Álex, Perea e Iza celebran el primer gol en el Tartiere.
Álex, Perea e Iza celebran el primer gol en el Tartiere.
Cádiz CF

Todo un presagio

'Los tres puntos conseguidos este domingo han de constituir toda una iluminada profecía'
Por  17:46 h.

Tras sucesivos asaltos fallidos en los años precedentes, las huestes amarillas por fin conquistaban la difícil plaza asturiana del Carlos Tartiere. Reconfortante victoria, que venía a paliar las heridas aún no cerradas que provocaron los recientes duelos ante los ovetenses, de tan infausta memoria para el cadismo.

Territorio hostil el Principado, donde siempre se nos recibe con inaudita e infundada beligerancia en Gijón y donde padecíamos un enojoso choteo por los reiterados fracasos ante el Oviedo. Inmaculada expedición, allende los Picos de Europa, que se abrochaba con la feliz superación de la eliminatoria copera ante el animoso e invicto Lealtad. Si el último triunfo en feudo carballón se remontaba a la lejana temporada del 77, gloriosa campaña que culminaría con el primer ascenso del Cádiz CF a Primera División, los tres puntos conseguidos este domingo han de constituir todo un presagio, una iluminada profecía de gestas grandiosas, próximas a conseguir. Y aunque la experiencia dicta que en esto del fútbol se ha de ser precavido y que nunca ha de precipitarse el vuelo de las campanas, las sólidas sensaciones que transmite el equipo y su continuado liderazgo en la clasificación han henchido de esperanza a una afición, que apenas pude ya disimularla.

A pesar de las múltiples bajas con las que se han debido afrontar los duelos precedentes, el bloque no ha visto menoscabado su habitual nivel competitivo ni el concurso de jugadores menos habituales en la titularidad ha desentonado un ápice al de sus compañeros. Lo que habla muy bien del carácter compensado que este año posee la plantilla y la entendible confianza depositada en cada uno de sus elementos. Si bien es cierto que el funcionamiento del conjunto se sustenta en una columna vertebral, en un armazón perfectamente equilibrado sobre la base de una pareja de centrales siempre solventes, en el inconmensurable trabajo de Garrido en el centro del campo y en la versatilidad inagotable de un Álex Fernández que, Dios lo guarde de lesiones, marca la diferencia en todos los partidos que disputa. Un presagio muy fundado se empieza a percibir.