Pedro Arriola protagoniza en Sevilla el Fórum Europa Tribuna Andalucía (2012) - rocío ruz

Pedro Arriola, el «brujo» que conquistó Moncloa para Aznar y Rajoy

¿Quién es el «gurú, halcón, mago del centro derecha» español de los últimos 25 años? Graciano Palomo sondea al personaje semioculto tras la montaña de encuestas internas de Génova

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«La historia secreta del hombre que llevó a la victoria a Aznar y a Rajoy». Este es el epígrafe, o el subtítulo, como se llama en la jerga periodística en la que el autor se mueve como pez en el agua, que aparece bajo el membrete de la última publicación del veterano informador Graciano Palomo. El colaborador de ABC y de otros medios de comunicación ha escogido el llamativo rótulo de «Pedro Arriola, el Brujo» y poco habría que añadir para quienes ya conozcan al sociólogo de cabecera en Génova, 13. Para quien no sepa quién ha sido durante los últimos veinticinco años el gurú del centro derecha español, entonces añade esa explicación adicional: con él, dos hombres se han hecho fuertes y han llegado a La Moncloa.

Pero Arriola es menos notorio por ser sobrino de cuna del poeta Juan Ramón Jiménez. También es marido de una dirigente del PP, exministra de Sanidad, exalcaldesa malagueña, en la actualidad vicepresidenta de la Mesa del Congreso y militante en su juventud del Partido Comunista de España (PCE). Era el momento en que ambos se conocieron en la ciudad andaluza. Luego su ideario se acompasó al devenir de los tiempos. Aunque Palomo señala en el libro que Arriola es aséptico ideológicamente. No se circunscribe a unas siglas determinadas («Arriola es esencialmente arriolista», antepone Palomo en la página 18). Sí su mujer. Arriola, sevillano nacido en 1948, es el cónyuge de Celia Villalobos, con la que tiene tres hijos, y con su conocimiento de la demoscopia y la estadística ha conseguido que sus consejos recalen en Moncloa casi como un mandamiento. «Arriola no viene a decir tonterías», reproduce Palomo en su libro una expresión de Mariano Rajoy. Y, en efecto, no se va por esas lindes.

Pero Arriola analiza la realidad para ponerle número y probabilidad, como demanda todo ejercicio sociológico, si bien han sido varios de los «a priori» calificados como errores de este «asesor áulico» los que también le han conferido notoriedad.

Rompiendo el hermetismo del que ha hecho gala siempre el asesor y consultor político («es como una ostra», ilustra el autor), el 26 de mayo fue el protagonista de un foro donde le acompañaban otros expertos de agencias demoscópicas con la misión de interpretar el panorama electoral que habían arrojado los comicios europeos que se habían celebrado 48 horas antes. En aquella ocasión y pese a los 5 eurodiputados con que había asaltado a primera plana Podemos, la formación encabezada por Pablo Iglesias, el asesor y presidente del Instituto de Estudios Sociales (IES) tildó de «frikis» a los miembros del partido magenta sin advertir, quizás por los mimbres en que se situaba el movimiento, lo que estaba por venir (cabe recordar que el último sondeo del CIS coloca a Podemos como la primera fuerza política en intención directa de voto, no así en estimación de voto proyectado, una tabla que sigue comandando el PP de Rajoy, y eso pese al desgaste que supone estar en el Gobierno, uno de los mayores temores arriolistas).

El autor subraya los errores de tiro cometidos por Pedro Arriola en varios análisis

Los más despegados de la pomada política pudieron conocer el nombre de Pedro Arriola ese día. Por sus declaraciones y porque él mismo, a diferencia de la tónica que lo ha mantenido semioculto durante tantos lustros, se decidió a poner voz y rostro a sus impresiones electorales. Otros han podido identificarle más recientemente, cuando el presidente de las filas populares designó al consultor sevillano para que fuese su representante ante el Gobierno catalán y tratase así de buscar «in extremis» una salida a la consulta ilegal planificada por Artur Mas para el 9-N.

