votaciones. Pueden ser objeto incluso de una multa de 500 libras. En 2010, les fue ofrecida la posibilidad de que redactasen ellos mismos una fórmula, para romper esta posición de aislamiento, pero la iniciativa no tuvo éxito. El año pasado fue noticia que por primera vez un diputado de un partido irlandés, el Fianna Fail, (socialdemócrata) elegido en Irlanda del Norte, aceptaba prestar juramento de lealtad a la Reina de Gran Bretaña, para poder participar en la vida parlamentaria en Londres, a pesar de sus sensibilidad «republicana».