Nebel Acosta Pérez, en la grada del Silvestre Carrillo
Nebel Acosta Pérez, en la grada del Silvestre Carrillo - José Ayut
Tercera división

La «Cueva de Pepe», la historia de un hincha del Mensajero que cautiva al fútbol modesto

Una veterana socia del conjunto canario emociona en cada partido a jugadores y aficionados

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El Silvestre Carrillo, en La Palma, es uno de los estadios que más impresiona en el fútbol modesto y no solo por la vista que ofrece de la isla más verde de Canarias. También cautiva por la historia de fidelidad al Club Deportivo Mensajero que, temporada tras temporada, alimenta Nebel Acosta Peréz, una socia que los domingos emociona a jugadores y aficionados. Cada quince días, como un ritual, se desplaza para animar desde la grada que ocupa hace décadas y que ella, en su juventud, ayudó a construir junto a su marido, José León Pérez Rodríguez. Al sentarse, levanta siempre la cabeza y por instinto dirige la primera mirada hacia una pequeña cueva que vigila el campo desde la montaña que le rodea. Desde las rocas, su marido, fallecido en 2014, presenció durante años los encuentros del «Mensa». Allí, a varios metros de altura y visible desde todo el estadio, luce ahora un cartel que recuerda que ese maravilloso palco continúa siendo la «Cueva de Pepe», un hincha que dejó su huella en un club familiar. (Los estadios con mejores vistas).

«Siempre le gustó el fútbol. Con 21 años, se casó con mi padre y años después emigraron a Venezuela. De vuelta, en 1974, se volcaron de lleno con el CD Mensajero, por el que sentían pasión», explica a este periódico Miguel Ángel Pérez, uno de los cinco hijos de Nebel. El campo está construido sobre el terreno que ocupaban unas antiguas huertas cedidas por Silvestre Carrillo, fiel aficionado que forma parte de la historia del Mensajero. El estadio luce ahora su nombre como reconocimiento a aquel gesto. «Junto a otros seguidores y de forma desinteresada, mis padres acudían allí cada fin de semana para ayudar a hacer las gradas e ir mejorando la instalación. Unos regalaban bolsas de cemento, otros cedían herramientas, mi padre llevaba su camión para transportar la carga. Todos le conocían como Pepe el camionero». Gracias al esfuerzo del matrimonio y de otros socios, este club de Tercera división dispone de un coqueto estadio que en 2007 fue reformado por última vez y que ahora llama la atención a los visitantes. Unas semanas antes de la muerte de José León Pérez, el conjunto canario rindió homenaje a aquellos «héroes» que consiguieron sacar adelante, a base de esfuerzo y sudor, una entidad que no se olvida de ellos.

La Cueva de Pepe
La Cueva de Pepe- M. A. Pérez

En los partidos del Mensajero, Nebel, con 74 años y la ilusión de una adolescente, preside la grada que comenzó a levantar junto a su marido y en la que él nunca llegó a sentarse porque decidió que una cueva fuera su tribuna. «Detrás de la portería que está orientada al este, mi madre vive los partidos como un pequeño ritual. Siempre se sitúa en el mismo lugar aunque la grada haya crecido y cambiado con los años. A mi padre, sin embargo, le gustaba ver los partidos allí arriba para que nadie le molestara», recuerda Miguel Ángel. «Su muerte fue un golpe duro, muy duro, pero ella sentía la necesidad de seguir acudiendo al campo para agradecer a los jugadores, al club y a todos los mensajeristas lo bien que se portaron con ella en un momento tan difícil». El detalle que tuvo un grupo de aficionados al poner un cartel bautizando con el nombre de Pepe esa cueva que vigila el Silvestre Carrillo le llegó al alma. Cuatro años después de ser colocado, allí sigue en pie. Un testigo mudo de cada partido que no pasa desapercibido para los rivales que visitan este curioso campo por primera vez.

Siempre una hora antes

Con la misma ilusión del día que lo descubrió, el cartel que cuida ahora la cueva es lo primero que Nebel mira al llegar a un estadio al que acude una hora antes. Mientras espera el inicio, entona las canciones de la Peña de La Bocana, la más animosa del club. «Subiendo por el barranco, por el barranco de los Dolores, se encuentra un campo de fútbol que es de un equipo de los mejores», es el cántico favorito de esta animosa aficionada que nunca cae en el pesimismo. Un «¡Venga, Mensa!», le sale del alma cuando el público está en silencio por un mal resultado. Un grito de cariño a su club y de recuerdo eterno a su marido.

Nebel Acosta junto a su marido en las puertas del Silvestre Carrillo
Nebel Acosta junto a su marido en las puertas del Silvestre Carrillo - M. A. Pérez