Isabel Avilés, presidenta de mesa de Arahal (Sevilla)
Isabel Avilés, presidenta de mesa de Arahal (Sevilla) - EFE

Elecciones 2019A Carmena y a Colau les faltaron borrachos

Los apoderados de distinto signo dan color (y alguna bronca) a la jornada electoral

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MadridActualizado:

Luego que si los españoles cenamos tarde. Gracias, Italia, por cerrar los colegios a las once y que la noche electoral fuera como quedarse a ver los Oscar por obligación. Claro que alguno ya no durmió el día antes y llegó de empalmada. El vocal de un colegio en Salamanca se presentó como una cuba a ocupar su puesto en el barrio de Pizarrales y tuvo que ser sustituido. El cómico Ignatius Farray tiene una teoría sobre por qué ganaron Carmena y Colau hace cuatro años: porque votaron los borrachos, que empalmaron los bares con las urnas. Votar, vale.

Lo que no pueden los borrachos es ser vocales. A Isabel Avilés, la presidenta de la mesa de Arahal, en Sevilla, no se le ocurrió llegar habiéndose bebido tres botellas de Tío Pepe. También es verdad que está dando de mamar a su hija de diez meses y lo mismo no le viene bien el fino. Presentó un recurso a la Junta Electoral para librarse, pero no fue aceptado. La ley electoral sólo contempla la exención si el niño tiene nueve meses. Ay, casi. Así que su familia se lo llevó al colegio y, mientras seguía allí sentada ejerciendo de presidenta, le dio de mamar.

Otro momento de destape (pero sin fines alimenticios) se produjo en el colegio Sant Miquel de la calle Roselló de Barcelona, donde un apoderado de Vox llamó la atención a una de ERC por la camiseta que llevaba. Se leía «Free all catalan political prisoners» (Libertad para todos los presos políticos catalanes). Se la quitó allí mismo, delante del tipo, y se quedó en sujetador (bastante feo, color carne en dos tonos; aunque a lo mejor iba preparada y pensó que era bonito para enseñarlo). Le dio la vuelta a la camiseta y se la volvió a poner. Toda soleta. Me recordó a cuando una monja me dijo que besara el suelo por haber dicho alguna palabrota y yo saqué la lengua y chupé las mugrosas losas.

Lo cierto es que los apoderados dan animación al colorín. Es como poner enemigos visibles y con acreditación en los colegios. En La Navata, donde votó Pablo Iglesias, un apoderado de Vox le clavó los ojos sin moverse, con cara de pocos amigos. Con una expresión entre «Los hombres que miraban fijamente a las cabras» y la adusta Greta Thunberg. Le faltaban las trenzas. Iglesias, un valiente, se acercó a darle la mano después de que el otro no consiguiera fulminarlo. Podría haber sido peor con su cursilería. Soltarle «¿Qué es poesía? Dices mientras clavas tu pupila en mi pupila...

Otra sobreactuación tuvo lugar por parte de la de la camiseta y de otras dos apoderadas más de ERC que se dieron la vuelta y la espalda al candidato Manuel Valls cuando este llegó a votar, que lo hacía casualmente en ese colegio tan animado. «No te camelo», tendrían que haberle dicho, como Omar Montes a Pantoja en «Supervivientes». Aunque es más grave. Es como «El tiempo del desprecio» de Malraux. Se conforman con un desplante infantil porque en un colegio no van a desinfectar como hacen otras veces con los de Ciudadanos.

No había sido constituido un colegio en Venta de Baños (Palencia) y una mujer intentó meterse en el bolso todas las papeletas del PP, que no habían sido ni colocadas. Al verlo, un apoderado del PP llamó a la Policía Local. Según informaron, se trataría de una candidata que aparecía en las listas del PP pero que renunció a última hora. Y las papeletas tenían su nombre. IU ha impugnado la candidatura por aparecer en el número 3 de la lista Noelia Ruiz González «sin autorización expresa de dicha persona». En Lorca (Murcia), un apoderado de Ciudadanos y padre del candidato a la alcaldía fue acusado de manipular y retirar papeletas de CiudaLor.

A Manuela Carmena y a Ada Colau este año les han faltado borrachos de empalmada en Madrid y Barcelona. Sólo nos queda esperar la valoración de los politólogos que saben. Es decir, de Ignatius Farray.