Ignacio Ruiz Quintano

La alfalfa del fútbol

Ignacio Ruiz Quintano
Actualizado:

La propaganda es la alfalfa del fútbol, una industria que vive de la masa, por la masa y para la masa, si le aplicamos la célebre tontería que Lincoln dijo de la democracia. La Historia, que debe de ser tirando a tonta, recoge el caso del novio de Eva Braun, al que no dejaron ser pintor, y entonces él decidió hacerse experto en propaganda: su primera lección fue que «toda acción de propaganda tiene que ser necesariamente popular y adaptar su nivel intelectual a la capacidad receptiva del más limitado de aquellos a los cuales está destinada»:

-La capacidad de la gran masa es sumamente limitada y no menos pequeña su facultad de comprensión; en cambio, es enorme su falta de memoria.

La memoria de pez de la masa es la clave del éxito de la propaganda.

-Si alguna vez me fusilan, que dispare Benzema -tuiteó un espíritu airoso tras el partido de París.

La eliminatoria Real Madrid-PSG ha sido un modelo de propagandismo (¡toda la alfalfa del fútbol en el asador!) digno de estudio.

En agosto se empezó a ver que este año los jugadores del Madrid se reservaban para la Liga de Campeones (nombre evidentemente propagandístico, pues la juegan el campeón y tres más) y el Mundial de Rusia (¡mucho hacker en Rusia!). Benzema es un jugador del Madrid (su delantero centro, nada menos), y juega como amuleto de Cristiano, que mete sus goles y los de Benzema: por eso, si nos tienen que fusilar, que lo haga Benzema. Cuando del bombo europeo salió la bola del PSG, todos pensamos en la flor de Zidane, que habla francés, y en los goles de Cristiano, que tendría a Benzema de intérprete (¡los futbolistas hablan en el campo!) en París. Y estalló la propaganda: el PSG era Brasil 70, y Unai Émery, Mário Zagalo, con Mbappé de Jairzinho y Neymar de Pelé. Era como cuando Aznar vendía que Iraq ponía en el campo de batalla el tercer ejército del mundo. Pero, como luego se vio, el rey (el rey moro, en el caso del PSG) iba desnudo.

-Vine a ver a un PSG con el cuchillo entre los dientes y al final vimos al Real Madrid con un puro en la boca -lo resumió Sacchi.

Y quienes nos habían contado que el PSG de Émery era el Brasil de Zagalo y se encontraron con que, ausente Neymar, no pasaba de ser el Baracaldo de Eusebio Ríos, salieron del brete con el mantra de «la revelación de Zidane», un mero «alineador» que en París «se reveló» como un genio táctico porque sacó a Lucas, la galerna de Curtis, y a Kovacic, el morrosko de Linz, en los puestos de los lesionados Kroos y Modric, el pequeño saltamontes que trajo Mourinho para fastidiar a dos nacionales como Cazorla y Michu.

Mientras llega la fase decisiva de las competiciones, la propaganda es lo más divertido del fútbol. El periódico que nos amenizó la adolescencia con las estampas de Hebrero San Martín nos dijo el jueves que el 8 de marzo «es una fecha infamante para nosotros, los hombres»:

-Conmemora una manifestación de mujeres neoyorquinas en tal fecha, en el lejano 1857, por las miserables condiciones en que trabajaban.

Da igual que el 8 de Marzo sea un invento comunista de Alexandra Kollontai y Clara Ztekin para movilizar a las mujeres con el recuerdo de las que en San Petersburgo pedían en 1917 la vuelta de los soldados rusos, porque de lo que se trata es de colocar el mensaje más pipero («Ahí seguimos, no nos engañemos; a los machos nos educaron en un modelo que ya nos viene bien: que tu hermana haga las camas, no entres en la cocina que es de mariquitas”) para denunciar la brecha salarial entre machos alfa que supone que, durante el Mundial, Mourinho cobre al día en una TV rusa (¡la colusión rusa!) más que Messi en el Barcelona: dos millones de euros por cuatro días… ¡de comentarista!

-Me gusta saber -editorializa el sucesor de don Hebrero- que en la lenta y firme marcha hacia la igualdad, que los machos de hoy contemplamos con displicencia desganada, el deporte es un gran elemento.

Anda, Benzema, dispáranos, y que sea lo que Dios quiera.

Ignacio Ruiz-QuintanoIgnacio Ruiz-QuintanoArticulista de OpiniónIgnacio Ruiz-Quintano