Benedetto pelea un balón con Gago en el entrenamiento de ayer en Las Rozas - AFP

Copa LibertadoresFútbol entre tambores de guerra

En un ambiente de calma y con la voluntad de aprovechar la ayuda de España para olvidar lo ocurrido, River y Boca ya se entrenan en Madrid

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Una marabunta de más de 160 periodistas, con sus 50 y pico cámaras de televisión, se revolvía ayer bajo las banderas de Boca Juniors y la Conmebol que estos días destacan entre las que habitualmente dominan la escena de la Ciudad del Fútbol de Las Rozas. Entre los acreditados se escucharon comentarios que reflejaban la sorpresa por la dureza con la que los defensores se estaban empleando en el partidillo que cerraba el entrenamiento, quizá como si lo que esperasen haber ido a ver fuera la preparación para un tratado de paz que cauterizase la denostada imagen de Argentina y no la final más importante de la historia del club.

Con manga y pantalón largos se desempeñó Carlos Tévez, líder, con permiso del maltrecho Fernando Gago, del vestuario de Boca. Formó en el once de teóricos suplentes y dominó el ritmo del ensayo. Madurado en un West Ham al que llegó sin hablar una palabra de inglés, estrella en Manchester United, City o Juventus, la pelota y sus compañeros se acompasan a su antojo. El club, en suma, firma las palabras que el ‘Apache’ verbaliza. Ayer no dejó pasar la ocasión de poner las cosas en su sitio: «Yo pensé que era un burro en historia, pero me ganaron», dijo refiriéndose a la decisión de traer la final de la Libertadores -con todo lo que la denominación del torneo implica- a España de la Conmebol. Al máximo oroganismo del fútbol sudamericano lo retrató como «tres locos detrás de un escritorio que no entienden nada».

Preguntado por si el hecho de afrontar el partido decisivo de la Copa lejos del Monumental podría suponer una ventaja para el cuadro xeneize, Tévez se mostró taxativo: «A los jugadores de Boca nos sacaron la ilusión de poder darle la vuelta en la cancha de River». Agradeció, no obstante, la posibilidad que se les ha brindado desde España importando semejante «quilombo», y aprovechó también para poner un ojo en el motivo de que 10.000 kilómetros los separen de sus casas: la violencia. «Es importante el ejemplo que da España para esas cosas con mano dura. Nosotros también la necesitamos y es importante que España dé el ejemplo y nosotros lo tomemos», valoró Tévez.

Lo normal es que sea suplente el domingo y tenga minutos a última hora, buscando agitar y aprovechar su dominio técnico sobre el grueso de los contendientes en el Bernabéu, uno de los cinco jugadores de la final que saben lo que supone jugar en el coliseo blanco. Guardará un recuerdo dulcísimo, pues formaba parte de la Juventus que eliminó por última vez, en 2015, al Real Madrid de la Champions. Ponzio, Pérez, Lux y Gago completan la nómina. Contra lo que su rendimiento en España pudiera aventurar, este último ponderó su etapa en el Madrid como «muy buena». Pese a todo lo que dice que disfrutó en la capital española, el mediocentro, testimonial ya en el equipo después de ser castigado con dureza por las lesiones, hubiera preferido no tener que cruzar el Atlántico.

Limpiar Argentina

River, que aterrizó a las seis de la mañana del jueves, alargó su jornada y saltó a desperezarse en Valdebebas a las seis de la tarde. Tras el entrenamiento, el único, al igual que sucede con Boca, al que los medios de comunicación podían acceder, compareció Javier Pinola Atento y dispuesto ante el aluvión de preguntas en busca de un chispazo que prendiera la mecha del conflicto, el veterano central de River requirió atención para la pelota: «Lo que pasó lo vio todo el mundo y es algo que no tiene que pertenecer al fútbol. Hay que centrarse en lo que hay que hacer, no pensar en lo que pasó o podía haber pasado porque son todo suposiciones». «La imagen de Argentina está manchada desde hace mucho tiempo. Esa imagen no la limpiamos con lo que pueda pasar el domingo. Hay cosas más profundas como para poder limpiar la imagen de nuestro país, que es hermoso y no estamos aprovechando», zanjó. Jonatan Maidana, su pareja habitual en la zaga, se quitó de encima la responsabilidad que sobre River cargaron figuras como el propio Tévez, que dijo que ningún jugador los había llamado para intersarse por su estado: «Estamos tranquilos por cómo actuamos. En todo momento estuvimos pendientes. No hay que sumar más polémica y jugar». Pablo Pérez, capitán de Boca, desvelaría días después que Scocco y Casco se habían preocupado por él.

La grieta en el discurso unánime contra la violencia que ayer difundieron ambos equipos tuvo notas discordantes. Pinola, que con segundos de diferencia había dejado una de las reflexiones más aplaudidas de la jornada, lanzó un capote a Los Borrachos del Tablón: «No por defender a nadie, pero siempre le cae a los barras». Darío Benedetto, habitual en la grada de La Doce antes de fichar por Boca, hizo lo propio con el elemento nuclear de los radicales xeneizes, Rafael Di Zeo: «Bienvenido sea, es un líder histórico de la barra». Paradójicamente, Benedetto comentó que sería «otra vergüenza más» que los reciban en otro país y se comporten «tan mal como en el suyo».