El padre de internet sale a su rescate

Tim Berners-Lee, el creador de las tres «w», lanza un plan para democratizar la red y frenar sus excesos

CORRESPONSAL EN LISBOAActualizado:

El desarrollo empresarial del siglo XXI encuentra uno de sus pilares básicos en internet, pues las ventas a través del canal digital aumentan en progresión geométrica. De modo que la recién finalizada Web Summit de Lisboa se distingue como algo más que una cumbre tecnológica líder. Y ahí estaba el padre de las tres «w» (world, wide, web), Tim Berners-Lee, para enarbolar el nuevo perfil que la Red necesita. Berners-Lee se exhibe como uno de los grandes gurús de la era moderna y su megaproyecto en ciernes despertó una enorme expectación en el Parque das Naçoes de la capital portuguesa.

Su ambicioso plan consiste en un acuerdo mundial para internet, que se presentará a nivel internacional en mayo de 2019 e involucrará a gobiernos, empresas y ciudadanos. La vocación con la que nace responde a la idea de un pacto sin precedentes, por eso Berners-Lee no desaprovechó la oportunidad de subirse a la tarima del Altice Arena para lanzar a los cuatro vientos su declaración de intenciones.

En espera del momento denominado 50/50 (es decir, la franja temporal en la que se alcanzará la mitad de la población conectada) para dar a conocer el contenido completo, el programa pretende auspiciar una Red verdaderamente libre y abierta, que sea un bien público y un derecho básico, dado que hoy en día las tarifas arrojan precios prohibitivos para numerosas capas de la población mundial. Y, claro está, los países en vías de desarrollo y las mujeres protagonizan las dos grandes bolsas de exclusión.

Los apoyos

¿Estamos ante un tapón contra el dominio de los gigantes de Silicon Valley? Berners-Lee mostró su disposición a no calentar los ánimos y presumió de que ya cuenta con el apoyo de 50 instituciones, organizaciones y marcas de primer nivel: Google, Facebook, Cloudfare, AccessNow, MainOne, Consumers International, etcétera. Entre los políticos, el primero que ha dado un paso al frente ha sido Emmanuel Macron, en nombre del Gobierno francés.

Tim Berners-Lee
Tim Berners-Lee

El experto británico es consciente de que no pueden soslayarse los problemas candentes de la Red, algunos de los cuales acaban de salir de nuevo a la luz como el caso de las elecciones presidenciales ganadas por el ultraderechista Jair Bolsonaro en Brasil. La influencia de las noticias falsas que circulan como un reguero de pólvora, la manipulación política, la privacidad quebrantada de los datos, los discursos xenófobos, la acción de los piratas, la censura… Todos estos factores entran en juego y hacen que la igualdad en el acceso a internet no se atisbe todavía, causa última del plan en curso.

La importancia del proyecto de Berners-Lee queda, pues, fuera de toda duda. Mucho más en un contexto en el que el porcentaje de conexión de los países en vías de desarrollo ha descendido del 41% (hace solo cuatro años) al exiguo 15% de la actualidad. De hecho, el continente africano apenas totaliza el 22%, casi cuatro veces menos que Europa, la zona del mundo donde la conexión está más generalizada.

El 90% de las búsquedas a nivel internacional se realiza a través de Google, de ahí que la participación de este mastodonte en el acuerdo se interprete con cierto recelo, aunque por otra parte no tendría sentido sin su presencia.

Acceso universal

El caso es que Tim Berners-Lee apela a todo el mundo a tomar cartas en el asunto. De acuerdo con sus planteamientos, «los gobiernos tienen que garantizar el acceso universal a internet, conjugándolo con el respeto a la privacidad y al uso independiente». Su ideario se prolonga en dirección a las empresas, que «deben convertir la Red en tecnológica y económicamente accesible». Por último, no olvidó decir a las personas: «Hay que luchar por un internet libre y accesible a todos, así como crear comunidades fuertes que respeten la dignidad humana y el discurso cívico».

Y todo en esta Web Summit de identidad lusa (al menos hasta 2028) y marcada por dos polémicas ausencias: la de Marine Le Pen, invitada inicialmente pero expulsada tras la polémica que generó la inclusión de su nombre, y la de Ronaldinho, con el pasaporte retenido y que no pudo desplazarse.

Sin embargo, no faltó en Lisboa la voz autorizada de Margrethe Vestager, la comisaria europea de la Competencia que tiene a raya a los gigantes tecnológicos norteamericanos. «Nos estamos acercando al final de la investigación», dijo en referencia a la posibilidad cada vez más real de una tercera multa millonaria a Google por abuso de posición dominante. Unos 4.300 millones de euros de recargo, aunque falta por concretarse la cantidad exacta, pueden caerle como una losa a la macroempresa, a la que Vestager acusa de mirar a otro lado después de los dos anteriores castigos económicos.

Es una prueba más de que esta mujer se ha convertido en un verdadero brazo de hierro contra la omnipresencia de las firmas punteras de Silicon Valley, aunque lo cierto es que los contrapesos alemanes, franceses, suecos, irlandeses o estonios se hallan a una gran distancia para poder competir.