Novak Djokovic
Novak Djokovic - AFP

Masters 1.000 MiamiDjokovic sigue perdido

El serbio, con tres derrotas en seis partidos en 2018, no encuentra solución a su bajón anímico

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Hubo un Novak Djokovic, no hace mucho, que encadenaba títulos, victorias y gloria sin que se le atisbaran fisuras. Un Djokovic inquebrantable que sumó once títulos en 2015 y siete en 2016, pero que se frenó en 2017 a golpe de lesión. Solo Doha y Eastbourne cuentan en su haber del año pasado. En este curso en el que ya parecía haber encontrado remedio, sigue siendo un espejismo del que fue. Seis partidos, tres derrotas: octavos del Abierto de Australia, y sus estrenos de Indian Wells y Miami. Y sin visos de una pronta recuperación.

«Es imposible en este momento», admitía su derrota física, tenística y mental después de caer ante Benoît Paire en Miami, donde una vez ganó hasta en seis ocasiones. «Lo intento, pero no está funcionando. Eso es todo», redundó. Admitió que ante el francés se sintió sin «gasolina», incapaz de revertir sus errores con los brillos con los que deslumbró durante tanto tiempo. Es en esa mirada hacia atrás en la que el serbio se atasca, consciente de que no volverá a ser aquel, pero con ganas de hallar alguna nueva versión de sí mismo que lo reconforte. «Las circunstancias que he tenido en los dos últimos años han sido muy complicadas, pero no soy el único que ha sufrido lesiones y otros han seguido hacia delante. No quiero sentarme y ponerme a gimotear».

Sin duda, las lesiones han minado su físico y su continuidad competitiva. Con los parones de Rafa Nadal y Roger Federer como ejemplo, Djokovic también decidió acortar su 2017 para mimar su codo. Descansó, cuidó y protegió la articulación que impregna de fuerza y velocidad a su revés y su saque, golpes con los que ha celebrado tantas alegrías. Pero la vuelta no se parece en nada a la de sus oponentes. Una operación, seis encuentros, tres derrotas: Hyeong Chung, Taro Daniel y Benoît Paire.

Más dudas

La herida es más profunda en la confianza que en el brazo. En 2016, su último gran año, logró completar el Grand Slam, por fin Roland Garros. Cumplido el sueño, no hubo más. Se sintió vacío, confesó. Necesitaba tiempo para encontrar otra meta. Sin embargo, y a pesar de levantar el título en Canadá tras triunfar en París, la ambición de Djokovic se fue apagando, y las derrotas se convirtieron en cierta resignación. Probó remedios como cambiar a su entrenador de siempre para sumar a un excampeón como Andre Agassi y a un buen amigo como Radek Stepanek. Confió su estabilidad emocional a «entrenadores mentales». Sabe que tiene tenis para arrasar de nuevo en el circuito. Pero las dudas siguen sin despejarse. «Por supuesto que quiero ser capaz de jugar tan bien como quiero jugar. Solo que es imposible en este momento». Ni siquiera sabe si acudirá a Montecarlo, primer torneo en tierra, y que ganó por última vez en 2015, el año en el que era invencible.