Una semana a bordo del Juan Sebastián de Elcano

Una semana a bordo del Juan Sebastián de Elcano

Son las 6.45 horas en algún lugar del océano Atlántico. La silueta de un velero blanco de cuatro palos se eleva sobre las olas. Suena el chifle (silbato utilizado en la mar para comunicarse y dar órdenes). «Diana, diana. Arranchado de sollados y aseo personal», se escucha por megafonía. La dotación y los guardiamarinas del Juan Sebastián de Elcano, que realiza su 90 crucero de instrucción, comienzan una nueva jornada. Se abren las cortinas de las literas, idas y venidas a las duchas y desayuno en las respectivas cámaras.


En el cuarto de derrota, 45 minutos más tarde de la diana, dos guardiamarinas realizan el ‘briefing’ diario de derrota, con el comandante del buque, el capitán de navío Ignacio Paz, el segundo comandante, capitán de fragata Joaquín Cristóbal Revuelta, el tercer comandante, capitán de corbeta Antonio Jesús Moya y los tenientes de navío Javier García Monge (oficial de derrota), Fernando Díez Gago (Jefe de Maniobra), Teodoro Romero de Soto (profesor de Navegación) y Alberto Hernández (oficial de meteorología). En él, como parte de su formación, repasan lo ocurrido en la navegación las últimas 24 horas y recomiendan el alistamiento del barco (cómo debe llevar las velas y navegar) para el día. Tras ellos, otros dos de sus compañeros se encargan de impartir el ‘briefing’ de meteorología con la previsión de las siguientes 24 horas. En el Elcano, cada día, se realizan dos ‘briefing’ meteorológicos, el de la mañana y el vespertino, a las 19.30 horas. Cuando los alumnos terminan y salen de la sala, llega el turno del teniente de navío Hernández, que aporta más datos para que el comandante decida cómo continuar con la navegación.

 

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En pleno aprendizaje en Elcano

A las 8.00 horas, los guardiamarinas de tercer curso de la Escuela Naval Militar comienzan sus clases. Son 61, de ellos, 48 pertenecen a la 420ª promoción del Cuerpo General de la Armada y 13 a la 150ª de Infantería de Marina. Cursan a bordo asignaturas como Navegación,Astronomía, Meteorología, Táctica Anfibia, Seguridad y Protección o Maniobra, que les imparten oficiales militares españoles. Además, el teniente de navío (‘lieuntenant ‘en inglés) de la Armada estadounidense (US Navy) Christopher Saxton les da clase de Inglés. Y dos profesores del Centro Universitario de la Defensa (CUD), adscrito a la Universidad de Vigo, les darán durante los seis meses que dura el viaje, las asignaturas de Fundamentos de la Organización de Empresas y Máquinas Hidráulicas. Y es que los guardiamarinas finalizarán su formación de cinco años en la Escuela Naval Militar obteniendo el despacho de alférez de navío de la Armada Española y, además, con el grado de Ingeniería Mecánica.

 

Los alumnos de ambos cuerpos comparten algunas asignaturas en su plan de estudios, mientras que otras son específicas. Por eso, la brigada del Cuerpo General se divide en seis grupos y la de Infantería de Marina en dos. Clases, seminarios y laboratorios se imparten en la cámara de guardiamarinas, el comedor de marinería y el hogar del marinero.

 

El objetivo es contribuir y reforzar su formación integral: militar, marinera, socio-cultural, humano-ética y física. Por ello, además, montan guardia en los diferentes puertos del buque, realizan las maniobras de navegación o participan en las actividades institucionales en los puertos en los que recale este bergantín-goleta desde su salida de Cádiz el pasado 11 de febrero. Unos actos protocolarios más importantes si cabe cuando el barco, embajada flotante de España, celebra este año el inicio de la conmemoración de la Primera Vuelta al Mundo realizada por la expedición Magallanes – Elcano de 1519 a 1522.

 

Hasta su llegada a Funchal, en la isla portuguesa de Madeira, el 15 de febrero, los guardiamarinas estuvieron en fase de adaptación, después, pasaron a la de aprendizaje, en la que se encuentran ahora, y concluirán el crucero con la de responsabilidad, en la que asumen las funciones de los oficiales a bordo.

 

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Cada uno con su función

Mientras los futuros oficiales de la Armada están en clase, en guardia o rotando por los diferentes puestos del buque, la dotación realiza sus trabajos.