No obstante, Arriola ha estado presente desde 1989 y su influencia «en la mesnada popular» ha sido perpertua en decisiones trascendentales. Según publicó ABC, fue él quien repitió hasta la saciedad este último verano que el 40% de los españoles estaba en contra de la reforma de la ley el Aborto prevista por el Ministerio de Alberto Ruiz-Gallardón. Rajoy dejó caer en consecuencia esta pieza de su tablero gubernamental. Las encuestas internas del gurú proyectaban la pérdida de un gran reguero de votos si esa modificación legislativa llegaba a puerto.

Junto a la de Podemos, Palomo cavila también como equivocaciones del «halcón de la derecha» el tropiezo de Miguel Arias Cañete en la campaña de las europeas, cuando pronunció unas declaraciones tildadas de «machistas» y espetadas frente a Elena Valenciano y en el programa «Espejo Público» después. También se menta en el libro la carrera frustrada de su cercano amigo Javier Arenas para hacerse con el mando andaluz tras las autonómicas de 2012, en las que pese a ser el ganador en votos, no lo fue en acuerdos de gobernabilidad, que le arrebató el tándem PSOE+IU.

De frente ante quienes querían matar a su mujer

Poco se recuerda, y para los más desmemoriados también sirve de bastón de ayuda este libro editado en La Esfera de los Libros, que fue Arriola uno de los pocos seleccionados por Aznar para ir a Zúrich (19 de mayo de 1999) y reunirse con ETA. Se trataba de intentar desactivar las intenciones asesinas de la banda terrorista. No son baladíes los sentimientos que confesó Arriola haber experimentado cuando se enfrentaba a quienes planificaron un atentado fallido contra su propia esposa. Fue uno de los peores momentos de la vida del sevillano, hijo de militar de alta graduación, sabedor de que tras los pasos de Celia fueron a por el matrimonio íntimo amigo suyo, el formado por los Jiménez-Becerril y les arrebataron la vida delante de sus hijos.

Es un hombre con una habilidad de negociador nato, capaz de vender «neveras a los esquimales», remarca Graciano Palomo.

Contrato único con el presidente del PP

En clave más socarrona, Palomo aclara que éste no es un libro autorizado. El «Rasputín de Génova», como le bautiza el informador en comparanza con el ser más influyente en la dinastía rusa de los Romanov, prefiere mantener su siempre abigarrada discreción. Ha sido una de las claves por las que durante cinco lustrosha redefinido la estrategia de los populares, su «niño» -como llama a veces al PP-, si bien el cliente de su empresa radicada en Los Narcisos de Madrid es solo el presidente del partido, no otro, ni en otro cargo, a menos que solicite sus servicios. «Desde 1989 hasta 2014 el contrato de servicios del Instituto de Estudios Sociales, la plataforma empresarial de Pedro Arriola con el PP se ha renovado año tras año de forma ininterrumpida por 600.000 euros anuales, aunque él esgrime que su declaración de IRPF es de 204.000 euros brutos» (página 43).

«Lo que puedo contar no tiene interés y lo que tiene interés no lo puedo contar» (Arriola dixit)

¿Utiliza Arriola ademanes de brujo o mago para haber consagrado a sus dos candidatos, José María Aznar y Mariano Rajoy, y facilitado que aterrizasen en el complejo presidencial de Moncloa? Según define Palomo, el interfecto ofrece «un cóctel de intriga, poder, silencio e información reservada». No es amigo de Rajoy, pero sí influye sobre él y «marca la agenda del Gobierno»; es amigo de Aznar desde 1978, aunque «resulta manifiesto que esa relación se ha enfriado». El escritor le parafrasea para entender su «modus vivendi»: «Lo que puedo contar no tiene interés y lo que tiene interés no lo puedo contar» (Arriola dixit).

