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MotoGP

Rossi se aferra a la tradición

El italiano, relegado a la parte final de la parrilla en Assen, el cirucito donde ganó por última vez hace dos años

MadridActualizado:

El Gran Premio de Países Bajos es el más longevo del Mundial. Ha modernizado el asfalto, ha mejorado sus sistemas de seguridad, ha modificado ciertas costumbres, pero sigue defendiendo la historia del motociclismo desde 1949 sin interrupción. El cambio más drástico, sin duda, fue variar el día de carreras, pues hasta 2015 era el único en el que se celebraba en sábado para mantener una vieja tradición: el domingo se debía dejar libre el camino para que los habitantes de las localidades cercanas pudieran ir a la iglesia. Assen es, por tanto, un icono para el Mundial. Y Valentino Rossi quiere conjurarse con su tradición para actualizar su contador de victorias.

El italiano ha triunfado diez veces en el circuito neerlandés; ocho de ellas en la categoría reina. La última fue en 2017. Aquel domingo, 25 de junio, fue también la última vez que se vio al piloto de Yamaha en lo más alto del cajón escuchando el himno en su honor. Y son demasiados grandes premios, 35, sin foto de portada. Por eso, Rossi quiere apelar a la tradición, a la suya propia, a la que dice que gana en los años impares, pues suyos fueron los triunfos de 2013, 2015 y 2017. Quiere redondear con 2019.

Busca motivos en su propia ambición, pues son siete títulos de MotoGP, y aunque esté lejos del octavo en este curso, no necesita rendir cuentas ante nadie, salvo ante sí mismo. Encuentra argumentos en los breves destellos que ofreció con la Yamaha en el Gran Premio de Cataluña, en entrenamientos y en carrera. «Llegamos a Holanda después del buen trabajo de Montmeló, donde obtuvimos datos interesantes. Trabajamos bien y fuimos muy rápidos. Me sentí bien en las dos vueltas -antes de la caída provocada por Jorge Lorenzo-. El test en Cataluña fue positivo y las conclusiones que sacamos pueden ayudarnos a tener un buen fin de semana ahora», confesó siempre optimista.

Decimocuarto tiempo

De hecho, puede estarlo si se observa que, sin importar de qué lugar ocupe en la parrilla, siempre está ahí, cerca, acechando el podio. Fue segundo en Argentina y Austin, y dos quintos y un sexto lo definen como un piloto de domingos, pues ha llegado a salir decimoquinto. Hoy tendrá que ser uno de esos días, pues ayer se tuvo que conformar con el decimocuarto puesto, muy lejos del francés Quartararo.

Solo la mala suerte ha oscurecido un tanto estas últimas semanas, pues se cayó en Mugello cuando lideraba la carrera y fue «atropellado» en Montmeló cuando peleaba por los primeros puestos. Assen pretender ser la resurrección definitiva. Con 40 años.

También se conjura en Assen porque fue en el estrecho circuito de Países Bajos donde frenó su otra gran sequía de resultados. Aquella que comenzó en Malasia 2010 y se alargó hasta 2013, vestido de nuevo de azul Yamaha y después de dos años a la deriva en los que intentó domar una Ducati imposible. Si Rossi cumple con su particular tradición, lo celebraría Yamaha por todo lo alto, porque el apagón del italiano no se debe a que no le queden fuerzas o hambre, sino a la falta de competitividad de la M1. Lo sufre Rossi y también Maverick Viñales. En dos cursos, 2017 y 2018, suman cinco triunfos, el último en Australia 2018. Demasiado poco bagaje para una fábrica que ha celebrado siete títulos mundiales de MotoGP desde 2004. Ese 2004 en el que Rossi comenzó su colección de coronas. ¿Quién ganó en Assen ese año?