Lugar en el que secuestraron a Diana - ABC / Vídeo: El Chicle vigilaba el lugar donde ocultó el cuerpo de Diana

El Chicle volvió al lugar del crimen un año después para disfrutar de las fiestas con su mujer y su hija

Un centenar de guardias civiles desplazados para hacer una reconstrucción coincidieron con el sospechoso

Madrid/SantiagoActualizado:

El 21 de agosto de 2017, cuando se cumplía un año de la desaparición de Diana Quer, un centenar de guardias civiles invisibles paseaban, tomaban café y ponían la oreja por las calles de A Pobra do Caramiñal (La Coruña), que estaba en plenas fiestas como la noche en que se perdió el rastro de la joven. El objetivo era reconstruir el mismo escenario y con las mismas condiciones. Unos hacían trabajo de campo y otros se afanaban en comprobaciones técnicas muy específicas en distintos puntos de la comarca de Barbanza.

Entre los centenares de personas que disfrutaban de la feria, los agentes vieron con asombro que estaba su objetivo número uno: José Enrique Rodríguez Abuín, «El Chicle», y además acompañado de su mujer Rosario Rodríguez y de la hija de ambos. Una vez más, el delincuente de poca monta hacía gala de su frialdad volviendo al lugar del crimen en un día tan señalado y ajeno a los ojos que no lo perdían de vista. «Hizo las cosas normales que puede hacer alguien que va al pueblo de al lado en fiestas», explican los investigadores sin entrar en detalle.

Dado que iba acompañado de su familia no era previsible que volviera a actuar. Durante los 16 meses que han durado las pesquisas los agentes se afanaron en buscar por toda la zona el modus operandi que se había puesto en práctica con Diana para tratar de llegar a un individuo a partir de coincidencias. No lo encontraron hasta el día de Navidad a las 22.30 de la noche.

Tanto El Chicle como su mujer les habían contado muchos meses antes, en noviembre de 2016, que habían salido juntos a robar gasóil a los feriantes de A Pobra la noche en que se perdió el rastro de Diana. Un año más tarde, todos, el principal sospechoso, quien le daba coartada y los agentes coincidían en las calles del pueblo.

Hasta dónde durmieron

En el dispositivo policial de agosto de 2017, diseñado al milímetro durante semanas, participaron funcionarios de la Unidad Central Operativa (UCO) y de la Comandancia de La Coruña de especialidades distintas. Fue el «mayor despliegue de Guardia Civil en una reconstrucción», según explicaron los corones responsables en la rueda de prensa del martes.

Se utilizaron drones para saber dónde estaba cada atracción de la feria, se revisaron cámaras, se hicieron centenares de mediciones técnicas... La diligencia fue tan detallada que los agentes calcaron los pasos y la posición de cada feriante e incluso llegaron a saber dónde pasó la noche cada uno de ellos: en una caravana, en un hotel o en otro tipo de alojamiento.

La exhaustiva información adicional obtenida sobre un colectivo que fue uno de los cuatro ejes de la investigación (junto a los vehículos, los teléfonos y el «malo») permitió descartar casi por completo que alguno de ellos estuviera implicado en el crimen. Los investigadores admitieron que buena parte de las reticencias que encontraron al intentar obtener datos obedeció a que muchos de ellos carecen de contrato y hablar podía complicarles la vida.

De las cuatro patas de las pesquisas, la de los teléfonos cruzados–con dos millones de datos de repetidores teléfonicos sobre la mesa de la Guardia Civil– era fundamental pero contenía una distorsión. Entre las 2.42 y las 2.58 (la vida del móvil de Diana) su teléfono y el de El Chicle son coincidentes salvo en la salida de A Pobra; uno sale por un lado y otro por uno distinto. «Era sospechoso, pero eso chirriaba, porque aquí las cosas se cuadran al cien por cien o no nos valen», explicaron los mandos el martes.

Cuando en julio de este mismo año, tras complejísimas diligencias se logra recuperar la información del móvil de la víctima en el extranjero, se averigua que el coche que se lleva a Diana está en el puente de Taragoña a las 2.58. Con la reconstrucción de agosto, un año después llegó la respuesta: la red de telefonía móvil estaba tan saturada aquella noche de fiestas que, pese a que los dos móviles iban obviamente en el mismo coche hasta el puente, desde donde El Chicle arrojó el de Diana, dieron posiciones distintas y parecía, por tanto, que eran coches diferentes.

«Hemos aprendido mucho»

Una empresa especializada en análisis logró completar el puzzle y reducir de 3.000 a tres los coches sospechosos y determinar después que el Alfa Romeo gris de Abuín era compatible con el buscado. «Sin los datos telefónicos habríamos tardado mucho más en resolver el caso», admite el coronel de la UCO, Manuel Sánchez Corbí. «Hemos aprendido mucho sobre investigaciones tecnológicas en este caso complejo y eso servirá para el futuro».