Jürgen Klopp, durante la rueda de prensa previa al partido de vuelta frente al Barcelona
Jürgen Klopp, durante la rueda de prensa previa al partido de vuelta frente al Barcelona - REUTERS
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Liverpool-BarcelonaLa pelea por los imposibles del mejor Liverpool

El gran año de los de Klopp está cerca de quedarse sin recompensa en forma de título. La Premier está en la mano del Manchester City y hoy, ante el Barcelona, afrontan una remontada que sería milagrosa

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Con la ilusión de quien intuye que el trozo de pastel que le va a caer es de los buenos, el Liverpool llegaba a este tramo final de temporada cargado de razones para soñar en poner fin a una hambruna de grandes trofeos que se prolonga desde 2005. Por el camino se llevó a la boca una FA Cup en el año 2006 y una Copa de la Liga en 2012, picoteo para un club gigante que tiene, precisamente, en aquella final de Estambul de hace 14 años su mayor motivo para la esperanza de cara al envite de esta noche ante el Barcelona, una empresa cuya dificultad colinda con lo homérico y que podría dejar una de las mejores temporadas que se recuerdan en la ciudad de los Beatles en ese agua de borrajas que es una vitrina vacía.

No había en 2005 enfrente un monstruo tan temible como Messi. Sí un Milan histórico, el comandado por Ancelotti que conjugaba figuras de la talla de Cafú, Maldini, Pirlo, Kaká, Shevchenko o Crespo. La historia ya la sabe cualquiera con edad para conducir o beber: los «rossoneri» se adelantaron en el primer minuto y, 44 después, el resultado era de 3 a 0. Han corrido ríos de tinta sobre lo que Benítez pudo decir en ese vestuario, y a buen seguro que Klopp se habrá imaginado qué pudo resonar entre aquellas cuatro paredes, porque una hora después, la noche se alargaba hasta una prórroga. Gerrard, Smicer y Xabi Alonso habían obrado un impensable en seis minutos. Quizás sea ese todo el tiempo que un sueño tarda en desvanecerse como lo que es.

Este Liverpool tendrá por delante 90, margen suficiente para creer, abrazar el desengaño y volver a engancharse a la fe irresponsable con un gol que encienda el recuerdo del Olímpico de Atatürk. Al fondo de los pensamientos de la hinchada de Anfield se apostará un temor, el que alimenta la posibilidad de no encontrar recompensa en forma de copa a la temporada en la que mejor fútbol han visto practicar a sus futbolistas en la época Premier. Hasta ese punto ha llegado el influjo de Klopp, un cuerpo extraño de los banquillos, capaz de congregar a sus pupilos en torno a una idea con el empeño que depositarían en defender a su padre. También de salir a atender a los medios con una sonrisa de oreja a oreja después de encajar un 3-0 en la ida de las semifinales de una Champions que le dejó con la miel en los labios hace 12 meses en Kiev.

«La situación no es la que queríamos tener, pero intentaremos ganar. ¿Cómo lo enfocamos? Trataremos de ganar el partido. Si en un momento dado, tenemos la oportunidad de pasar a la siguiente ronda intentaremos hacerlo. Ha sido una temporada larga y hay una pequeña posibilidad de hacerla más larga. Nos quedan dos partidos en casa, en una temporada increíble, y deberíamos celebrarlo con una buena actuación en el campo y un buen ambiente en las gradas», resumió Klopp en la previa del encuentro.

La Premier, un disparate

Pocos reflejos más fidedignos tiene la situación a la que en este final de campaña se enfrentan los «reds» que el brete en el que se encuentran los en la Premier League. Con 94 puntos, a falta de una jornada y con sólo una derrota en todo el curso, cabe –y con holgura– la posibilidad de que a Liverpool no llegue más que un subcampeonato indigerible. La culpa será del Manchester City y de Guardiola, empeñado en hacer de las competiciones por las ligas un disparate inabordable.

Sin papeletas en ninguna de las dos Copas, territorio conquistado también por el City, al Liverpool le sobreviene el recuerdo de aquella infausta lesión de Salah cuando la final ante el Real Madrid aún estaba caliente. Tampoco estará el egipcio en el duelo de vuelta ante el Barcelona, fuera de combate por culpa del traumatismo craneal que sufrió el pasado sábado ante el Newcastle. Firmino, el afilador de los dos estiletes de Klopp, Mané y el malogrado Salah, no podrá ayudar a la remontada. Más de lo mismo para Keita, lesionado por Rakitic en la ida.

La empresa, visto lo visto y por más que se hagan esfuerzos por ver la luz, es poco menos que una quimera. La bandera del optimismo la sostienen recuerdos, como el 3-1 que la Roma levantó ante el Barça en los cuartos de final del año pasado, o las nueve tardes en que The Kop cantó cuatro o más goles esta temporada. Klopp, esta vez sí, contará con el contrastado asistente en que, a sus 20 años, ha devenido Alexander-Arnold, arma oculta de este Liverpool desde el lateral junto a su homólogo Robertson, once asistencias cada uno en esta Premier, más que ninguno en Anfield. Sturridge y Shaqiri parten con ventaja para ocupar las plazas de la delantera en una noche en que, ya lo dijo Klopp, «pueden convertirse en héroes».