Los nuevos campeones nacionales que tiran del sector exterior español

La exportación se ha convertido en algo más que una herramienta puntual para paliar los desastrosos efectos de una crisis doméstica. Más bien ha sido la clave del cambio hacia un nuevo modelo productivo del país

María Jesús Pérez
MadridActualizado:

España es un país cada vez más eminentemente exportador como reflejan las estadísticas oficiales mes tras mes. Año tras año. Y aunque, según dicen por Europa, el país todavía no se encuentra entre las grandes potencias europeas en exportación, mejoramos a un ritmo vertiginoso. Si fijamos la mirada en las cifras de antes de la crisis y de después de la crisis, en la actualidad hay ya 150.000 empresas que exportan cuando justo en el periodo precrisis había solo 50.000. El triple, pues.

Cierto es que el esfuerzo de nuestras pequeñas y medianas empresas (pymes) por internacionalizarse para evadir la crisis ha sido clave para el resto del tejido empresarial español y para contrarrestar la escasez de consumo interno. Sobre todo, también, para evitar un drama mayor en el empleo. Que ya bastante se destruyó en los años marcados por el dichoso rescate bancario y sus consecuencias –por las reglas de Europa de obligado cumplimiento– antes de comenzar la recuperación.

Pero, el fenómeno va más allá. La exportación se ha convertido en algo más que una herramienta puntual para paliar los desastrosos efectos de una crisis doméstica. Más bien ha sido la clave del cambio hacia un nuevo modelo productivo del país. Un término este tan manido todos estos años que a veces olvidamos que lo de antes ya no vale para seguir avanzando y tenemos que innovar en modos y maneras de crecimiento. Si el consumo se agota y no tira del PIB, pues tendrá que tirar otra magnitud. ¿El turismo? Bueno, sigue siendo el «rey del mambo» como vulgarmente se dice pero... ¡qué mejor alma para el crecimiento económico que la venta en el exterior de productos y servicios con marca «made in Spain»!

Para el actual Gobierno de Mariano Rajoy, cifras en mano –incremento de las ventas exteriores del 8,9% en 2017, y un repunte acumulado del 73% desde justo el estallido de la crisis–, el sector exterior ha sido pues la clave de la recuperación económica definitiva, con un crecimiento equilibrado y consolidado que en crisis venideras nos salvaría de una catástrofe similar a la sufrida años atras con recesión incluida. Las exportaciones –entendido también como el salto al exterior del «know how» español–, será entonces, aunque ya podemos decir que lo es un poco cada día más, el verdadero dique de contención en el caso de que el consumo vuelva a resentirse en crisis futuras.

Una hoja de ruta que viene de lejos. Escrita, o pergeñada más bien, años ha por el entonces director de la oficina económica dependiente de presidencia. Del primer Gobierno Rajoy. El hoy ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital. Álvaro Nadal. Todo un visionario de los efectos de los números sobre la economía, porque domina como nadie las estadísticas y su implementación.

Ideólogo por tanto del nacimiento del nuevo motor productivo español, Nadal preparaba la política económica española para proporcionar el salto de aquellas grandes empresas que, aunque el ciudadano medio las puede tachar de medianas o incluso de desconocidas, son las nuevas multinacionales. Muy distintas de las de antaño, las empresas de cabecera de la, digamos, anterior España –siderurgia, minería, astilleros...– que, por cierto, tuvieron que ser salvadas por el propio Estado español, por su modelo agotado, aglutinadas en esa suerte de «banco malo» de la industria que las acogió: el Instituto Nacional de Industria (INI), la hoy reconvertida SEPI (Sociedad Estatal de Participaciones Industriales). Y también muy distintas de otras que vivieron el camino contrario, de ser estatales pasaron a manos privadas las Telefónica, Endesa –ahora, paradógicamente en manos públicas pero italianas–, Iberdrola, la antigua Tabacalera, hoy Altadis, Repsol, Campsa, Iberia...

Hoy, España no exporta más porque las grandes empresas extranjeras instaladas en nuestro país lo hagan. No. Ni porque lo hagan las que han hecho marca hace años por todo el mundo, procedentes de todos los sectores productivos (Telefónica, Santander, BBVA, Ibedrola, FCC, Ferrovial, Abertis, Gas Natural Fenosa, Mapfre, Repsol... y etc, etc). Es porque han nacido y crecido empresas españolas con productos y servicios españoles muy queridos y requeridos por clientes internacionales. Prácticamente, únicos. Hasta que la copia «china» nos lo permita. Crucemos los dedos.

Y todo gracias a un arduo trabajo de aquellas firmas –labor alabada incluso por varios miembros del Gobierno Rajoy– por dar el salto definitivo a cualquier punto del planeta. Son las Gestamp, Grupo Antolín, Alsa... siguiendo la estela de la propia Inditex o, en su día también, Cola Cao. Y muchas otras sobre todo del sector de los componentes del automóvil, donde España es un puntal industrial, a pesar de no tener una gran empresa propia que lo inunde todo (como lo podía haber sido SEAT, hoy en manos de Volkswagen). Sector, decía, bajo el que han crecido sociedades auxiliares como los ya mencionados Grupo Antolín o Gestamp, y Ficosa o Cie Automotive. Son los nuevos campeones nacionales. Grandes compañías –pequeñas multinacionales– que trabajan casi de puntillas. Sin hacer ruido. Pero que ya han cruzado fronteras. Con un saber hacer que no tienen otras de la «Champions league» en el mundo.

María Jesús PérezMaría Jesús PérezRedactora jefeMaría Jesús Pérez