Real Madrid

Ramos no falla de penalti ni cuando le pitan en casa

El capitán disparó la pena máxima a lo Panenka entre silbidos. Suma cuatro tantos desde el punto fatídico de cuatro lanzamientos

Tomás González-Martín
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Va a pecho descubierto en este Real Madrid que sufre ante el gol. Da la cara y eso se paga caro. Genera admiración y envidia a la vez. El público silbó a Ramos en el partido del conjunto blanco ante el Valladolid por cuatro razones: una, por su error en el Camp Nou, que costó el 4-1. Dos, por criticar a Casemiro al decir que la culpa era de todos los jugadores. Tres, por su mala actuación con Reguilón en una entrenamiento, al que quiso dar dos pelotazos, aunque luego pidió perdón. Y cuatro, como epicentro del enfado general al ser el capitán. El orden de los cuatro factores, unos más importantes que otros, no altera el producto final: Ramos, el líder de campo y fuera del campo, fue silbado.

Los silbidos al capitán se argumentan en cuatro razones. Una, por su error en el Camp Nou, que costó el 4-1. Dos, por criticar a Casemiro al decir que la culpa era de todos los jugadores. Tres, por su mala actuación con Reguilón en una entrenamiento, al que quiso dar dos pelotazos, aunque luego pidió perdón. Y cuatro, como epicentro del enfado general al ser el capitán. El orden de los cuatro factores, unos más importantes que otros, no altera el producto: Ramos, el líder de campo y fuera del campo, fue silbado

Impertérrito, el sevillano jugó incluso mejor ante esa presión. Lanzó el penalti frente al Valladolid con más pitos, porque el público pedía que lo tirara Vinicius. Y contestó a la protesta con los bemoles de los que Solari habló en su primera puesta en escena: un lanzamiento a lo Panenka. Fue el 2-0. Si lo llega a fallar lo fusilan como en un 2 de mayo. Y si luego el Valladolid hubiera empatado, habrían pedido su cabeza cortada en el centro del coliseo romano del Bernabéu.

Sergio Ramos acertó y lo celebró con furia, con una ristra de epítetos que dejaron cortas la ristras de ajos de Villarrubia de los Ajos, ahora denominado de los Ojos. Celebró así, ante el Valladolid, su cuarto gol de la temporada con el Real Madrid. Con ese lanzamiento a lo Panenka volvió a demostrar el dominio del capitán desde el punto de penalti. Y el dominio de la presión. Cuando le pitan se pone serio y es cuando mejor juega.

En este curso ha marcado todos los lanzamientos desde los once metros que ha tirado. Tres de ellos han sido en Liga. Marcó uno en el Montilivi de Gerona. Anotó también frente al Leganés y al Valladolid en el Bernabéu. Y consiguió otro gol de penalti, el primero de la temporada, en la Supercopa de Europa frente al Atlético. Que le piten más, porque así rinde más. Le va la marcha.

En el total de su etapa madridista ha marcado ocho goles de penalti de los nueve que ha disparado. Falló uno contra el Sevilla, en el Sánchez Pizjuán, en un partido en el que sí transformó otro. Los otros tres tantos que anotó desde el punto fatídico se los marcó al Leganés en Butarque, al Sevilla también en el Sánchez Pizjuán y al Athletic en el Bernabéu. Que le piten en Chamartín. Así juega bien y no falla. Quizá sea una táctica de Solari.