Tribuna

Del déficit endémico a la subida de impuestos

«Sería oportuno subir la imposición sobre el consumo o diseñar una tributación medioambiental que penalizase ciertamente

la emisión de gases con efecto invernadero», señala el economista Carmelo Tajadura

MadridActualizado:

En materia económica el gobierno de Rajoy tuvo logros innegables aunque también insuficiencias manifiestas. Entre estas últimas, una bastante evidente ha sido la falta de control del déficit público, que podríamos calificar como de endémico en nuestro país. La estrategia de los últimos años fue dejar su corrección paulatina al efecto de la mejora cíclica inherente a la recuperación del PIB. Mientras, la financiación del excesivo déficit se beneficiaba de los tipos de interés mínimos derivados de la actuación del BCE. Pero el corolario ha sido que nuestro déficit público estructural campa por sus respetos y se ha estabilizado por encima del 3% del PIB según la Comisión Europea. No sólo es el mayor de la Eurozona, sino que provoca que el déficit total también lo sea. Triste récord y fea papeleta para el nuevo gobierno en esta materia, con la particularidad, además, de que ahora el entorno será menos favorable por las siguientes razones.

Por un lado, el crecimiento del PIB se va para abajo. Tras tres años creciendo más del 3%, en 2018 nos vamos a quedar ya una o dos décimas por debajo de esa cota. Y en 2019 perderemos unas cuantas décimas más. Porque la falta de reformas estructurales hace que dependamos sobremanera de los factores externos. Y el precio del petróleo, las guerras comerciales, la política monetaria… parecen aliarse ahora en nuestra contra.

Por otro lado, el coste de nuestra deuda sólo puede ir ya para arriba, aunque tiene inercia y lo hará lentamente. El BCE dejará de hacer compras netas a final de año y cabe recordar que ha adquirido en estos últimos años en torno a un cuarto de billón de euros en títulos españoles, más que la financiación nueva que necesitábamos cada año por los déficits. Asimismo, los tipos oficiales empezarán a subir tras el verano de 2019, pero el mercado los moverá antes.

Por tanto, habrá presión en los ingresos por la desaceleración del PIB y también, progresivamente, en los intereses de la deuda. Pero, además, se une a todo esto el relevo en la presidencia del país. Como leí hace unos días, parece que «en lugar de ganar las elecciones para gobernar tenga el objetivo de gobernar para ganar las elecciones», lo que implica, probablemente, mayor gasto público en sanidad, en pensiones o en otros temas con retorno electoral (como, por ejemplo, la liberación del peaje en autopistas).

Pero ni Bruselas va a consentir que profundicemos en la heterodoxia, ni los mercados nos dejarán impunes si comprueban que nuestra trayectoria vira aún más hacia el desequilibrio, ni probablemente tampoco el propio gobierno se lo puede permitir.

Por ello, sin duda, se intentará aumentar los ingresos fiscales, aunque la aritmética parlamentaria lo puede dificultar. En mi opinión, sería oportuno subir –por ejemplo– la imposición sobre el consumo, donde estamos a la cola de la UE, o diseñar una tributación medioambiental que penalizase ciertamente la emisión de gases con efecto invernadero. Pero me temo que, sobre todo, se incidirá en lo que suponga mejor imagen y más positiva repercusión electoral. Quizás se actúe sobre las empresas, poniendo mínimos de tributación o eliminando máximos de cotizaciones laborales. Incluido el bastante absurdo impuesto a los bancos, que resulta imbatible como castigo demagógico contra un «villano de la trama». Y también se querrá «vender» que pagarán más los supuestos «ricos».

Quiero dejar constancia de que yo no estoy en contra de que se busque aumentar la recaudación, sino que, por el contrario, creo que claramente debería hacerse. De hecho, aunque algunos sostienen que España es un infierno fiscal, la realidad es que la ratio ingresos fiscales sobre el PIB nos sitúa en los últimos lugares de Europa. Pero mi opción, lejos de medidas con escaso fundamento y con prejuicios ideológicos, sería una reforma fiscal integral. Con sentido, buscando la opinión de los expertos y el consenso posible, cercenando bonificaciones y vías de elusión, y –sobre todo– con las menores distorsiones posibles para la economía.

Carmelo TajaduraCarmelo Tajadura