 

En la sala de máquinas, situada en la parte más baja y a popa del Elcano, un suboficial, un cabo primero y cuatro marineros controlan el motor principal de propulsión y los auxiliares, los compresores de aire acondicionado, la cámara frigorífica, las calderas, la planta de tratamiento de aguas residuales, la temperatura de las chumaceras y las bombas de agua. Además de los cuadros eléctricos, los osmotizadores que transforman el agua salada del mar en la dulce que se consume en el buque escuela y los controles de alarmas, de lectores de fuego y de puertas estancas.

 

Este barco es una pequeña ciudad en la que viven 235 personas, «que tienen la costumbre de comer todos los días», apuntan divertidos en la cocina, donde trabajan diez personas que elaboran un pan y unos platos de gran calidad.

 

Cerca de ellos, unas empinadas escaleras bajan a las entrañas del buque. Allí se encuentra la lavandería, de la que se encargan dos marineros que, en sendos turnos de 12 horas, lavan y secan las 24 horas unos 150 kilos de ropa por jornada.

 

Mientras, los siete infantes de Marina que componen la banda de música del Juan Sebastián de Elcano, ensayan para el concierto que cada día a las 20.00 horas, ofrecen en el alcázar (parte de la cubierta superior comprendida entre el palo mayor popel y la entrada de la cámara alta).Dura unos 20 minutos y sirve para entretener y distender el ambiente.

 

Al final del barco, en la parte de la cubierta más a popa y constantemente alerta se encuentra el guindola. Un puesto tan exigente que el relevo se produce cada media hora. Su labor es vigilar por si alguien cayese por la borda del Elcano. Si eso ocurriese, primero daría la voz de alarma al puente de mando, con el que está permanentemente conectado por una línea segura de teléfono que funciona con la voz y, después, lanzar por la popa una balsa especial que tiene en su puesto.
Siempre que las condiciones meteorológicas lo permiten, antes de la última clase de la mañana, cuando el sol esté más alto, los guardiamarinas observan la meridiana. Una actividad que se hace utilizando un instrumento llamado sextante, con el que, a través de un juego de espejos, se mide la altura del sol y, teniendo en cuenta la misma, aplicando cálculos y tablas ya establecidos, se obtiene la posición del barco. Labor que se repite al ocaso, en la observación del crepúsculo, pero, en lugar de tomar como referencia el astro rey, se toman las estrellas.

 

A las 13.00 horas comienza el primer turno de comidas. Y de 15.00 a 17.25 horas los guardiamarinas siguen con las clases y la dotación con sus trabajos.

 

Después, aprovechan para hacer deporte: carreras por la cubierta, bici estática, elíptica o circuito de ejercicios. Una actividad física fundamental tanto para los guardiamarinas como para el resto de la dotación del barco para desconectar un poco y mantenerse en forma.

 

Cada cuatro horas, en el alcázar se produce el cambio de guardia. A estribor, el equipo saliente, a babor, el entrante. Marineros, suboficiales, guardiamarinas y oficiales que mantienen en todo momento la operatividad del buque escuela.

 

Si el día es de ‘intensivos’, es decir, de preparación a puerto, la jornada de antes, la dotación se afana en que el Juan Sebastián de Elcano llegue, como siempre, reluciente. Se da brillo a las cabillas, a las pisaderas de las escalas, al cabirón, se limpia la cristalería o se pintan diferentes detalles de la cubierta. Además, si el barco está navegando a vela, debe cambiar a motor para entrar en puerto. Una de las tareas más laboriosas que conlleva es la recogida de paños. Al sonido de los chifles de los contramaestres de los cuatro palos, trinquete ‘Blanca’, mayor proel ‘Almansa’, mayor popel ‘Asturias’ y mesana ‘Nautilus’ y «a una», la tripulación trabaja en arriar las velas, tanto en cubierta como sobre las cofas (plataformas colocadas horizontalmente en los palos). Una maniobra que lleva horas hasta que todas quedan perfectamente dobladas.

 

«Ha sido el ocaso. Cubierta firmes», se escucha cuando el sol se pone. Posteriormente, la formación en cubierta reza una oración, se leen las efemérides, algunas definiciones de vocabulario marítimo y pautas del régimen del día con, por ejemplo, la uniformidad, las actividades de la jornada siguiente o consejos de habitabilidad. Ya es de noche, pero el Juan Sebastián de Elcano no duerme nunca.

 

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