La baba del caracol

El nacionalismo y la izquierda, si es que no es lo mismo, han sido quienes siempre han aplicado los cordones sanitarios en Cataluña

Salvador Sostres
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El vicepresidente de la Generalitat, Pere Aragonés, ha acusado al presidente del Gobierno de aplicar un «155 político» por el posible pacto del PSC con Colau para que continúe siendo alcaldesa.

Esquerra fue quien primero aplicó el «155 político» en Cataluña, con el Pacto del Tinell, estableciendo un cordón sanitario contra el Partido Popular y en menor medida contra Convergència. Luego aplicó el «155 legislativo», con las llamadas leyes de transitoriedad jurídica, que eran la preparación de un golpe al Estado, y para aprobarlas pisoteó no sólo la más elemental legalidad sino los derechos parlamentarios de la oposición, que abandonó el Parlament al verse atropellada. En cualquier caso, tampoco don Pere puede quejarse demasiado de la aplicación real del artículo 155, pues él fue, junto a Elsa Artadi, uno de los principales colaboradores de Roberto Bermúdez de Castro, que no habría podido realizar su magnífica labor sin la valiosa, solícita, generosa aportación que ambos dirigentes le prestaron para poder seguir cobrando sus sueldos.

El nacionalismo y la izquierda, si es que no es lo mismo, han sido quienes siempre han aplicado los cordones sanitarios en Cataluña: contra el PP, contra Ciudadanos, contra Vox y ahora contra los tres juntos –y por separado–. Todo lo contrario, cuando el nacionalismo –tanto Esquerra como Convergència– han querido pactar con el Gobierno han podido hacerlo y han recibido a cambio cuantiosas contrapartidas.

En su delirio victimista, y en el callejón sin salida de su independentismo inviable y fallido, el independentismo está elevando a censura política un mero acuerdo postelectoral tan legítimo como cualquiera al que llegarán ellos. A fin de cuentas, Inés Arrimadas ganó las últimas elecciones autonómicas en Cataluña y los tres partidos independentistas –y perdedores– pactaron para impedirle que fuera la presidenta de la Generalitat. ¿Aplicaron los independentistas un 155 político contra Ciudadanos o eso es sólo cuando va en contra de su estrategia política?

Es significativo que Aragonés hiciera estas declaraciones en el Aplec del Cargol de Lérida, una fiesta ruralizante que tiene por protagonistas a la gente que cría y come caracoles de tierra. Desde Puigdemont, pero muy especialmente con Quim Torra, el independentismo se ha ido alejando de la luz de la ciudad para adentrarse en el folclore rural. Resuena el tam-tam tribal al fondo de las palabras del «vicepresident» y la baba de un caracol tratando de huir inútilmente de la olla deja un rastro selvático en lo que dice.

El independentismo tiene un fin de trayecto que no quiere aceptar y unas excusas que, cada vez más, le delatan.

Salvador SostresSalvador SostresArticulista de OpiniónSalvador Sostres