Bankia, la «extraña pareja... y uno más»

Habemus nuevo ministro de Economía. El elegido, sí, estaba también en las quinielas. ¡Cómo para no estarlo con la cantidad de nombres que se barajaban en los medios y en los pasillos del Congreso!

María Jesús Pérez
MadridActualizado:

Habemus nuevo ministro de Economía. Ni Miguel Arias Cañete, ni Isabel García Tejerina, ni Íñigo Fernández de Mesa, ni Josep Piqué, ni Fernando Becker, ni Pablo Zalba, ni Rosa Sánchez-Yebra, ni Álvaro Nadal, ni Alberto Nadal, ni Irene Garrido, y ni tan siquiera Cristóbal Montoro haciendo de «superministro» de lo económico-financiero y fiscal... El elegido, sí, estaba también en las quinielas. ¡Cómo para no estarlo con la cantidad de nombres que se barajaban en los medios y en los pasillos del Congreso! Si bien es verdad que en los últimos días sonaba con más fuerza que nunca. El flamante titular de Economía no es otro que Román Escolano, hasta ayer mismo como quien dice vicepresidente del Banco Europeo de Inversiones (cargo que será para la actual secretaria general del Tesoro, Emma Navarro). Un hombre, Escolano –como aseguran en el seno del Ejecutivo– «de Aznar». Un economista, por cierto, muy querido y reconocido como tal desde sus inicios en el PP y que entró en la órbita del Gobierno en 1998. Y lo hacía por la puerta del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, como asesor de Javier Arenas, que le llamó a Bangkok en su etapa en la Embajada de España en Tailandia.

Número uno de la promoción de Técnicos Comerciales y Economistas del Estado en 1989, Escolano carece del típico perfil de un político. Dicen de él que es un tipo muy educado, concilidador, riguroso en extremo y muy técnico, característica propia de un «teco». Y con un currículum que da vértigo. Formación, conocimientos económico-financieros, y experiencia internacional tiene a raudales.

Tras pasar por el Ministerio de Empleo, el nuevo titular de Economía dio el salto a los consejos de administración de tres entes públicos –Correos, Feve e ICEX entre 2000 y 2004–. Con la derrota del Gobierno del PP tras el 11-M –que dio entrada al socialista José Luis Rodríguez Zapatero–, Escolano se quedó, vulgarmente dicho, «colgado de la brocha», como otros tantos allegados al Ejecutivo derrocado. Ahora bien, recaló un par de años después en un buen destino: BBVA, el banco presidido entonces por Francisco González, íntimo amigo del expresidente José María Aznar. Allí, estuvo cinco años (2006 a 2011). Se puso al frente de las relaciones institucionales de la entidad y trabajó codo con codo como asesor del presidente y –¡casualidades de la vida! o ¿causalidades?– con su entonces consejero delegado, José Ignacio Goirigolzarri. Su vuelta a la escena política se produjo tras las elecciones generales de 2011, con la victoria de Mariano Rajoy, que no tardó en «recuperarle» para la causa como presidente del Instituto de Crédito Oficial (ICO) para dar el salto después a la vicepresidencia del BEI.

Sea como fuere, hoy, su futuro está ligado a su pasado. Sin duda. Porque entre sus tareas como nuevo ministro de Economía está, además de pilotar la más que posible salida de España de la disciplina europea del Procedimiento de Déficit Excesivo esta misma primavera, acabar la definitiva privatización de Bankia... ¿y su fusión con otro banco? ¿BBVA?

Nuevo no es. La operación rumoreada durante tantos años –también desmentida por los acontecimientos– se parece más al guión de la película «Novia a la fuga», con Julia Roberts y Richard Gere, sobre una empleada de una ferretería de un pueblo idílico con tendencia a huir en el último momento de sus propias bodas pero que finalmente acaba por aceptar, tal y como se intuye desde el minuto uno, al compañero de viaje que, en apariencia, no es precisamente su pareja ideal.

Realidad o ficción, el caso es que la caja de Pandora la volvía a abrir el propio Goirigolzarri, precisamente coincidiendo en el tiempo con la sensación de orfandad que le producía cuando el propio padrino de la novia –Luis de Guindos–, era propuesto como candidato a la vicepresidencia del BCE. El banquero en declaraciones al Financial Times expuso su punto de vista sobre la situación actual del sistema financiero español al tiempo que defendía a Bankia como una entidad con un plan estratégico sólido y con capacidad para ir por libre. Nada de matrionios de conveniencia. Pero parte de sus declaraciones se interpretaron como que deja la puerta abierta a una fusión con BBVA.

Cierto es que el «casamiento» entre ambos bancos era una de las opciones que barruntaba y que gustaba a De Guindos –y, lo mismo, ahora desde su silla en el BCE... bueno, esa es otra historia– pero fácil de concretar... no es. Económicamente para el comprador «chirría». De hecho, mientras que el Estado –a través del FROB– siga teniendo una participación en la entidad (aún el 60,63%), la vía más lógica para opar al banco sería un pago en efectivo por el total, para que el FROB saliera de una sola vez, pero tendría que hacer una ampliación de capital, por casi el tercio de su valor, una cantidad muy grande para una adquisición. La otra opción, el canje de acciones, supondría meter al FROB en el capital de BBVA. ¿Qué tendríamos, un nuevo banco público? ¿Con Goiri como presidente tras la jubilación de FG? No parece probable que la «extraña pareja» vuelva a reunirse. Pero el nuevo padrino de la novia –Escolano– algo tendrá que decir. ¿O no?

María Jesús PérezMaría Jesús PérezRedactora jefeMaría Jesús Pérez