Thomas Tuchel, durante el partido de Champions League frente al Manchester United
Thomas Tuchel, durante el partido de Champions League frente al Manchester United - EFE

La guardería de Thomas Tuchel

El técnico alemán cogió a un equipo anárquico al que ha dotado de orden en apenas medio año

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Thomas Tuchel (Krumbach, 1973) entró al vestuario del PSG como quien lo hace en una guardería. Allí todo estaba esparcido, una conjunción de juguetes sin el orden necesario para que hubiera concierto, en la que además había que tener cuidado de no pisar a ninguno de los niños mimados. Media temporada después, las cosas son bien distintas en el Parque de los Príncipes. El martes pasado, en el campo de un Manchester United que encadenaba diez victorias y un empate en sus últimos once partidos, el conjunto parisino rindió como lleva tiempo esperándose que lo haga (0-2). Nada demasiado impactante de no ser porque Neymar y Cavani, dos de las tres joyas de la corona de Nasser Al-Khelaïfi, vieron el partido vestidos de calle.

Es la consecuencia que se desprende de un carácter genuinamente alemán, como él mismo se describe. El perfil del técnico se entiende a partir de la primera anécdota con la que espesó la bruma en torno a su figura. No habían pasado 24 horas desde su presentación con el PSG cuando ordenó una reestructuración de la ciudad deportiva de Camp des Loges, más valiosa que el presupuesto del grueso de los conjuntos de la Ligue 1. Apenas la sala de pesas y el vestuario mantuvieron su aspecto original.

Con una disciplina estajanovista de trabajo en la que los detalles nunca son dejados al azar, Tuchel goza de vitola de estratega de referencia en Alemania, un país que modificó el peso de la táctica en el fútbol desde que Löw y Guardiola trabajasen por ello en la selección y el Bayern de Múnich. Si en el Borussia Dortmund creó un equipo donde las variaciones en el esquema eran vistas en cada partido, poco ha variado el asunto en París. Más aún cuando inició el curso con tres centrocampistas puros en la plantilla: Verratti, Rabiot y Lass Diarra. Menguó la nómina desde que apartó al joven francés, mientras que el veterano Diarra anda a cara de perro con las lesiones. De esta guisa, ha sido una constante ver como mediocentro a futbolistas con perfiles tan variopintos como Alves, Draxler, Di María o Marquinhos, confirmado el último como acompañante de Verratti tras ser uno de los destacados en Old Trafford, a la espera de que se pronuncie Paredes, por el que acaban de pagar 40 millones al Zenit.

Aun sin el eje gravitatorio de Neymar, Manchester fue testigo del pelaje competitivo de este revalorizado PSG, un equipo tan capaz de poner a remojo la pelota como de entregarse al desenfreno cuando quita las cadenas a Mbappé. Donde fracasaron Ancelotti, Blanc o Emery, Tuchel ha sabido imponer un orden que huele a candidato a lo que se proponga.

Economista y camarero

Graduado en Económicas mientras trabajaba de camarero, el técnico gozaba de una plácida carrera como defensor en Alemania, donde nunca se desempeñó más allá de la segunda división. Una lesión de rodilla le obligó a retirarse. Su debut en el profesional en los banquillos se produjo con el recién ascendido Mainz, al que plantó en Europa en dos años. Entre 2015 y 2017 estuvo en el BVB y, tras un año sabático, aceptó el reto en Francia.

Las nuevas corrientes científicas interesan sobremanera al alemán. Es vegetariano y un firme creyente de los postulados que atribuyen a la alimentación un papel nuclear en el funcionamiento del organismo humano. Así lo ha hecho notar en la cocina: le puso la cruz al gluten y las bebidas energéticas nada más llegar a París. A diferencia de lo que hace consigo mismo, permite a sus jugadores el consumo moderado de carne. A Alves, uno de los que ha entendido su idea a la primera, le cambió la nevera de arriba a abajo para alargar al máximo su carrera. Cuentan los diarios parisinos que incluso vigila lo que sus discípulos consumen cuando coinciden con ellos en un restaurante.