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Mundial Rusia 2018

El siberiano y su espejo

Golovin, joven promesa, y Dzagoev, estrella de la última década, son el mayor talento de la anfitriona Rusia

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El gran atractivo de la Rusia actual es el joven Aleksandr Golovin, el jugador que a primera vista destaca sobre los demás. Con 22 años, el centrocampista es ya un posible fichaje para la Premier League. Nacido en Siberia, le costó llegar a Moscú. En Kaltan, la ciudad minera en la que nació, no había más que un campo de fútbol y la técnica la perfeccionó en el fútbol sala. Su primer entrenador era un exminero manco.

Le costó al habilidoso Golovin, pero cuando llegó desde la lejana región siberiana lo hizo de un modo fulgurante. En 2015 debutó en el CSKA de Moscú y el mismo año Capello lo llevó a la Selección.

Golovin tiene por ídolo a Zidane y se mueve con soltura por cualquier posición del mediocampo. Defender no es una inclinación natural en él, pero ha contado que se fija especialmente en los movimientos del especialista N’Golo Kanté.

Golovin lideró a Rusia para vencer el Europeo sub 17 de 2013, y fue finalista en el sub 19 que perdió contra España dos años después. En esa España estaban Asensio, Vallejo, Rodrigo, Ceballos o Mayoral.

Asensio y Golovin prolongan en este Mundial el duelo generacional.

Exactamente hace diez años, el sitio de Golovin lo ocupaba Alan Dzagoev. Nacido en la región de Osetia, su familia se mudó pronto a Beslán. Asistía a clase cuando se produjo aquella masacre de 171 niños en la escuela número 1. Él fue recogido por sus padres en la número 4, y quizás por ello fueron especialmente prudentes con él. Era profesional y aun iba en autobús a los entrenamientos por miedo a un accidente.

Contra la España de Asensio

Dzagoev, un jugador de aspecto melancólico y súbitos arranques de carácter, fue la gran promesa rusa junto a Arshavin, pero se quedó en Rusia y entre eso y las lesiones su estrella se apagó. Apareció muy joven con tres asistencias memorables en un CSKA, 5- Spartak, 1 y fue el jugador más joven en debutar con la selección rusa. Lo quiso la Juventus y la Premier, los mismos que ahora suenan en el futuro de Golovin. Fue breve, pero hubo un tiempo en que se habló de él como de una estrella mundial en potencia, otro Belanov por fin -aunque Belanov en realidad fuera ucraniano-.

Estuvo en el Mundial de 2010, destacó goleando en la Eurocopa de 2012, y su rendimiento decayó después. Capello no contó tanto con él en el Mundial de Brasil y en la Eurocopa de 2016 se lesionó.

Pareja en el CSKA

En el CSKA, que juega habitualmente con un sistema parecido de tres centrales, Dzagoev comparte las tareas creativas con Golovin. «El príncipe» de Osetia ha ido retrasando su posición hasta transformarse en un interior más panorámico. Su joven compañero de equipo será el que deba encargarse ahora del cambio de ritmo.

En el CSKA hacen pareja en la media, aunque es posible que Dzagoev parta del banquillo y Golovin se oriente a la banda izquieda. De la calidad de los dos depende el fútbol interior y la creatividad de una Rusia más bien modesta.

Del talentoso Golovin, que tiene en Dzagoev un inevitable espejo, se espera que no caiga arrastrado por el fatalismo del futbolista ruso.