Luis de Guindos, nuevo vicepresidente del BCE, con el presidente Mario Draghi
Luis de Guindos, nuevo vicepresidente del BCE, con el presidente Mario Draghi - EFE

De Guindos, contrapeso al Gobierno Sánchez como vicepresidente del BCE

Nuestro país refuerza su presencia en Fráncfort con el exministro, y De Cos al frente del Banco de España, cuando la institución monetaria cumple 20 años

FráncfortActualizado:

España se refuerza en el Banco Central Europeo (BCE) justo el mismo día en el que se puso fin al Gobierno de Mariano Rajoy y la institución de Fráncfort cumplía 20 años. El exministro de Economía Luis de Guindos se convirtió ayer en el primer español en ser vicepresidente del BCE, sustituyendo al portugués Vítor Constâncio. Su mandato se prolongará ocho años hasta el 31 de mayo de 2026 y simboliza la recuperación de peso de España en las instituciones europeas.

La llegada de De Guindos cambiará la relevancia del propio cargo de vicepresidente del BCE, que en principio dirige el Consejo de Gobierno en ausencia de Draghi y lleva las políticas de estabilidad financiera y las de investigación. De Guindos pasa a ser independiente bajo la máscara del BCE, pero estará muy atento a la aplicación de reformas en España por parte del nuevo Gobierno de Pedro Sánchez, así como la reducción del déficit. Nombrado en febrero de 2018, cuando dejó de ser ministro, su andadura en Fráncfort nace paralela a la de Sánchez en el Ejecutivo, aun siendo un hombre de Rajoy.

En el timón del euro, la presencia de De Guindos será clave en años en los que el que el BCE retirará sus estímulos monetarios. Máxime cuando suena el presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, como futuro recambio de Draghi cuando este acabe su mandato al frente del BCE en noviembre de 2019. Con una deuda pública del 98% y privada del 140% España es uno de los países a los que más perjudica la subida de tipos -que pueden comenzar a finales de 2019- y la retirada de los programas de compra -que en principio acaban en septiembre o diciembre de este año-.

La situación contrasta con la de hace unos años. España vuelve seis años después al Consejo de Gobierno del BCE: desde 2012, cuando venció el mandato como consejero de José Manuel González-Páramo y por primera vez nuestro país se quedó fuera de la toma de mandos de la institución en Fráncfort en un castigo de la canciller alemana Angela Merkel a la «política económica del presidente Zapatero», según escribe el propio De Guindos en su libro «España amenazada». Alemania, Francia e Italia nunca han salido de este Consejo de Gobierno. Ese mismo mes, en junio de 2012, De Guindos pidió por videoconferencia el rescate bancario a Europa. «Fue un momento duro para Europa, para España pero también para Italia, para Portugal...», recuerda bajo la luz de los amplios ventanales del nuevo edificio del BCE en Fráncfort, Massimo Rostagno, director general de política monetaria que estaba al frente de la misión para España entonces y que ahora cree que la economía nacional crece «espectacularmente». La impresión de España en las instituciones europeas ha cambiado: «España es un ejemplo de éxito sobre cómo funcionan las reformas», saluda Hans-Joachim Klöckers, director de Desarrollos Económicos del BCE. A la incorporación de De Guindos se suma la de Pablo Hernández de Cos como gobernador del Banco de España y asistente a las reuniones del Consejo de Gobierno. La primera rueda de prensa como vicepresidente tras la reunión del Consejo se producirá el próximo 14 de junio.

La andadura del BCE estos 20 años de euforia y crisis es la historia del propio euro. «Recuerdo cuando llegué al BCE hace veinte años desde el Banco de España: éramos unos veinte españoles y el BCE, una gran familia», recuerda Ramón Gómez-Salvador, economista del BCE. Ahora la plantilla supera los 3.000 trabajadores y se ha trasladado a una flamante torre de cristal. Las funciones de la institución han ganado peso hasta ser el supervisor único de los 128 mayores bancos de la Eurozona. «Tuvimos siete años para preparar el euro hasta 1999. El supervisor único lo preparamos solo en uno», recuerda con agobio Klöckers. Varios concuerdan en que la crisis y Draghi han dado relevancia a la institución.

Así, cada presidente ha dejado su impronta: «Duisemberg era muy comunicativo; Trichet intentaba controlarlo todo; Draghi se ha centrado en el gran quebradero de cabeza de los últimos años: la crisis de deuda», describe Conception-Maria Alonso jefa de la sección de mercados internacionales.

«El BCE está preparado para tomar todas las medidas necesarias para mantener el euro y créanme, será suficiente», la frase de Draghi en julio de 2012 ante sus programas de deuda ilimitada, lo cambió todo y salvó la crisis de deuda en la Eurozona. En año y medio, vendrá su sucesor que deberá capear los desafíos futuros del euro. Eva Murciano, jefa de la división de asociación de negocios de Recursos Humanos del BCE, define cómo debería ser el nuevo presidente si ella lo contratara: «Lo más importante es que sea un líder».