Ciclismo

¿Por qué se marcha el mejor patrocinador del ciclismo?

Sky dejará de aportar los 35 millones al equipo número uno del mundo que ha monopolizado el Tour

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El ciclismo se quedará dentro de un año sin el mecenas más abrumador, el que ha transformado la aventura genética del Tour en un insulso desfile veraniego. En diciembre de 2019, Sky cerrará su patrocinio en el equipo ciclista más popular y dominante de esta década. Nació con la esperanza de conquistar al menos un Tour con un ciclista inglés y su plan ha superado todas las expectativas: desde 2012 ha vencido en seis ocasiones (una con Wiggins, cuatro conFroome y la última con Thomas, los tres británicos) en una secuencia demoledora para la competencia. Sky se marcha y deja a su alma mater, Dave Brailsford, sin los 35 millones anuales con los que apabullaba al resto del pelotón. La venta del 39 por ciento de Sky TV al grupo americano Comcast por 13.000 millones ha acabado con la escuadra ciclista. La nueva dirección, al frente de la compañía desde septiembre, ha clausurado el patrocinio que inauguró en 2010 James Murdoch, el hijo del magnate australiano del negocio de la comunicación.

Un recorte empresarial fulmina al equipo que ha simbolizado la abundancia en los últimos tiempos. Lo mismo que sucedió en otras épocas con US Postal, Banesto, Mapei, Festina, Café de Colombia, Carrera, Renault o, más antiguo, el Ti Raleigh, obligados a cerrar por designios del mercado.

Igual que estos antecesores, el Sky nació para marcar época. Desde el primer día, febrero de 2010 en el Tour Down Under australiano, el Sky no se limitó a articular una estructura ciclista. Dave Brailsford alzó un imperio. «Queremos hacer héroes, persuadir a una generación para que lleve los colores del Sky y anime al público a montar en bicicleta».

Había aterrizado como una iluminación en un escenario conocido y caótico, abrasado el ciclismo por los escándalos de dopaje. Además de la pesada carga de la imagen, heredó los avances que propagó el hoy apestado Lance Armstrong, quien implantó una rotación geopolítica. El ciclismo dejó de hablar en su lengua materna, el francés (por el Tour), y se pasó al inglés. Llegaron patrocinadores, multinacionales de la bicicleta y un marketing ideado en los países anglófonos. El Sky se movió a sus anchas en ese escenario gracias a la aportación extraordinaria de su mecenas, una cifra que ha rondado los 35 millones en los últimos años, el doble o el triple que sus competidores en el pelotón.

Brailsford, como Armstrong, fichaba a los corredores que podían ser sus enemigos. Un abismo entre su patrimonio y el de los demás, obligados a presenciar uno año detrás de otro (salvo en 2014, Froome se cayó) las exhibiciones de los británicos. Seis Tours, un Giro, una Vuelta, 52 etapas en estas pruebas y otras, más 25 carreras de un día dan forma a un palmarés excelso.

Sky no ha evitado los zarpazos del dopaje (el paquete sospechoso de Wiggins, el salbutamol alto de Froome, el exceso de autorizaciones terapéuticas), aunque esto no ha sido su rasgo de identidad. El equipo pilotó otra faceta. Las ganancias marginales, pequeños detalles de funcionamiento metódico. Nutricionistas, psicólogos, cocineros, fisiólogos... Expertos en biomecánica, aerodinámica... Acuerdos de colaboración con la escudería McLaren de Fórmula 1 para manejar sus avances tecnológicos... Material de primera calidad, la innovación de los potenciómetros y cientos de signos más.

Los ciclistas, concentrados en Mallorca en preparación invernal, conocieron la noticia el martes por la noche. Brailsford se obliga ahora, como tantos otros mánagers a lo largo de la historia, a encontrar una multinacional que absorba el organigrama y las fichas de los mejores ciclistas del mundo. Chris Froome, Geraint Thomas, renovado hasta 2021, un futuro ganador del Tour –el colombiano Egan Bernal, hasta 2023–, su compatriota Iván Sosa...