FÚTBOL BASE

Fútbol base: en Cádiz empiezan a eliminar los resultados en categorías infantiles

El Guadiaro y el San Bernardo ya informan sólo de las victorias y derrotas con el 1-x-2 para suprimir los marcadores abultados

CádizActualizado:

Partido entre cadetes. El marcador, un tanto abultado; 0-26. «Equipazo. Vaya paliza. Es que somos de superior categoría». Esta ficción se asemeja en gran parte a la realidad. Porque el fútbol base es así. Nada de 'jueguen, jueguen' o 'el resultado nos da igual'. El deporte para los pequeños se ha convertido en un juego de adultos, donde en demasiadas ocasiones prima la competividad sobre la diversión o la educación.

La pasada semana, el Racing de Ferrol destacaba que en sus redes sociales y en la web oficial del club, de manera privada, informaría de los partidos de la cantera (hasta los 11 años) utilizando sólo el 1-x-2 para señalar las victorias, empates y derrotas. «Los números, para los banqueros, porque al fin y al cabo tampoco importa demasiado».

Esta iniciativa ya se lleva tiempo poniendo en práctica en la provincia de Cádiz. El excadista Juanjo Bezares, en la cantera del Guadiaro, usa el sistema quinielístico para reflejar las actuaciones colectivas de cada jornada. Pionero en esta tierra, comienzan a unirse clubes cercanos como el Manilva o el San Bernardo (de San Roque), que este fin de semana hicieron lo propio en sus respectivos perfiles de Twitter y Facebook.

«Sólo quieren ganar y meter más goles»

¿Una medida acertada, necesaria, o verdaderamente los niños deben fraguar desde pequeños su espíritu competitivo y aprender a superar las adversidades? El debate está ahí. La Federación Andaluza ya tomó algunas medidas, como cerrar el acta cuando la diferencia es de diez goles, pero de ese control se escapan las crónicas de los medios oficiales (y a veces privados) y las aplicaciones que reflejan estos marcadores.

Carlos Mouriz, director deportivo del Racing de Ferrol, entiende que «el resultado no puede ser el objetivo». Más duro es Bezares, que realiza una labor pedagógica desde su posición. «El fútbol base está contaminado por los padres y varios monitores. Y así nos encontramos con clubes que no intentan formar a futbolistas sino hacer selecciones desde que tienen 4 años. Porque sólo quieren ganar, y meter más goles. Y luego nos encontramos con niños de 12 años que a esa edad ya han pasado por seis equipos, rebotados de un lado a otro o luchando por ser estrellas. Esto no puede ser así».

Así se dan casos de progenitores que llaman al redactor para decirle que su hijo ha marcado seis tantos y no cinco, como recoge el medio, o que miran a ver si su niño ya es el pichichi de la categoría.

De Galicia a Cádiz, de Ferrol a Guadiaro, han impuesto esta medida especialmente entre prebenjamines, benjamines y alevines (los gaditanos también tienen a sus 'bebés'). Hasta los once años. «No lo consideramos necesario», apunta el director deportivo del Racing. «Aquí sí nos encontramos con resultados de 25 goles de diferencia. Y tanto si ganas como si pierdes ¿qué nos produce esto?».

¿Una sociedad hiperorotegida?

No faltan quienes creen que privar a los niños de la competitividad es absurdo y propio de una sociedad hiperprotegida como la actual, la de los 'ofendiditos'. Que ya es suficiente la medida de no superar la diferencia de diez goles (ni siquiera se saca de centro, sino de puerta) y que los padres asumen que su niño compiten en el momento que firman en su ficha federada.

Ese espíritu competitivo «se puede desarrollar de distintas maneras, como en que asuma normas relacionadas con el horario, pautas de comportamiento... un niño de cuatro años no puede pensar ya en que sólo vale ganar. Más adelante lo irán aprendiendo, peso esa edad es para disfrutar con los demás», insiste Bezares.

«Yo entiendo que un niño no puede acabar llorando en un sitio donde va a pasarlo bien. Al menos voy a intentar evitarlo», apunta Mouriz. «El niño ya de por sí quiere parecerse a Cristiano o Messi, a Mágico o a Aspas, y copia hasta el peinado y la forma de celebrar los goles. Tienen también su punto de crueldad y hay un proceso evolutivo por el que merecen tiempo».

Son medidas particulares, no verdades absolutas. Incursiones experimentales que abren la puerta de la reflexión. «En algún momento sería bueno pensar que los niños son niños, y qué es lo mejor para ellos, por encima de los padres y los clubes. Me cuesta entender esa presión. Creo que la Federación o el CSD podrían buscar alternativas apoyándose en los expertos mejor lo pueden entender». Educadores, maestros, pedagogos, formadores. Y no sólo presidentes y entrenadores de fútbol.