Las empresas españolas renuevan sus viejos puentes con Iberoamérica

Aunque la zona ya no ofrece las oportunidades de los años 90, el 76% de las compañías asegura que reforzará su posición en la región

Los giros políticos y la desaceleración global obligan a hacer apuestas más selectivas y estratégicas tanto en sectores como destinos

MadridActualizado:

Las sinergias entre España y América Latina saltan a la vista. Cultura e historia son indisociables entre ambas regiones. Y esa unión no es solo teórica o metafísica sino que tiene traslación al mundo real. Son miles las compañías nacionales que cruzan el charco para hacer las Américas hasta el punto de que España es el segundo mayor inversor del territorio, solo por detrás de Estados Unidos. Una tendencia que empezó tiempo atrás, en la primera fase aperturista de Latinoamérica en los años 90. Casi tres décadas después, los puentes que se tendieron ya no son de simple piedra sino de hierro. El problema, que estos, con el tiempo, se han oxidado. Pero todavía sirven para que la empresa española avance por el continente.

«Latinoamérica y, de forma especial, Brasil y México, que destacan por su peso económico y el tamaño de sus mercados domésticos, así como Chile, Perú y Colombia, son regiones donde nuestras empresas siguen apostando con fuerza. Puede que se estén dando desinversiones en algunos mercados de menor tamaño, pero en términos globales la inversión en la región se mantiene y sigue siendo prioritaria en la estrategia corporativa de muchas empresas españolas», dice Narciso Casado, secretario general permanente del Consejo de Empresarios Iberoamericanos (CEIB) y director general de CEOE Internacional. Y los datos no engañan. España invirtió 14.367 millones en América Latina en 2016, cuando nuestra economía era la envidia de todos casi a nivel mundial; en 2017 la cifra se redujo a 10.744, un 25,2% en términos interanuales; y la estadística de 2018 hasta septiembre (últimos datos disponibles en el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo) invita a pensar que el retroceso en la apuesta es evidente: en los tres primeros trimestre la cifra de inversión fue de 9.206 millones. Asimismo, el stock de posición inversora española en la región ha caída más de un 5% en un lustro en cuestión de cinco años, hasta 2016.

Predisposición a invertir

Esta misma semana el IE University también presentaba el XII Informe Panorama de Inversión Española en Iberoamérica. Una publicación anual que en esta edición da muestras del agotamiento alcista de la apuesta española por Latinoamérica. De las empresas encuestadas, un 76% dice que aumentará en el año sus inversiones allí, un punto más que en el informe anterior. Sin embargo, preguntadas por cómo se comportará su facturación en el territorio los próximos tres años, el panorama es el contrario. En 2018 estimaban que aumentaría un 84%; este 2019, el dato se ha reducido al 76%. Sin olvidar, tampoco la preocupación creciente por el clima político y económico de los países. El informe refleja que el 38% cree que el entorno mundial golpeará a estas regiones, frente al 18% de hace un año.

Pese a todo, los expertos no achacan al clima político el freno de las inversiones. «No puede haber un ritmo inversor como en los años 90 porque tampoco hay un ritmo de privatizaciones en América Latina que lo haga posible. Lo que se tenía que privatizar ya se ha hecho», dice Ramón Casilda, profesor del Instituto de Estudios Bursátiles (IEB) y coautor del libro «Inversiones españolas en Latinoamérica». En otras palabras, que el «boom» de hace tres décadas hoy sería imposible. Iberoamérica está en otra fase muy distinta.

Ante ello los expertos hablan de un cambio de tendencia a la hora de escoger dónde poner el dinero. «Las empresas cada vez son más selectivas para decidir dónde invierten. Cada país es diferente», afirma Carlos Malamud, investigador principal de América Latina del Real Instituto Elcano (RIE). A su juicio, no puede analizarse la región en su conjunto ya que cada país es una realidad distinta. El simple hecho de pertenecer a América Latina -dice- no es el factor decisivo de inversión. Y misma tesis mantiene Casilda: «Ahora hay unas inversiones más selectivas y estratégicas. Las empresas están diversificando; si hay mejores oportunidades en EEUU, van allí. Las empresas no tiene predilección por regiones». Aunque, en este caso, difiere con Malamud al asegurar que «América Latina es nuestra región natural para invertir».

