Ada Colau - EFE

Colau rechaza integrarse en un pacto independentista con ERC

El PSC hará «lo que haga falta» para que Valls y comunes eviten la alcadía de Maragall

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Giro a la izquierda, o giro al independentismo. El ajustadísimo resultado de las elecciones municipales en Barcelona ha colocado a los grupos que obtuvieron representación, y especialmente al de la aún alcaldesa, Ada Colau, y al de Manuel Valls, en una interesante encrucijada: aceptar que ERC, ganadora de los comicios, convierta la ciudad en punta de lanza de la estrategia secesionista, o tratar de formar o propiciar un gobierno que refleje lo que en realidad sucedió el domingo en la capital catalana. Esto es, un retroceso del número de ediles independentistas –18 en 2015, 15 en 2019– frente al crecimiento del bloque de izquierdas, 28 ediles sobre un pleno de 41. Paradojas de la política, el pinchazo secesionista unido a la división del resto podría otorgar al «procesismo» el trofeo de Barcelona.

Tras conocerse la ajustada victoria de ERC –empate a diez concejales y apenas 5.000 votos de diferencia con BComú–, su candidato Ernest Maragall ya lanzó la idea de trabajar a favor de un tripartito en clave «indepe» que integrase a los comunes y a Junts per Catalunya, una fórmula que ayer mismo rechazó de plano Ada Colau, que considera un error plantear las negociaciones pensando en el «procés» y no en las políticas de ciudad. Colau, frente a la fórmula independentista, propuso trabajar a favor de otro tripartito, pero escorado a la izquierda y formado por comunes, republicanos y socialistas, una alternativa que, a su vez, ERC y el PSC también descartan. Atrapados en un juego de vetos cruzados, Colau apuntó que su grupo solo descarta negociar con JpC, la plataforma liderada por Manuel Valls y, obviamente, el PP.

El cambio de tono de Colau fue evidente: del entreguismo de la noche electoral, en la que dio por descontada la alcaldía para Maragall, a las palabras de ayer, pidiendo abrir «negociaciones discretas» y reprochando a Maragall hasta sus formas, en concreto la invitación de éste a que le acompañe a visitar en breve al candidato de JpC encarcelado Joaquim Forn, lo que la alcaldesa rechazó.

En este contexto, solo los complejos de los comunes podrían frustrar la posibilidad de que Barcelona se librase de tener un alcalde independentista, como sucederá si no se arma una mayoría alternativa antes del pleno de investidura del día 15 de junio.

Donde con más ahínco trabajan en esta fórmula es en el PSC, cuyo primer secretario, Miquel Iceta, apuntó que los socialistas harán «lo que haga falta para que Barcelona tenga el mejor gobierno posible, y eso pasa por no tener un gobierno independentista». El candidato Jaume Collboni añadía con claridad que la apuesta pasa por un acuerdo entre BComú y ellos –en conjunto sumarían 18 ediles– y el apoyo de Valls en la investidura, necesario para alcanzar las 21 actas que fijan la mayoría absoluta.

Si la predisposición del PSC es rotunda, mucho más complicado es lograr que los demás partidos implicados se presten a la operación. En la candidatura de Valls –auspiciada por Ciudadanos– se mantiene el silencio, aunque una fuente interna asegura a ABC que el escenario está «abierto». En la misma línea, un destacado miembro de la candidatura del exprimer ministro francés añadía a este diario que no hay que dar por hecho nada, aún asumiendo que las dificultades son obvias, sobre todo por parte de los comunes a aceptar el socorro de Valls.

Abandonar la equidistancia

Si bien el exprimer ministro galo aseguró en campaña que había que «aislar» a independentistas y populistas por igual, podría justificar un apoyo puntual a una investidura alternativa para evitar que Barcelona caiga en manos del independentismo. Otra dificultad, probablemente la más importante, vendría por parte de los comunes, que se verían obligados a abandonar su tradicional equidistancia con respecto al «procés» para avalar un acuerdo con el PSC y el apoyo externo de Valls, aunque este fuese a la andaluza, es decir, no negociando con ellos directamente sino con los socialistas.

Aunque el resultado de la plataforma de Valls fue decepcionante –apenas ganó un edil y dos puntos porcentuales sobre el resultado de Cs en 2015–, podría acabar teniendo un papel determinante. En las últimas horas, Valls ha marcado distancias con la dirección de Ciudadanos ante los posibles acuerdos con Vox para gobernar en plazas como Madrid, anticipando una «ruptura total» si dichas alianzas se consuman. De confirmarse este escenario de ruptura con Cs, las eventuales reticencias que la operación para desbancar a Maragall podrían tener entre los comunes podrían atenuarse.

En el entorno de los comunes se asume que una decisión de este tipo –aunque recibiese el aval de las bases en una consulta interna– sería traumática y podría significar un quebranto interno.