¿Y si creáramos un fondo de reserva con los intereses que nos ahorra Draghi?

«Una situación atípica y transitoria no debería llevarnos a gastar más sino a constituir algún "colchón"»

Carmelo Tajadura
Actualizado:

En el gráfico adjunto podemos ver que hasta 2007 nuestro stock de deuda se mantuvo relativamente estable en términos nominales (mientras en términos relativos cayó hasta sólo el 35% del PIB). Pero luego vino la crisis, incurrimos en unos déficits monumentales (hasta el 11% del PIB) y tuvimos que afrontar el rescate bancario, todo ello con nueva deuda, que ha subido sin parar hasta casi 1,2 billones y cerca del 100% del PIB. Y que sigue hacia arriba alimentada por un déficit estructural que ningún gobierno se decide a acometer por el coste en votos que supondría.

También vemos en el gráfico que el coste de nuestra deuda era relativamente elevado al principio de siglo, cuando colocar las nuevas emisiones nos costaba más del 4% (como promedio de letras, bonos y obligaciones a diversos plazos). Cuando comenzó la crisis hubo una caída inicial del coste, por la bajada de tipos del BCE, pero a continuación la crisis de la deuda lo volvió a disparar. Hasta que Draghi pronunció el famoso «whatever it takes», con lo que dicho coste se desplomó hasta llegar hoy casi a cero. Curioso: multiplicamos nuestro stock de deuda en circulación, pero no nos cuesta casi nada colocarla.

Sin embargo, debería quedar claro que esto no se debe a la confianza que pueda despertar la economía española en los inversores, sino exclusivamente a la política monetaria hiper expansiva del BCE. Y que se trata de algo excepcional, no ordinario. Que, por eso mismo, debería ser objeto de un tratamiento también excepcional.

Así que nuestros gobernantes tienen la suerte de encontrarse un ahorro de costes caído del cielo, o más bien caído del BCE. Actualmente, el coste medio (no marginal) del stock total de deuda (del Estado) es del 2,38%. Si fuera igual que en 2007 (4,5%) tendríamos que pagar como intereses mucho más. Un administrador prudente reconocería que las cuentas del Reino se benefician de ese influjo extraordinario positivo y tomaría alguna medida de precaución para el futuro. Porque una situación atípica y transitoria no debería llevarnos a gastar más sino a constituir algún «colchón».

Mi propuesta sería no computar, a efectos de mejora del déficit, al menos una parte de los menores intereses, por deberse a la actuación extraordinaria del BCE. Como, por ejemplo, hacía Bruselas cuando nos excluía los gastos originados por el rescate bancario por considerarlos no recurrentes. Así, ese importe de intereses extras no pagados lo podríamos destinar, por ejemplo, a constituir un fondo de reserva para cuando vengan tiempos peores.

¿Cuánto? Habría múltiples posibilidades. Por ejemplo, una alternativa moderada (sólo con el flujo, no con el stock) partiría de los 110.000 millones brutos de deuda emitidos en el primer semestre con un coste del 0,49%. Si consideramos que un coste normal hubiera sido el promedio de emisión de los 18 años del gráfico (2,37%), habría más de 2.000 millones de ahorro para dotar al fondo (en este semestre). Lo que nos obligaría, cada año, a ser más exigentes con el ajuste real del déficit.

Soy consciente de que cualquier gobernante que lea esto lo ignorará. «Eppur si muove». Es hora de poner coto a nuestro comportamiento, que está siendo propio de cigarras sin pensar que algún día vendrá el invierno.

Carmelo TajaduraCarmelo Tajadura