La realidad es que ciertos mercados despiertan reticencias. El caso más paradigmático es el de Venezuela, en crisis económica, política y humanitaria constante. «Ninguna empresa invierte allí», asegura el experto del RIE. Todo ello provocado por un panorama institucional sin solución -de momento- a la vista. «El rápido deterioro de la economía venezolana, que en los últimos años se encuentra en caída libre, ha repercutido de forma negativa en la actividad de las empresas españolas en el país caribeño. Este periodo se ha caracterizado por una fuerte desinversión por parte de las empresas españolas en Venezuela. En 2016 el stock de la inversión española en el país era negativo, cifra que contrasta con la de épocas pretéritas», explica Casado, de CEIB y CEOE. Incluso, los intercambios comerciales han experimentado un desplome considerable: desde 1.866,8 milones a 382,4 millones en tan solo cinco años.

las empresas españolas cada vez miran más a otros territorios como América del Norte o Asia, aunque no pierden de vista Latinoamérica

Argentina, por su parte, despierta también las dudas en un entorno macroeconómico en el aire y al paraguas del rescate del Fondo Monetario Internacional (FMI). Pero, sin duda, son México y Brasil los países donde España pone más la lupa. Ambos son los territorios predilectos. «México tiene dos atractivos: el tamaño de su mercado y que es la puerta de entrada a EE.UU. gracias a su acuerdo comercial. Brasil, en su caso, es un mercado más proteccionista; si la economía se liberaliza, la presencia española allí será mucho mayor en los próximos años», afirma Juan Carlos Martínez Lázaro, profesor de IE University y autor del informe presentado.

Más allá de ello, Casilda constata que los dirigentes y empresarios nunca se cierran al capital extranjero. Por mucho que sus ideas políticas estén en las antípodas del país que emite la inversión o su cultura sea proteccionista. «No hay país a nivel mundial que no desee la inversión extranjera en su territorio. Hasta Cuba lo da por bienvenido, pero otra cosa es que el capital diga que no va», afirma. Iberoamérica, por cuestiones culturales e históricas, siempre ha caminado de la mano.

Ese ánimo por la región, aún así, no es un cheque en blanco. En consecuencia, las empresas españolas cada vez miran más a otros territorios como América del Norte o Asia. «Existe competencia. Por ello, no solo es importante mantener y reforzar nuestra presencia en la zona, sino diversificar nuestras inversiones hacia otras regiones, como son África subsahariana o Asia, para completar el proceso de globalización de nuestras empresas, diversificar sus riesgos y para que no queden excluidas de los mercados de mayor crecimiento económico y dinamismo demográfico del mundo», defiende Casado. Aunque eso no quiere decir que vayan a dejar de lado Iberoamérica, ya que -afirma Casilda- lo que se valora en los parámetros de inversión es que los resultados sean positivos. De hecho, este experto pone en valor que las compañías se abran a todos los mercados... lo cual manda un mensaje de aperturismo en la era de proteccionismo y guerra comercial iniciada por los Estados Unidos de Donald Trump.

Los servicios, esenciales

Por sectores, América Latina ha vivido dos etapas, e incluso hay quien dice que tres. Martínez Lázaro, de IE University, señala que «en los primeros años se focalizaba mucho en banca, seguros, telecomunicaciones y petróleo». Ramas tradicionales de negocios históricamente exitosos, pero ahora este experto constata que son los sectores de servicios los que mayor acogida y éxito pueden reportar a las compañías españolas. «Hemos ido detectando cómo se ha ido ampliando el espectro», asegura. Al mismo tiempo, Casado, de CEIB y CEOE, coincide en el diagnóstico y añade los sectores relacionados «con el desarrollo de las ciudades sostenibles, la digitalización y la innovación», cada vez con más peso en la economía.

Lo que sí es homogéneo es la manera en que las empresas españolas planean crecer en el futuro en Iberoamérica: mediante crecimiento orgánico. Así, el 55% de las compañías nacionales presentes allí defiende que ese será su modelo de expansión, frente al 43% de las que lo combinarán con adquisiciones. Y la mayoría (88%) coinciden en que el mercado interno del territorio es el principal atractivo para invertir allí.

La región -dicen los analistas- todavía tiene mucho margen. De «potente» la califican algunos, mientras otros la ven ya como uno de los pilares de futuro de España en el sector exterior. «Hemos roto ese ciclo de que la empresa española solo salía al exterior cuando el mercado interno flojeaba y luego lo abandonaban», dice Martínez Lázaro. A Latinoamérica han llegado para quedarse; lo único por pulir son esos puentes que se tendieron en los 90, hoy oxidados.