Sebastian Vettel sale del garaje en el circuito de Monza
Sebastian Vettel sale del garaje en el circuito de Monza - EFE

Fórmula 1 | GP de ItaliaFerrari se estanca

El fichaje de Vettel no ha resuelto las carencias del «Cavallino». Ninguna victoria en 2016, menos puntos que en 2015, malas caras y diez años sin ganar el título

Actualizado:

Llega el Gran Premio de Italia y los titulares de la prensa no varían respecto a los veranos anteriores. «De la victoria a la crisis», «Ferrari espera al verdadero Vettel», «Arrivabene, en riesgo»... En realidad, la opresión y el apremio se han convertido en costumbre para la escudería más legendaria de la Fórmula 1. Ferrari convive con el agobio y las urgencias históricas desde hace tiempo. Lo hace sin resultados, sin victorias que alimenten el ego de un emporio que trasciende a la F1. Ferrari es algo más que un equipo. Los expertos en marketing, que abundan en la F1, aseguran que la multinacional ingresa más por el «merchandaising» que por la venta de coches de lujo. Relojes, colonias, tabletas, toallas, llaveros, cazadoras, bicicletas, gafas de sol... Pero Ferrari se ha estancado. No alcanza al poder de Mercedes. Los datos no mienten. El fichaje de Vettel no ha resuelto las carencias del «cavallino rampante» frente al gigante de Hamilton y Rosberg, el equipo tiene menos puntos que en 2015, no ha alzado ningún triunfo durante 2016 y, en una perspectiva general, la estadística dice que lleva diez años sin ganar el campeonato mundial.

Se marchó Fernando Alonso después de cinco cursos sin títulos y llegó Sebastian Vettel con la púrpura deslumbrante de sus cuatro diplomas conquistados gracias al fabuloso Red Bull diseñado por Adrian Newey. El tetracampeón alemán se atribuyó la misión de reflotar Ferrari, de restaurar su grandeza. Vettel se vio gigante y consideró que podía con todo, con la memoria de un coche rojo que representa la historia de Italia. Ganó tres carreras el año pasado (Malasia, Hungría y Singapur), lentos los dos últimos circuitos donde no avasalló el motor de Mercedes. Y en Ferrari creían haber encontrado al mirlo blanco, al nuevo Schumacher. Pero llegó 2016 y decretó el fin de la abundancia. Cinco podios y ningún éxito. Y la prensa pregunta, presiona, atosiga

«Un día es el coche, otro es el piloto -se lee en el periódico La Stampa-. La crisis de Ferrari no tiene una única explicación: es una mezcla de errores y mala fortuna, de ocasiones perdidas y muchas otras desfavorables...». En Italia hablan de crisis porque Vettel y Raikkonen marchan cuarto y quinto en la clasificación del Mundial y no han cumplido con los objetivos que marcó el CEO de la compañía, Sergio Marchionne, el que sustituyó a Luca de Montezemolo, eterno aspirante a presidente del país. «Tenemos que ganar desde la primera carrera, Australia».

Mandan los resultados

Las exigencias de la escudería número 1 han volcado hacia la decepción. «El que no dé resultados, debe irse. Incluso yo», proclamó Marchionne. Un aviso a navegantes que apunta a Maurizio Arrivabene, el jefe del equipo cuyo contrato acaba el próximo año en correspondencia al final del patrocinio de Marlboro (70 millones anuales).

Entre tanta tensión, un drama personal ha socavado la confianza en Ferrari. James Allison, el jefe de diseño del coche, abandonó el equipo al no poder superar la pena que le produjo la muerte del su esposa, Rebecca. Allison se despidió con una emocionante carta en la que su pareja le recomendaba: «¿Por qué no paras y te dedicas a algo menos estresante?».

Sebastian Vettel ya no suelta frases en italiano en busca de la gratificación fraternal de los tiffosi, sino que se marcha enojado y malencarado de los circuitos antes de que acaben las carreras (Bahréin), se enfrasca en peleas públicas (con Kvyat en China) o replica con malos modos a los periodistas que le critican.