Colau y Maragall, en un debate de esta campaña electoral
Colau y Maragall, en un debate de esta campaña electoral - EFE

Barcelona se debate entre el populismo y el independentismo

El «procés», la mala gestión de Colau y los posibles pactos marcan la campaña

BarcelonaActualizado:

Una doble amenaza sobrevuela Barcelona. A falta de menos de 48 horas para que acabe la campaña, el Ayuntamiento de la capital catalana parece abocado a seguir pivotado por el equipo populista de Ada Colau o a estar controlado, por primera vez, por ERC. Las encuestas coinciden en ver una clara ventaja de la actual alcaldesa y candidata a la reelección y el alcaldable republicano, el exsocialista Ernest Maragall, del resto de candidatos. Según los sondeos, ambos estarían en empate técnico. La batalla entre populistas y separatistas, que podría acabar en una alianza porque ni unos ni otros se acercarían a una victoria holgada, está servida.

Tanto es así que, tras meses de coqueteo en los que ambos han repetido su afán por conseguir un gobierno «de izquierdas y progresista», la campaña les ha hecho acabar en el barro, aunque lo justo. Colau le ha reprochado a Maragall que pueda buscar un pacto con Junts per Catalunya (JpC), una fuerza claramente de derechas, según los «comuns.» Él le ha respondido recriminándole el legado que deja a la ciudad en materia de seguridad, vivienda o economía, aunque ha evitado atacarla por su supuesta falta de implicación en el procés, quizás a sabiendas de que los comunes ya han politizado el Consistorio a favor de la causa.

El relativo «fair play» se ha atenuado esta semana a costa de la cuenta atrás por el 26-M y también por un decreto ley para regular el precio del alquiler de la vivienda, una cuestión muy de Colau -exactivista de la PAH- que curiosamente la Generalitat ha aprobado esta semana. Muy indignada, ella ha tachado de electoralista la medida.

Ambos, además, han acabado cuadrando un cara a cara «in extremis» para contraponer sus modelos de ciudad: Colau quiere seguir con su transformación -pero con seis de los once miembros de gobierno nuevos- para «ganar el futuro», y Maragall espera «redefinir Barcelona» partiendo de la base de que será la capital de la república -y con una excomuna soberanista, la exdiputada en el Parlament Elisenda Alamany, como número dos-.

La cita a dos de mañana les servirá también para luchar por el primer puesto en las urnas: si pactan, algo posible, los escasos votos que puedan separarles serán cruciales para que uno u otro coja la vara de alcalde. Lo que parece seguro es que ni a unos ni a otros se acercará JpC, que hace cuatro años casi consiguió la alcaldía y a la que se le anticipan malos resultados, confirmándose el sorpasso del 28-A.

¿El «voto útil», al PSC?

El tercero en discordia en el trono municipal es el PSC. Tras los últimos años en caída y a pesar de haber formado gobierno con Colau durante un año, los socialistas han levantado el vuelo gracias a los últimos resultados en el 28-A y se postulan, según las encuestas, como la tercera fuerza más votada en la capital catalana. Su candidato Jaume Collboni -el único que repite junto a Colau- aspira a volver a ver el socialismo en los despachos de la alcaldía y que «volvamos a ser Barcelona». Paradójica es su fórmula para conseguirlo: tras años intentando marcar distancias de Cs y PP por considerarlos demasiado duros en el debate «nacional», el PSC levanta la bandera del constitucionalismo y se postula como el «voto útil» ante Colau o Maragall. Con todo, Collboni está evitando contestar a sí volvería a pactar con Colau y se limita a criticar el mandato cerrado por los «comuns» y a decir que no confía en ella. Tampoco mencionan, ni uno ni otro, el pacto de gobierno que pueden acabar cerrando en Madrid Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, aunque el líder local del PSC insiste en que a Barcelona le interesa «tener un aliado en la Moncloa».

Este posible acuerdo es el que hace temer los peores presagios a Manuel Valls sobre el futuro gobierno. El exprimer ministro francés, candidato auspiciado por Ciudadanos, lamenta que Collboni no esté siendo claro y se define como la única opción que no engaña y, por lo tanto, «la que conviene», como dice su lema. Además, ayer insinuó que la todavía alcaldesa puede tener un pacto con Sánchez para ser ministra en su futuro gobierno.

Como la propia ciudad, el PP también se juega mucho el domingo. A la formación no le llegan buenos pronósticos, a pesar de su claro mensaje contra el separatismo, el populismo pero también el socialismo que tanto Collboni como Valls promueven. Su candidato, Josep Bou, que ayer estuvo arropado por Pablo Casado, ha gastado literalmente las suelas de los zapatos para expandir su mensaje por una «Barcelona libre».