Iván Alejo, durante el encuentro en Gijón.
Iván Alejo, durante el encuentro en Gijón.
CÁDIZ CF

Ese punto de fortuna

'La realidad dicta que la holgada distancia respecto a los perseguidores se ha esfumado por completo'
Por  17:44 h.

Enredada en festividades, entregada a una especie de dicotomía emocional entre el deleite de las coplas y la tensión que genera el fútbol, entre un canal que ofrecía fiesta y un canal que invitaba al sufrimiento, la afición quedaba estupefacta ante la nueva derrota de su equipo.

Una hinchada que parece haberse instalado en un inquietante, desconcertante estado, como deambulando por el equidistante punto entre la decepción, la incredulidad y la incertidumbre. Escarmentada por lo sucedido en campañas precedentes pero esperanzada, a la vez, de que este año el éxito no se puede escapar.

Pero, por primera vez en la temporada, con las derrotas sufridas ante Málaga y Sporting, los amarillos han encadenado dos partidos sin sumar, lo que, además del evidente menoscabo clasificatorio, viene a acentuar unas dudas nada aconsejables a estas alturas decisivas del campeonato.

Duelos cerrados, de poco fútbol, de escasas llegadas a las áreas, en los que casi siempre resultábamos vencedores pero que ahora se nos atragantan. Tanto el de Carranza como el de El Molinón son encuentros que hemos visto muchas veces, con la única diferencia que antes sorprendíamos al rival en alguna jugada y nos llevábamos la victoria y ya es el contrario el que nos sorprende.

Al margen de otras muchas cosas, es ese punto de fortuna, tan necesaria en este deporte, el que ha cambiado de signo. El remate al poste de Álvaro Jiménez en Gijón o el penalti no señalado a Nano Mesa frente al Málaga constituyeron momentos cruciales que hubieran cambiado a favor los resultados. Sea como fuere, la realidad dicta que la holgada distancia respecto a los perseguidores, que durante tantas jornadas disfrutamos, se ha esfumado por completo.

Todos éramos conscientes que, tarde o temprano, la diferencia de puntos se angostaría. Lo que no esperábamos es que esto sucediera con este sorprendente carácter raudo y con esta saña tan drástica y radical. Un estado de cierto nerviosismo y frustración del que no deben participar los jugadores, cuyos rostros desencajados y puntuales actitudes fuera de lugar ya advertimos en la fatídica noche del viernes.