Juicio a Alfredo Galán, el asesino de la baraja, en la Audiencia Provincial de Madrid, en febrero de 2005 - ABC | El caso Eva Blanco, en vídeo

El asesino de la baraja: «Quien mató a Eva Blanco es introvertido, inmaduro y con una mujer sumisa»

Tras doce en prisión, el asesino de la baraja mandó una carta a la Guardia Civil para «ayudar» en otro crimen, el de la menor de Algete (Madrid) Eva Blanco

MadridActualizado:

El depredador social y narcisista Alfredo Galán Sotillo, exmilitar y asesino en serie que en 2003 mató a seis personas y lo intentó con otras tres, demostró cuando ya llevaba doce años encarcelado que no quería quedar en el olvido y que su desfachatez no conoce límites. Condenado a 142 años de prisión, el 30 de agosto de 2015 envió desde la prisión de Herrera de la Mancha una carta a los investigadores de la Comandancia de la Guardia Civil de Madrid para «ayudar» a resolver el crimen de Eva Blanco. La chica, de 17 años, había sido violada y apuñalada en abril de 1997 en Algete (Madrid). Se contaba con un ADN pero no se había logrado poner nombre al asesino cuando faltaban menos de dos años para que prescribieran los hechos.

El caso del asesino de la baraja y el del crimen de Eva Blanco fueron dos de los más complejos para los investigadores del grupo de Homicidios de la Guardia Civil de Madrid (en el primero compartieron las pesquisas con la Policía Nacional porque mató en las demarcaciones de ambos Cuerpos). ABC ha tenido acceso a la carta de Galán en la que se atreve a trazar un perfil del hombre sin rostro, valora la personalidad de la víctima, y da consejos a los agentes, los mismos a los que él había confesado doce años antes con frialdad sus crímenes seriales. Los mismos a los que dijo «que quería experimentar la sensación de quitar la vida a un ser humano». Como no sintió nada la primera vez, solo una «indiferencia total», decidió continuar, sin miedo a que le pudieran detener. El 3 de julio de 2003, el hombre más buscado de España en ese momento, se entregó borracho en la comisaría de Puertollano (Ciudad Real) y contó que él era el asesino de la baraja o del naipe, como se le bautizó porque arrojaba una carta de la baraja española a los pies de sus víctimas, a las que no conocía de nada y que murieron solo porque se cruzaron con él en puntos de Madrid que el criminal había seleccionado.

Doce años después, la Guardia Civil seguía trabajando en una pista muy concreta sobre quien mató a Eva Blanco, una pista que era desconocida para todo el mundo, salvo para los investigadores. Siempre mantuvieron la certeza de que alguien pudiera ayudar, de ahí que periódicamente el caso volviera a los medios de comunicación. Galán, con tantas horas de encierro, lo vio en televisión y escribió a los agentes. «La hipótesis de que el asesino fuera alguien de confianza es bastante factible, no es casualidad, que alguien pasara por allí… lo de las relaciones sexuales consentidas ya no me pega tanto -se barajó esa hipótesis en algún momento-, porque ella era una chica muy madura para su edad y sabía que si llegaba tarde su madre se iba a preocupar», escribió en su carta. «Fue amenazada con algo terrible, para que se desnudara y vistiera sola (…) por el trágico desenlace de la situación él se vería humillado por algo que ocurrió dentro del coche o simplemente la mató para que no hablara (…) Nunca podemos estar seguros de nuestras teorías puedan ser verdaderas», disertaba.

Asombro

Los agentes que recibieron la carta no salían de su asombro. Es habitual que los presos, sobre todo los condenados por asesinatos, envíen misivas a medios de comunicación o incluso a quienes los detuvieron, pero no es frecuente que hablen de otros casos, sino del suyo. La primera víctima de Galán fue un portero de la madrileña calle de Alonso Cano. Lo asesinó de un disparo en la cabeza tras obligarlo a arrodillarse y ponerse de cara a la pared delante de su hijo pequeño. Ni siquiera se llevó la billetera negra que había sobre la mesa. Galán estaba entonces de baja como militar del Ejército de Tierra tras haber protagonizado un altercado cuando fue enviado a limpiar chapapote del Prestige.

Galán se permitió en esa carta de cuatro folios hacer un pormenorizado análisis de unos números encontrados en el diario de la menor de Algete sobre los que hubo especulaciones de todo tipo. Según su teoría, Eva Blanco había escrito esos números para que a través de una serie de combinaciones indicaran un mes del calendario (julio) y esa palabra correspondería al nombre de alguien con quien tendría una relación. Sugirió a los investigadores que buscaran a un hombre llamado Julio.

«En aquella época tendría sobre 30 años, introvertido, inmaduro, con un trabajo que no le llenara, viviendo con los padres lo más seguro (…) ya será más maduro y con familia, con una mujer sumisa, que él se siente a gusto para poder controlarla, sin hijos, o en tal caso un solo hijo varón (…) debe de estar inseguro y esperando que pasen los 20 años para librarse, por lo que deberían presionarle con los medios de comunicación, con datos falsos para ver si comete un error».

«Recomendaciones»

Les recomendaba además situarse en el lugar del violador, tratar de ver a través de sus ojos. «No olvidemos que los investigadores nuevos deben de partir de cero y ser optimistas, ya ese promuebe (sic) la investigación. Siempre hay que animar a las nuevas generaciones de investigadores que vienen muy bien preparados». Se despedía deseándoles suerte, toda una ironía.

Un mes después, la Guardia Civil identificaba y detenía en Francia al asesino de Eva Blanco: el español de origen marroquí Ahmed Chelh, de 52 años. Cuando mató a la joven era un treintañero que vivía en una caravana con su mujer y sus dos hijos. A los dos años los abandonó y empezó una nueva vida cerca de la frontera suiza. Tenía una nueva esposa y dos hijos pequeños. No se le llegó a juzgar. Tres meses después se ahorcó en la cárcel de Alcalá Meco.