Palomo escribe que «el mito Arriola se lo ha fabricado a sí mismo, es un hombre muy inteligente y de cálculo extremado». ¿A qué se dedica en exclusiva? «Su misión fundamental es aventurar estrategias, relacionar los datos y arrojar los sondeos con las posiciones ideológicas del partido, interpretar las ambiciones del pueblo, diferenciar los intereses y preocupaciones de las capas de voto y construir unas líneas que sirvan o para conquistar el poder o para mantenerlo». Y añade algunos de los «claims» por los que se rige el buen hacer de Arriola en la interpretación de las encuestas y los reflejos de los pálpitos del pueblo. De su hornada, aunque luego se lo atribuyesen otros como el exportavoz Miguel Ángel Rodríguez, salió el tiro disparado en el Congreso del «¡Váyase, señor González!» que rompió en la bancada del Gobierno de Felipe González, un hombre al que Arriola admira en lo comunicativo y para quien, incluso y siempre según esta publicación, le hubiese gustado trabajar. También de su perenne escritura en lápiz salió algo parecido a lo que fue el discurso de investidura de Rajoy, en el que propuso una gran operación de reforma de la nación. Él coció el viraje al centro derecha que emprendió el mismo Aznar tras recibir lo que fueron los estertores de Alianza Popular con Antonio Hernández Mancha y él fue el encargado de animar a Rajoy cuando, tras su derrota del 14-M frente a Zapatero, sufrió su peor momento en política. Le invitó a creer en que sería presidente del Gobierno antes de 2012. Y el gallego lo fue un 20 de noviembre de 2011. Con toda probabilidad, Arriola recordó al hoy jefe del Ejecutivo uno de sus argumentarios claves, adoptado del filósofo Vilfredo Pareto: «La oposición nunca gana las elecciones, son los gobiernos las que las pierden». De su cartera sale también la referencia introducida en la Constitución para poner un tope al déficit en 2011 que ahora Pedro Sánchez trata de limar. E incluso avalan algunos que redactó papeles decisivos para el día clave en la sucesión de Aznar: el 1 de septiembre de 2003, cuando el castellanoleonés no escogió al amigo de Arriola, Rato, sino a Rajoy.

Figuran entre sus códigos de supervivencia, pegado a su cigarrillo americano, el de no querer arrimarse demasiado a las tentaciones del poder y el de soltar a bocajarro la verdad a sus clientes. «Huele a los trepas a kilómetros», se dice de él. No aspira a cargos ni puestos de raigambre política y tiene a bien no meterse nunca en refriegas internas entre dirigentes de una grey. A Aznar le espetó que no ganaría las elecciones de 1993. Y no erró el tiro. No en vano, Arriola es seguidor del tratadista austriaco Peter F. Drucker, considerado el auténtico padre del «management» político o, lo que es lo mismo, el mayor filósofo de la administración pública del pasado siglo XX. La clave en política electoral es «ir avanzando y ganando medallas a menor nivel (primero ayuntamientos, municipios, diputaciones, autonomías...)»: es lo que aún se conoce en el cuartel general de la madrileña calle Génova como la «pizarra» de Arriola, que reescribe los sufragios como el tablero de un técnico de baloncesto las jugadas advenedizas. «No baila el agua a sus clientes», inquiere el periodista.

El autor de este volumen cuenta como anécdota del pasado de Arriola que pasó por una entidad financiera de Málaga, luego estuvo al servicio de la gran patronal CEOE de José María Cuevas, donde conoce al que será su socio Fabián Márquez. Aquí también entra en contacto con un técnico de Hacienda llamado Cristóbal Montoro, a quien Aznar contrató ulteriormente como profesor particular de Economía, por consejo de Arriola. Así que en gran medida el ministro Montoro Romero le debe al consultor parte de lo que hoy en día es. Para Palomo, en el ala derecha solo superan el rol capital que representa el protagonista de su libro Rodrigo Rato y Francisco Álvarez-Cascos, en época de Aznar, y Soraya Sáenz de Santamaría y Cristóbal Montoro, en la era Rajoy, un hecho que concita en la página 21 de forma muy gráfica: «El hecho de estar en la penumbra no engaña a nadie respecto al poderío fáctico» y verdadero del omnipresente Pedro Arriola, que tiene ahora 66 años. En sus vaticinios se halla éste: «Rajoy es persona centrada, nada doctrinario, pragmático antes que nada. Rajoy pasará a la historia como una persona seria».